

El Banco de España presentó este viernes sus proyecciones económicas en un contexto de extrema incertidumbre provocado por la guerra en Irán. El organismo alerta que, en el peor escenario, la inflación podría dispararse hasta el 5,9% en 2026 y mantenerse en el 3,2% en 2027, mientras que el crecimiento económico se ralentizaría al 1,9% este año y al 1,1% el próximo. En su escenario central, el supervisor bancario prevé un crecimiento del PIB del 2,3% para 2026 y una inflación del 3%, cifras que incluyen el impacto del paquete anticrisis aprobado por el Gobierno de Pedro Sánchez por valor de 5.000 millones de euros.
Todas las previsiones económicas se han convertido en un ejercicio de alto riesgo en tan solo un mes, según reconoció el Banco de España. El responsable es la guerra en Irán, que comenzó el pasado 28 de febrero tras la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra el país persa, y que ha abierto una ventana de incertidumbre tan grande que ninguna institución se atreve a dar estadísticas cerradas sobre lo que pueda pasar en lo que queda de 2026.
El golpe económico asociado a la guerra en Oriente Próximo "tiene una gran magnitud, que va más allá del componente energético", enfatizó este viernes David López Salido, director general de Economía del Banco de España, durante la presentación de las proyecciones trimestrales de la institución. El bloqueo del tráfico comercial por el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo y del gas natural que se vende a escala global, también impacta en otros productos como los fertilizantes o los semiconductores, según explicó el organismo.
El recorte en la oferta energética en el Golfo Pérsico ha disparado los precios del gas y del petróleo. El crudo brent, de referencia en Europa, ha roto la barrera de los 100 dólares por barril, un nivel que no se registraba desde mediados de 2022 y que ya ha impactado de lleno en los precios de los carburantes, según el Banco de España.
La institución ha dibujado tres escenarios distintos en función de cuánto se alargue el conflicto y eleve los precios del gas y del petróleo. "Es en este ámbito en el que tenemos que realizar nuestras previsiones", explicó López Salido.
En el escenario central, que contempla que el precio del petróleo ronde los 80 dólares el barril, el Banco de España prevé un crecimiento del PIB del 2,3% en 2026 y una inflación del 3%. Esta proyección supone una décima más con respecto a las previsiones que el organismo publicó en diciembre, pero con un importante matiz: sin las medidas anticrisis recién aprobadas por el Gobierno, el pronóstico se hubiera quedado en el 2%, según la institución.
López Salido explicó que el Banco de España tuvo que reorientar sus trabajos tras el estallido de la guerra e incorporar nuevos datos para ajustar el tiro de sus pronósticos. Hasta finales de febrero, consideraba que la economía española podría crecer un 2,4% este año gracias a la solidez mostrada en el mercado laboral y el gasto con tarjetas. El dato quedó en papel mojado tras el ataque a Irán. El supervisor revisó cuatro décimas a la baja sus estimaciones, pero tuvo que volver a reelaborarlas tras el anuncio del paquete anticrisis por parte del Gobierno, que incluye rebajas a la fiscalidad energética y ayudas directas por un total de unos 5.000 millones de euros.
"Las medidas de apoyo suponen un alivio", reconoció López Salido. El Banco de España calcula que el decreto de medidas aportará 0,3 puntos al crecimiento este año, prácticamente neutralizando los 0,4 puntos que prevé de impacto negativo por la guerra. En concreto, la entidad calcula que las rebajas de impuestos a la energía generarán 0,15 puntos de crecimiento, mientras que las subvenciones y ayudas directas a empresas y profesionales aportarán 0,14 puntos adicionales, según El Confidencial.
Una vez incluido su impacto en la ecuación, se recuperarían tres décimas de crecimiento, de ahí que la previsión definitiva para el año se quede en un avance del PIB del 2,3% y una subida de la inflación al 3%, según el organismo.
El revés llega antes de que la inflación estuviese domada del todo en España. El supervisor bancario observó que los precios se estaban moviendo por encima de lo previsto en los últimos meses, sobre todo en el sector servicios y en los alimentos. Estos registros le llevaron a calcular que la inflación crecería en 2026 a un ritmo seis décimas mayor a lo que preveía en diciembre, pero entonces llegó la sorpresa de la guerra. El repentino encarecimiento de los productos energéticos supondrá un repunte mayor, que alejará aún más la inflación de la referencia del 2% del Banco Central Europeo.
El Banco de España estima ahora que el índice de precios al consumo, que según el dato adelantado de marzo ya ha escalado hasta el 3,3%, se instale en una media del 3% en el ejercicio, frente al 2,7% de 2025. También en este caso, el incremento hubiera sido mayor sin el paquete de ayudas, que absorberá cinco décimas de subidas de precios en el escenario central que dibuja el organismo. En 2027, la inflación aflojará algo y su ritmo de crecimiento bajará al 2,5%, aun así por encima del objetivo del BCE, según las proyecciones.
En el escenario adverso, que contempla una subida más intensa del petróleo a corto plazo, con el crudo disparándose hasta los 119 dólares en la segunda mitad del año y el gas llegando a los 87 euros por megavatio-hora, el crecimiento económico se revisaría a la baja, hasta el 2,2%, y la inflación al alza, hasta el 3,9%. En 2027, el PIB avanzaría un 1,5% y los precios un 2%, según el Banco de España.
El peor escenario que dibuja el organismo, y que denomina "severo", asume unos precios del petróleo en un máximo de 145 dólares y los del gas natural en 106 euros por megavatio-hora. En este caso, el PIB crecería un 1,9% este año y un 1,1% el próximo, mientras que el impacto sobre la inflación general sería más elevado y duradero: los precios se dispararían un 5,9% en 2026 y un 3,2% en 2027.
El escenario severo muestra una rápida traslación de los costes energéticos a la inflación, pero se descarta el riesgo de una recesión o de una caída trimestral del PIB. El dinamismo y la solidez de la economía, sumado al paquete anticrisis del Gobierno, dan margen a España para absorber el shock sin sufrir una caída de la producción, según los cálculos del Banco de España.
El principal canal de contagio de la crisis energética a España es el mayor coste de las compras de gas y petróleo. El Banco de España ha revisado al alza el crecimiento de las importaciones de bienes y servicios en algo más de un punto, del 3,6% al 4,9%. Sin embargo, también mejora la previsión de exportaciones gracias al nuevo impulso que recibirá el turismo, pasando del 2% al 2,4%. En conjunto, el Banco de España cree que la capacidad de financiación de España apenas se verá afectada por la guerra respecto de las previsiones anteriores y mantendrá un holgado superávit exterior del 3,2% del PIB.
Sobre el mercado laboral, el Banco de España espera que se produzca una ralentización en el ritmo de generación de empleo respecto a años precedentes. Durante 2025 el crecimiento del empleo fue del 2,7%, cifra que se proyecta baja al 2,2% para 2026 y al 1,3% para 2027. La productividad por persona empleada permanecerá estancada en 2026, repuntando al 0,4% en 2027, según el organismo.
La disminución en la tasa de paro pierde fuerza: la previsión indica que se reducirá seis décimas en 2026 y tres décimas más en 2027, alcanzando el 9,9% y el 9,6%, respectivamente. Esto significa que la tasa de paro caería por debajo del 10% por primera vez en casi 20 años, desde 2007, según el Banco de España.
El análisis presentado por el Banco de España destaca la presión sobre las remuneraciones de los asalariados. El mantenimiento de elevados niveles de vacantes laborales, junto a la presión inflacionaria derivada del encarecimiento energético, puede ocasionar aumentos salariales superiores a los previstos. El informe apunta a un incremento de la remuneración por asalariado en el sector de mercado del 4,1% en 2026 y del 3,9% en 2027, lo que representa tres y cinco décimas más que las previsiones de diciembre.
En cuanto a las cuentas públicas, el organismo señala un empeoramiento del déficit para 2026, que llegaría al 2,3% del PIB, un deterioro de dos décimas respecto a la previsión anterior. La ejecución del paquete anticrisis implementado por el Gobierno pesa en las finanzas públicas, con un impacto estimado de medio punto porcentual del PIB. Para 2027, la expectativa es que el déficit se mantenga en el 2,3%, aunque la presión al alza en las pensiones, derivada de la revisión de la inflación esperada, limita la recuperación del saldo presupuestario.
El endeudamiento público mantiene perspectivas mixtas. Según el Banco de España, la ratio de deuda sobre PIB subirá ligeramente en 2026 hasta el 99,2%, para reducirse al 98,1% el año siguiente, gracias al crecimiento nominal de la economía.
El impulso fiscal pondrá en riesgo el cumplimiento de las reglas fiscales europeas. El Banco de España alerta de que es posible que el Gobierno excediera el límite de gasto ya en 2025 y anticipa que seguirá siendo así en 2026 y 2027. El análisis del gasto computable a efectos de las reglas fiscales europeas señala riesgos para el cumplimiento de los compromisos adquiridos con la Unión Europea. El Banco de España estima que en los años 2025, 2026 y 2027, el gasto podría crecer por encima del límite máximo permitido por el marco fiscal estructural comprometido. Esto pone a España ante el reto de aprobar ajustes para evitar la apertura de un expediente comunitario.
La fecha de corte para los supuestos sobre los que se elaboran estas proyecciones es del 11 de marzo y, desde entonces, los precios energéticos se han seguido tensionando, según El Confidencial. El entorno de incertidumbre "especialmente elevado" identificado por los técnicos del Banco de España, provocado por factores exteriores como la evolución del conflicto en Oriente Próximo y la volatilidad en los mercados energéticos, condiciona significativamente las proyecciones económicas y financieras presentadas en este ejercicio.
El cóctel de factores está prendiendo otra vez la mecha de la inflación y recuerda inevitablemente a la crisis que desató la invasión rusa de Ucrania, según el Banco de España. Al igual que entonces, también se han disparado la volatilidad y la incertidumbre, complicando aún más la elaboración de cualquier pronóstico.