Cole Allen, californiano de 31 años detenido tras abrir fuego el sábado por la noche en el hotel Hilton de Washington durante la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca, dejó un manifiesto de 1.052 palabras en el que critica duramente al presidente Donald Trump y a su administración, según reveló The New York Post. El documento, enviado a su familia antes del ataque, detalla una lista de objetivos prioritarios entre altos funcionarios del gobierno y establece reglas de combate para minimizar bajas colaterales, según las fuentes.
Cole Allen, informático de 31 años originario de Torrance, California, una localidad de unos 150.000 habitantes cercana a Los Ángeles, dejó un manifiesto de 1.052 palabras antes de protagonizar un ataque armado en el hotel Hilton de Washington durante la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca, según publicó The New York Post. El documento, cuya autenticidad no ha sido verificada por las autoridades, fue enviado a su familia antes de que Allen abriera fuego el sábado por la noche en el evento al que asistían el presidente Donald Trump, la primera dama Melania Trump, y altos funcionarios de la administración.
El presidente Trump reveló este domingo detalles de la investigación en una entrevista telefónica con Fox News, sin esperar a que sus funcionarios los divulgaran con las debidas cautelas, según El País. Trump describió a Allen como un "tipo muy problemático" cuyas motivaciones tenían un trasfondo religioso radical. "Al leer su manifiesto, te das cuenta de que odia a los cristianos. Eso es seguro. Es un odio fuerte, anticristiano", dijo el mandatario.
Sin embargo, el contenido del manifiesto publicado por The New York Post presenta una narrativa diferente. En el documento, Allen sitúa a los altos cargos de la administración Trump en la cima de sus objetivos, con la única excepción del director del FBI, Kash Patel, según El Nuevo Día. El texto incluye referencias a lo que el autor describe como consecuencias de las decisiones de la administración Trump: "Yo no soy la persona violada en un centro de detención. No soy el pescador ejecutado sin juicio previo. No soy el escolar que muere en una explosión, ni el niño que muere de hambre, ni la adolescente abusada por los numerosos criminales que integran este Gobierno", según el escrito publicado por el diario neoyorquino.
"Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor ensucie mis manos con sus crímenes", dice el texto, aparentemente en referencia al presidente, según El País. Allen justifica sus acciones describiéndose como un ciudadano que actúa porque "lo que mis representantes hacen se refleja en mí", según El Nuevo Día.
El manifiesto revela que Allen planeó el ataque de manera minuciosa para, según él, "minimizar las bajas colaterales", según El Nuevo Día. Allen especificó que utilizaría "perdigones en lugar de balas sólidas" para evitar que los disparos atravesaran las paredes y alcanzaran a personas ajenas a sus objetivos. Un oficial de la División Uniformada del Servicio Secreto fue alcanzado por una bala, pero su chaleco antibalas evitó heridas mortales, según la misma fuente.
"Servicio Secreto: son objetivos solo si es necesario, y deben ser incapacitados de forma no letal si es posible (es decir, espero que lleven chalecos antibalas porque disparar al centro de masa con escopetas destroza a quienes no los llevan)", anotó Allen en su manifiesto, según The New York Post citado por El Nuevo Día. El atacante estableció reglas de combate en las que excluía como blancos a empleados del hotel, invitados y, en la medida de lo posible, a la seguridad del establecimiento y a la Guardia Nacional, a menos que estos abrieran fuego contra él.
No obstante, el texto indica que "pasaría por encima de casi todos" para llegar "a los objetivos si fuera absolutamente necesario, bajo la premisa de que la mayoría de la gente eligió asistir a un discurso de un pedófilo, violador y traidor, y por lo tanto son cómplices, pero realmente espero que no se llegue a eso", según El Nuevo Día.
El manifiesto también incluye críticas severas a la seguridad del hotel Washington Hilton, donde Allen se hospedó y se realizó el evento. "Esperaba cámaras de seguridad en cada esquina, habitaciones de hotel con micrófonos ocultos, agentes armados cada tres metros, detectores de metales por todos lados. Lo que recibí (¡quién sabe, tal vez me están gastando una broma!) es nada. Ni una maldita seguridad. Ni en el transporte. Ni en el hotel. Ni en el evento", escribió Allen, según El Nuevo Día.
Allen describió como "insana" la supuesta incompetencia del Servicio Secreto, afirmando que pudo introducir múltiples armas en el hotel sin ser detectado. "Cualquier agente iraní podría haber traído una ametralladora pesada y nadie se habría dado cuenta", aseguró, según la misma fuente. "Lo que noté inmediatamente al entrar al hotel es la sensación de arrogancia. Entro con múltiples armas y ni una sola persona allí considera la posibilidad de que yo pueda ser una amenaza. La seguridad en el evento está toda afuera, enfocada en los manifestantes y en los que van llegando, porque aparentemente nadie pensó en lo que pasa si alguien hace el registro el día anterior", detalló Allen.
El texto también incluye una sección de "réplicas" a posibles objeciones. La primera objeción es: "Como cristiano, deberías poner la otra mejilla". La refutación de Allen: "Poner la otra mejilla es para cuando tú mismo eres oprimido. Yo no soy la persona violada en un campo de detención. No soy el pescador ejecutado sin juicio. No soy un escolar que vuela por los aires, ni un niño hambriento, ni una adolescente abusada por los muchos criminales de esta administración. Poner la otra mejilla cuando alguien más es oprimido no es un comportamiento cristiano; es complicidad en los crímenes del opresor", según El Nuevo Día.
El fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, dio entrevistas a los programas televisivos dominicales de las principales cadenas de noticias, en las que dijo que los investigadores sospechan que el objetivo del sospechoso no era solo Trump. "Se propuso atacar a las personas que trabajan en la Administración, probablemente también al presidente", dijo Blanche sobre Allen, según El País. Blanche también pidió paciencia para poder ofrecer conclusiones más sólidas.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, presente en la gala, escribió en su cuenta de X que el sospechoso, al que definió como un "loco depravado", buscaba "asesinar al presidente y al mayor número posible de altos funcionarios de la Administración", según El País.
Además del presidente y de la primera dama, acudieron a la cita anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca los secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Defensa, Pete Hegseth, entre otros miembros del Gabinete, además del vicepresidente, J. D. Vance, según la misma fuente. Todos fueron evacuados por el Servicio Secreto inmediatamente cuando se oyeron los disparos. Blanche y el propio Trump elogiaron la actuación de esos agentes, aunque las preguntas sobre cómo un hombre armado pudo llegar tan cerca del presidente surgieron en las horas siguientes al incidente.
El fiscal general interino, que hasta nuevo aviso hace el trabajo de su jefa, Pam Bondi, despedida por Trump hace tres semanas, contó que los investigadores estaban estudiando el contenido de los ordenadores de Allen, informático de profesión y programador de videojuegos amateur, según El País. A partir de esas pesquisas y de las entrevistas realizadas a los testigos, las autoridades esperan sacar conclusiones sobre lo que pretendía hacer con la escopeta, la pistola y los varios cuchillos que llevaba encima cuando fue reducido por la seguridad del evento.
Para llegar a Washington, Allen empleó dos medios de transporte: el tren y el autobús, según El País. Lo hizo primero entre Los Ángeles a Chicago. Después, desde esa ciudad del Medio Oeste a la capital estadounidense. Según las primeras investigaciones, Allen se registró en el hotel el día anterior al ataque, según The New York Post citado por El País.
El ataque ha resucitado los peores fantasmas de la violencia política en Estados Unidos en un lugar, el Hilton, en el que Ronald Reagan sobrevivió a un atentado en 1981, según El País. El autor de aquel magnicidio, John Hinckley Jr., también era californiano y también viajó en autobús en 1981, uno de la línea Greyhound.
Allen, que viajó desde Los Ángeles para cometer el atentado, permanece bajo custodia en un hospital para una evaluación psiquiátrica y se espera que comparezca ante un tribunal federal de Washington este lunes, según El Nuevo Día.