El conflicto en curso en Irán ha expuesto la vulnerabilidad crítica de la infraestructura de desalinización en el Golfo Pérsico, tras ataques registrados entre el 7 y 8 de marzo contra plantas en Irán y Bahréin que afectaron el suministro de agua a treinta aldeas. Según el Atlantic Council, aproximadamente 100 millones de personas en Medio Oriente dependen de esta tecnología para acceder a agua potable, y más del 90 por ciento del agua desalinizada del Golfo proviene de apenas 56 plantas, lo que convierte esta infraestructura en un objetivo estratégico potencialmente devastador en el conflicto actual o futuras guerras regionales.