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Analistas advierten que políticas de Trump erosionan hegemonía global de Estados Unidos

La administración de Donald Trump está debilitando sistemáticamente la primacía geopolítica de Estados Unidos mediante acciones que destruyen alianzas históricas, desestabilizan el sistema económico globalizado y erosionan el orden internacional construido durante ocho décadas, según análisis publicados que señalan cuatro áreas críticas de deterioro tras 14 meses de mandato.

INTERNACIONAL22 MAR 2026

Las políticas implementadas por la administración Trump están generando un daño estructural a la posición hegemónica de Estados Unidos en el escenario mundial, según análisis que identifican cuatro dimensiones fundamentales de deterioro geopolítico.

La primera área de daño identificada es la destrucción del entramado de alianzas que Washington construyó durante ocho décadas con consenso bipartidista, según el análisis. Ningún aliado confía ya en la Casa Blanca, y aunque muchos líderes mantienen públicamente una postura de contención por temor a quedar desamparados, todos están organizándose para reducir su dependencia de Estados Unidos, según fuentes que atestiguan un nivel de desconfianza extraordinario hacia Washington desde sectores nominalmente filoestadounidenses. La lógica subyacente equipara políticamente la necesidad de reducir riesgos de dependencia de Washington con la de China, según el análisis.

La presión sobre los aliados en materia de seguridad, aunque podría interpretarse como reducción de costes para Washington y fortalecimiento de la OTAN, representa en realidad un dato estratégico preocupante: muchos países quieren construir independencia, lo que debilita a Estados Unidos, según el análisis. La acrimonia ha llegado al punto de que la Casa Blanca contempla renunciar a bases de la OTAN en países europeos. La realidad es que Estados Unidos está agrietando la alianza transatlántica, que también beneficia sus intereses, y aunque actualmente varios aliados agachan la cabeza y conceden cosas, más adelante no podrá ejercer la misma presión porque aquellos se habrán preparado, perdiendo así la disposición a alinearse y ayudar, según el análisis.

La segunda dimensión crítica es la devastación del sistema económico globalizado que ha sido el sustrato de la hegemonía estadounidense, según el análisis. Aunque este sistema permitió a China un crecimiento asombroso aprovechándose de sus fallos, el asalto de Washington no corrige esa situación sino que produce efectos colaterales dañinos, fomentando desconfianza y desapego que se proyectan sobre toda la dimensión económica. Mientras Trump se obsesiona con el déficit en el sector manufacturero, Estados Unidos había consolidado en aquel sistema un dominio impresionante en el sector servicios, según el análisis.

Los beneficios posibles de las maniobras actuales se perfilan como un espejismo frente a los riesgos estructurales, según el análisis. Estados Unidos cobró considerables aranceles con medidas trumpistas consideradas ilegales por el Tribunal Supremo, pero no hay certeza de que provocarían un renacimiento manufacturero en el país. La acción desató la reacción durísima de Pekín, que demostró su dominio de las materias primas estratégicas dejando en evidencia una grave debilidad de Estados Unidos, que tuvo que dar marcha atrás, según el análisis. No solo quedó expuesta una debilidad existencial: varias economías ya se han lanzado a mejorar su relación con China, como Canadá, o a construir caminos alternativos entre ellas, como el acuerdo UE-Mercosur, según el análisis.

El tercer aspecto del daño autoinfligido es el abandono de un orden internacional que Estados Unidos contribuyó a construir más que nadie, según el análisis. Administraciones republicanas y demócratas, con distintas sensibilidades, coincidieron en la construcción y mantenimiento de ese proyecto porque beneficiaba a Estados Unidos, como lo entendieron Kennedy, Nixon, Reagan y Obama, según el análisis. La salida del sistema acarrea una peligrosa atrofia de muchas instituciones, algunas tornándose completamente irrelevantes, mientras abre espacio a que otros construyan alternativas y otros influyan en el desarrollo de iniciativas mientras la Casa Blanca está en retirada. China no pierde ocasión para perfilarse como el actor responsable frente al "grandullón infantilizado", según el análisis.

El cuarto aspecto de relieve es el deterioro democrático, según el análisis. El prestigioso instituto V-Dem publicó esta semana su informe anual señalando que ya no considera a Estados Unidos una democracia plena, por primera vez desde 1965, y que la velocidad con la cual está siendo desmantelada por el trumpismo es sin precedentes, según el análisis.

Aunque ser un régimen autoritario no representa necesariamente un problema para la proyección geopolítica de un país, como demuestra China, el deterioro que encarna Trump evidencia rasgos de nepotismo, ineptitud y superficialidad espectacularmente peligrosos, según el análisis. Es un colapso en el caos, con gente dudosamente preparada como Hegseth, Kushner o Witkoff gestionando la máquina de guerra más poderosa del mundo o las negociaciones más explosivas, mientras que donde hay gente preparada, como Powell en la Reserva Federal, se intenta menoscabar su independencia y criterio, según el análisis. El porcentaje del dólar como moneda de reserva ha bajado del 70% a principios de siglo a menos del 60%, según el análisis. Una Reserva Federal manoseada por Trump o la tendencia a ataques iracundos contra enemigos y aliados no aumentan la confianza en un instrumento fundamental de la proyección geopolítica como es el aspecto monetario y financiero, según el análisis.

Estados Unidos ha cometido enormes abusos y errores a lo largo de su etapa de dominación, y este no es el primer momento de descarrilamiento estratégico y moral, según el análisis. La guerra ilegal de Irak acarreó un profundo desgaste y una fuerte erosión de la relación con Europa. Pero no es equiparable a lo que sucede ahora: esta vez se ha llegado a amenazas de anexión de Groenlandia, territorio perteneciente a un Estado europeo, y a incluir en la estrategia nacional de seguridad el objetivo de cultivar la resistencia contra la Unión Europea, según el análisis. La prueba de la enorme diferencia es que entonces nadie en Europa se movió de verdad para construir una autonomía europea de Estados Unidos, mientras que hoy esa voluntad llega al punto de que los alemanes han roto un tabú al entablar un diálogo nuclear con los franceses, según el análisis.

Hay otro elemento por el cual las heridas autoinfligidas de hoy pueden convertirse no solo en un daño sino en un suicidio: hoy Estados Unidos tiene un rival, China, más formidable de lo que nunca llegó a ser la URSS, según el análisis. Y en lugar de estrechar lazos con sus socios para contenerlo, como intentó hacer Biden, actúa de una manera que como mínimo complica que sus aliados y amigos le sigan, y en algunos casos promueve directamente una mejora de relaciones de estos con Pekín, según el análisis. Además de Canadá, un caso clamorosamente grave para Washington es el de la India, que ha tomado nota tras una embestida comercial de la Casa Blanca y acto seguido ha dado pasos de deshielo con China, según el análisis.

Otro elemento de erosión para Estados Unidos es el desgaste del poder blando, una importante herramienta de influencia en el mundo, según el análisis. Los abusos del trumpismo, combinados con el perfil grotesco y grosero de su liderazgo, producen un espanto bastante generalizado en el resto del mundo. Bush hijo o Berlusconi parecen considerables estadistas en comparación, según el análisis. Múltiples sondeos de opinión apuntan a que el aprecio y la confianza en Estados Unidos se hunden a niveles ínfimos en otros países, según el análisis.

El análisis reconoce que no todo lo que hace Trump carece de sentido geopolítico ni está mal resuelto. Es cierto que los aliados de Estados Unidos han aprovechado en materia de seguridad sin hacer adecuadamente su parte durante décadas, según el análisis. Es evidente que en América el trumpismo está consiguiendo que sus socios alcancen el poder, según el análisis.

En el plano estratégico, puede haber una estrategia no explicitada detrás de las acciones, según el análisis. Jack Watling, experto del RUSI, ha señalado que en círculos estratégicos y de inteligencia de Washington hay mucho temor de que China emprenda en 2027 una acción contra Taiwán, y que por lo tanto creen que es el momento de debilitar posibles focos alternativos de resistencia, como Irán, Venezuela, Cuba y Rusia, mediante un apaciguamiento que la haga menos dependiente de China, en caso de que estallara un pulso armado entre las superpotencias, según el análisis.

Pero nada asegura que las acciones emprendidas surtan a medio o largo plazo los efectos deseados, y al contrario, los efectos dañinos son terribles, según el análisis. Irán es el ejemplo perfecto: se trata de una guerra con el potencial de entrañar un desgaste gravísimo para los arsenales estadounidenses que, pese a contar con la mayor industria armamentística del mundo, no se rellenan con rapidez en algunos puntos críticos, como ciertos misiles sofisticados, según el análisis. La acción en Irán añadirá valiosa experiencia de combate, pero vaciará stocks, desgastará materiales, agotará personal, tensará la opinión pública y molestará a medio mundo, según el análisis. Si termina pronto, el desgaste será menor, pero con el coste de la derrota, porque en un choque entre una superpotencia y un país mediano, todo lo que no es una victoria total es una derrota; si dura mucho, el desgaste será enorme, según el análisis.

Estados Unidos es un país que sigue siendo formidable, y quien lo subestime lo hace a su riesgo y peligro, según el análisis. No es imposible que consiga doblegar Irán, que Venezuela adopte una política más amigable y que el castrismo resulte desalojado en Cuba. Pero incluso si esto ocurriera, el desgaste que las acciones de Trump producen a la hegemonía de Estados Unidos, la desconfianza, el desprecio, el rencor, la reconsideración de las relaciones con China y de la exigencia de independizarse de Washington, es de tal calibre que hoy su mandato, más que hacer América grande de nuevo, parece autoinfligirle heridas con potencial letal para su primacía, según el análisis.

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