El líder del grupo islamista Hay'at Tahrir al-Sham (HTS), Ahmed al-Sharaa, ha sido nombrado presidente interino de Siria tras la caída del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, prometiendo un gobierno inclusivo mientras enfrenta el desafío de unificar un país fragmentado por más de 13 años de guerra civil.
Ahmed Hussein al-Sharaa, conocido anteriormente como Abu Mohammed al-Golani, se ha convertido en el nuevo líder de Siria después de que una ofensiva liderada por Hay'at Tahrir al-Sham (HTS) y otros grupos de la oposición siria derrocara al régimen de Bashar al-Assad el 8 de diciembre de 2024, poniendo fin a más de cinco décadas de gobierno de la familia Assad.
Según información de Wikipedia, HTS, junto con otros grupos de la oposición siria, lanzó una ofensiva que condujo a la caída del régimen de Assad más de 13 años después del inicio de la revolución siria. Tras la victoria, el 29 de enero de 2025, durante la Conferencia de la Victoria de la Revolución Siria celebrada en Damasco, Hassan Abdul Ghani, portavoz del Mando de Operaciones Militares, anunció la disolución de HTS y varias facciones armadas, declarando que pasarían a formar parte de las "instituciones estatales".
Al-Sharaa, quien anteriormente lideró el grupo islamista HTS, formado en 2017 como una fusión de varias facciones armadas, incluida Jabhat Fateh al-Sham (anteriormente conocida como al-Nusra Front), ahora enfrenta el desafío de unificar un país profundamente dividido por líneas sectarias y geográficas.
El nuevo presidente interino ha prometido respetar la naturaleza confesional de la vida siria y apoyar una forma de gobierno más "inclusiva", según reporta Responsible Statecraft. "Encontré en al-Sharaa una mezcla de espíritu revolucionario y liderazgo", observó recientemente el ex legislador y ministro libanés Marwan Hamadeh, según la misma fuente. "Quiere trasladar rápidamente a Siria de una era de facciones a una república, del tiempo de las divisiones al tiempo del Estado".
Sin embargo, el camino hacia la estabilidad no será fácil. Siria sigue fragmentada, con cuestiones pendientes como las preocupaciones kurdas y drusas. Al-Sharaa ha expresado cautela respecto a los alauitas, temiendo represalias de su propio pueblo, pero insiste: "No tenemos nada contra los alauitas", según declaraciones recogidas por Responsible Statecraft.
La sociedad civil siria, liderada por una constelación de grupos respaldados por Occidente, espera que los militantes victoriosos les permitan desempeñar un papel destacado en la configuración del futuro político de Siria. Sin embargo, desde finales de la década de 1940, la clase política siria, agotada por la lucha anticolonial contra los franceses y posteriormente superada por un cuerpo de oficiales más ambicioso y talentoso, aunque endémicamente fraccionado, no ha sido un contendiente serio por el poder.
La incapacidad de la clase política siria para poner límites al papel de los militares en la política —que creó las condiciones necesarias para el ascenso del régimen de Assad— sigue siendo el principal desafío al que se enfrentan hoy los líderes de la sociedad civil.
Al-Sharaa ha realizado un esfuerzo concertado, aunque hasta ahora infructuoso, para forjar una política exterior de "cero problemas". Esto incluye a Israel, que ocupa territorios sirios conquistados en 1967 y 2024. El esfuerzo del nuevo presidente para crear una fuerza de seguridad unificada como ancla del régimen es comprensible, al igual que la reticencia de drusos, kurdos y numerosos señores de la guerra a acomodarlo.
Al-Sharaa habla de un Estado "natural" —es decir, sunita—. Sus partidarios anuncian el renacimiento del "estado de los Omeyas", amplificando las preocupaciones de las minorías cristianas, drusas, alauitas y circasianas, ansiosas por la posibilidad de verse comprometidas por su éxito.
En vísperas de las deliberaciones destinadas a trazar el futuro post-Assad de Siria, Al-Sharaa no tiene un modelo sirio que emular. La élite sunita tradicional ofrece poca orientación. Y el Partido Baath, que prometió "Unidad, Libertad y Socialismo", solo entregó debilidad, penuria e intervención extranjera.
Al-Sharaa entró en Damasco como el viento caliente del Siroco. Él y sus cohortes deben demostrar ahora que no solo han aprendido de aquellos a quienes han derrotado recientemente, sino que también son capaces de superar el problemático legado de quienes les precedieron.