El calentamiento global causado por la actividad humana hizo cinco veces más probable la intensa ola de calor que afectó gran parte de Australia a principios de enero de 2026, según un nuevo análisis del grupo World Weather Attribution (WWA). El evento, el más severo desde el verano negro de 2019-2020, provocó temperaturas superiores a los 40°C en Melbourne y Sydney, condiciones aún más calurosas en zonas regionales, y precedió incendios forestales que arrasaron 400.000 hectáreas en Victoria.