África enfrenta crisis sanitaria sin precedentes: brotes epidémicos y recorte de ayuda internacional
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África enfrenta crisis sanitaria sin precedentes: brotes epidémicos y recorte de ayuda internacional

El continente africano se encuentra en una situación crítica debido a múltiples brotes epidémicos, incluidos el virus de Marburgo en Etiopía y la peor ola de cólera en 25 años, mientras enfrenta una drástica reducción de la ayuda sanitaria internacional que podría provocar millones de muertes adicionales hasta 2030, según advierten la OMS y diversas organizaciones internacionales.

SALUD20 NOV 2025

La situación sanitaria en África ha alcanzado niveles alarmantes con la confirmación de un nuevo brote de fiebre hemorrágica causada por el virus de Marburgo en la localidad de Jinka, al sur de Etiopía, según informó el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de África. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que este virus, altamente contagioso, provoca fiebres hemorrágicas con una elevada tasa de mortalidad.

Esta nueva amenaza se suma a la que ya es considerada la ola de cólera más grave de los últimos 25 años en el continente. Desde principios de 2025, el CDC África ha contabilizado aproximadamente 300 mil casos de cólera y más de siete mil fallecidos. Los casos han aumentado más de un 30 por ciento en comparación con el mismo período de 2024, debido principalmente al empeoramiento de los conflictos, las malas condiciones sanitarias y el escaso acceso al agua potable. Angola y Burundi se han convertido en focos críticos de la enfermedad en los últimos meses, según reporta el CDC África.

La crisis sanitaria africana se ve agravada por lo que la OMS ha denominado una "emergencia financiera sanitaria" a nivel mundial. El director general de la organización, Tedros Ghebreyesus, ha expresado su profunda preocupación ante los severos y repentinos recortes en las fuentes de financiación internacional, que están dejando desprotegidos los sistemas de salud de decenas de países.

Según datos de la OMS, la ayuda sanitaria internacional podría disminuir más del 30 por ciento en 2025 respecto a 2023. Esta reducción empujará a aproximadamente el 70 por ciento de los países de ingresos bajos y medios a una situación de "déficit financiero" en su lucha contra las pandemias y en la prestación de servicios básicos de salud. Ya un tercio de los países afectados reportan una grave escasez de medicamentos esenciales y programas sanitarios básicos.

Ghebreyesus señaló que incluso antes de estos recortes, la financiación sanitaria mundial ya se encontraba "fuera de rumbo" debido al enorme peso de la deuda pública tras la pandemia de Covid-19, lo que ha obligado a muchos países a congelar sus inversiones en salud pública.

La OMS ha identificado que el actual gobierno de Estados Unidos ha reducido drásticamente la ayuda exterior, lo que, sumado a la disminución de fondos de otros donantes internacionales, ha afectado seriamente a numerosos países africanos y economías en desarrollo que dependen de esa ayuda para mantener sus servicios sanitarios básicos.

Las consecuencias de estos recortes podrían ser devastadoras. Un estudio realizado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) en colaboración con varias organizaciones internacionales, advierte que la repentina reducción de la ayuda al desarrollo por parte de los principales donantes podría causar más de 22 millones de muertes adicionales hasta 2030, de las cuales 5,4 millones corresponderían a niños menores de cinco años en países en desarrollo. Esta advertencia se produjo después de que Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia redujeran la ayuda ODA por primera vez en casi tres décadas.

El informe de ISGlobal, que analizó datos de 93 países de ingresos bajos y medios, subraya que el plan de los países ricos de "cerrar la cartera" podría revertir los avances que muchas naciones pobres consiguieron con gran esfuerzo en la lucha contra el hambre, la pobreza y la fragilidad de sus sistemas sanitarios.

La situación es particularmente grave en Sudán, donde la guerra civil ha provocado un desastre humanitario de proporciones catastróficas. Según Naciones Unidas, casi 12 millones de personas han sido desplazadas, de las cuales 7,5 millones permanecen dentro del país y el resto se ha refugiado principalmente en naciones vecinas casi tan pobres y conflictivas como el propio Sudán, como Chad y Sudán del Sur.

La ONU reporta que 21 millones de sudaneses —dos de cada cinco habitantes— pasan hambre, y 375.000 viven una hambruna "catastrófica". Solo durante los nueve primeros meses de 2025, se han registrado 1,5 millones de casos de malaria y 120.000 de cólera, con al menos 3.000 muertes confirmadas. Sudán presenta actualmente la tasa de cobertura vacunal más baja del mundo.

El conflicto entre el Ejército regular sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, antiguas milicias Janjaweed) estalló hace dos años y medio, y desde entonces ambas fuerzas han competido por el control del país y sus recursos naturales con extrema violencia. El último episodio de esta tragedia ha sido la toma de la ciudad de El Fasher, en Darfur del Norte, por parte de las RSF el pasado 26 de octubre, tras un asedio de más de un año que condenó a un cuarto de millón de personas al hambre y las enfermedades.

Según estimaciones de un laboratorio de la Universidad de Yale, el número de muertos en El Fasher podría superar los 10.000, incluidos al menos 460 en un hospital materno-infantil, el único que quedaba activo en la región. Una analista ha definido lo ocurrido como "el genocidio más previsible del planeta".

Ante esta creciente crisis financiera y sanitaria, la OMS ha instado a los países pobres y en desarrollo a no depender únicamente del "salvavidas" internacional, sino a hacer todo lo posible por aumentar su autosuficiencia. La organización recomienda aumentar la inversión en salud, priorizar el acceso de las personas pobres a los servicios sanitarios, proteger los presupuestos de salud incluso en tiempos de dificultades fiscales y destinar recursos a los servicios y productos con mayor impacto sanitario por cada unidad presupuestaria invertida.

Peter Sands, director del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, ha enfatizado que la crisis actual debería servir como una llamada de atención para que los países más pobres, incluidos los africanos, aceleren sus avances hacia la autosuficiencia financiera en materia de atención sanitaria.

Mientras tanto, la comunidad internacional enfrenta críticas por su aparente indiferencia ante la magnitud de estas crisis. La lejanía física y cultural con países como Sudán, así como la falta de información fiable sobre el terreno, impiden que la atención pública global, ya dividida entre múltiples conflictos, se centre en estas tragedias africanas con la urgencia que requieren.

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El continente africano se encuentra en una situación crítica debido a múltiples brotes epidémicos, incluidos el virus de Marburgo en Etiopía y la peor ola de cólera en 25 años, mientras enfrenta una drástica reducción de la ayuda sanitaria internacional que podría provocar millones de muertes adicionales hasta 2030, según advierten la OMS y diversas organizaciones internacionales.

20 nov 2025
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La situación sanitaria en África ha alcanzado niveles alarmantes con la confirmación de un nuevo brote de fiebre hemorrágica causada por el virus de Marburgo en la localidad de Jinka, al sur de Etiopía, según informó el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de África. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que este virus, altamente contagioso, provoca fiebres hemorrágicas con una elevada tasa de mortalidad.

Esta nueva amenaza se suma a la que ya es considerada la ola de cólera más grave de los últimos 25 años en el continente. Desde principios de 2025, el CDC África ha contabilizado aproximadamente 300 mil casos de cólera y más de siete mil fallecidos. Los casos han aumentado más de un 30 por ciento en comparación con el mismo período de 2024, debido principalmente al empeoramiento de los conflictos, las malas condiciones sanitarias y el escaso acceso al agua potable. Angola y Burundi se han convertido en focos críticos de la enfermedad en los últimos meses, según reporta el CDC África.

La crisis sanitaria africana se ve agravada por lo que la OMS ha denominado una "emergencia financiera sanitaria" a nivel mundial. El director general de la organización, Tedros Ghebreyesus, ha expresado su profunda preocupación ante los severos y repentinos recortes en las fuentes de financiación internacional, que están dejando desprotegidos los sistemas de salud de decenas de países.

Según datos de la OMS, la ayuda sanitaria internacional podría disminuir más del 30 por ciento en 2025 respecto a 2023. Esta reducción empujará a aproximadamente el 70 por ciento de los países de ingresos bajos y medios a una situación de "déficit financiero" en su lucha contra las pandemias y en la prestación de servicios básicos de salud. Ya un tercio de los países afectados reportan una grave escasez de medicamentos esenciales y programas sanitarios básicos.

Ghebreyesus señaló que incluso antes de estos recortes, la financiación sanitaria mundial ya se encontraba "fuera de rumbo" debido al enorme peso de la deuda pública tras la pandemia de Covid-19, lo que ha obligado a muchos países a congelar sus inversiones en salud pública.

La OMS ha identificado que el actual gobierno de Estados Unidos ha reducido drásticamente la ayuda exterior, lo que, sumado a la disminución de fondos de otros donantes internacionales, ha afectado seriamente a numerosos países africanos y economías en desarrollo que dependen de esa ayuda para mantener sus servicios sanitarios básicos.

Las consecuencias de estos recortes podrían ser devastadoras. Un estudio realizado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) en colaboración con varias organizaciones internacionales, advierte que la repentina reducción de la ayuda al desarrollo por parte de los principales donantes podría causar más de 22 millones de muertes adicionales hasta 2030, de las cuales 5,4 millones corresponderían a niños menores de cinco años en países en desarrollo. Esta advertencia se produjo después de que Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia redujeran la ayuda ODA por primera vez en casi tres décadas.

El informe de ISGlobal, que analizó datos de 93 países de ingresos bajos y medios, subraya que el plan de los países ricos de "cerrar la cartera" podría revertir los avances que muchas naciones pobres consiguieron con gran esfuerzo en la lucha contra el hambre, la pobreza y la fragilidad de sus sistemas sanitarios.

La situación es particularmente grave en Sudán, donde la guerra civil ha provocado un desastre humanitario de proporciones catastróficas. Según Naciones Unidas, casi 12 millones de personas han sido desplazadas, de las cuales 7,5 millones permanecen dentro del país y el resto se ha refugiado principalmente en naciones vecinas casi tan pobres y conflictivas como el propio Sudán, como Chad y Sudán del Sur.

La ONU reporta que 21 millones de sudaneses —dos de cada cinco habitantes— pasan hambre, y 375.000 viven una hambruna "catastrófica". Solo durante los nueve primeros meses de 2025, se han registrado 1,5 millones de casos de malaria y 120.000 de cólera, con al menos 3.000 muertes confirmadas. Sudán presenta actualmente la tasa de cobertura vacunal más baja del mundo.

El conflicto entre el Ejército regular sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, antiguas milicias Janjaweed) estalló hace dos años y medio, y desde entonces ambas fuerzas han competido por el control del país y sus recursos naturales con extrema violencia. El último episodio de esta tragedia ha sido la toma de la ciudad de El Fasher, en Darfur del Norte, por parte de las RSF el pasado 26 de octubre, tras un asedio de más de un año que condenó a un cuarto de millón de personas al hambre y las enfermedades.

Según estimaciones de un laboratorio de la Universidad de Yale, el número de muertos en El Fasher podría superar los 10.000, incluidos al menos 460 en un hospital materno-infantil, el único que quedaba activo en la región. Una analista ha definido lo ocurrido como "el genocidio más previsible del planeta".

Ante esta creciente crisis financiera y sanitaria, la OMS ha instado a los países pobres y en desarrollo a no depender únicamente del "salvavidas" internacional, sino a hacer todo lo posible por aumentar su autosuficiencia. La organización recomienda aumentar la inversión en salud, priorizar el acceso de las personas pobres a los servicios sanitarios, proteger los presupuestos de salud incluso en tiempos de dificultades fiscales y destinar recursos a los servicios y productos con mayor impacto sanitario por cada unidad presupuestaria invertida.

Peter Sands, director del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, ha enfatizado que la crisis actual debería servir como una llamada de atención para que los países más pobres, incluidos los africanos, aceleren sus avances hacia la autosuficiencia financiera en materia de atención sanitaria.

Mientras tanto, la comunidad internacional enfrenta críticas por su aparente indiferencia ante la magnitud de estas crisis. La lejanía física y cultural con países como Sudán, así como la falta de información fiable sobre el terreno, impiden que la atención pública global, ya dividida entre múltiples conflictos, se centre en estas tragedias africanas con la urgencia que requieren.

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