Bolivia oficializó en marzo de 2026 el uso de soya transgénica HB4, una semilla genéticamente modificada que viene acompañada del herbicida glufosinato de amonio, prohibido en la Unión Europea por ser presunto tóxico para la reproducción. La medida, impulsada por grandes productores exportadores y anunciada por el ministro de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, Fernando Romero, consolida un modelo agropecuario que ha quintuplicado la importación de plaguicidas desde 2005, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y donde 13 de los 15 plaguicidas más importados en 2023 están prohibidos en otros países, según el investigador Stasiek Czaplicki.