

El primer ministro canadiense Mark Carney ha respaldado la construcción de un nuevo oleoducto desde Alberta hasta la costa de Columbia Británica, que transportaría al menos un millón de barriles diarios de petróleo hacia Asia, generando un intenso debate nacional sobre el equilibrio entre desarrollo económico y protección ambiental. Las Primeras Naciones costeras advierten sobre los riesgos de derrames petroleros, recordando el desastre del Nathan E Stewart en 2016, mientras las encuestas muestran un apoyo moderado al proyecto entre la población canadiense.
El gobierno federal de Canadá y la provincia de Alberta firmaron recientemente un memorando de entendimiento (MOU) sobre energía y clima que incluye la aprobación de un nuevo oleoducto desde Alberta hasta la costa de Columbia Británica, lo que podría implicar el levantamiento de una prohibición de tránsito de petroleros que ha estado vigente durante 53 años en la costa norte de Columbia Británica.
El acuerdo, respaldado por el primer ministro Mark Carney, busca transportar "al menos un millón de barriles diarios" hacia los mercados asiáticos, según reporta The Guardian. Este proyecto se enmarca en un contexto complejo para Canadá, cuarto productor mundial de petróleo con las cuartas mayores reservas, que supera en producción a la mayoría de los miembros de la OPEP, mientras enfrenta los efectos del cambio climático en su territorio.
El memorando también incluye una pausa en las reglas de electricidad limpia en Alberta y un compromiso compartido para alcanzar emisiones netas cero para 2050, según datos de Abacus Data.
Las reacciones no se han hecho esperar. Las Primeras Naciones Costeras, que representan a nueve naciones a lo largo de la costa central, declararon rápidamente que el proyecto "nunca sucedería" y que la prohibición de petroleros era innegociable. Los jefes que representan a más de 600 Primeras Naciones votaron unánimemente para que Ottawa mantenga la prohibición de petroleros y se retire del acuerdo entre el gobierno federal y Alberta.
"Es espectacularmente peligroso concebir la instalación de un oleoducto hacia el norte de Columbia Británica y transportar ese petróleo a través del Golfo de Alaska hacia los mercados asiáticos", dijo Rick Steiner, uno de los primeros en llegar al lugar del desastre del Exxon Valdez en 1989, a la Canadian Press. "No debería ver la luz del día".
Los grandes petroleros probablemente tendrían que atravesar porciones del Estrecho de Hecate, descrito por el autor John Vaillant como una "fábrica de clima malévolo" donde las tormentas invernales producen "uno de los entornos más diabólicamente hostiles que el viento, el mar y la tierra son capaces de conjurar".
Para las Primeras Naciones en la costa, la perspectiva de un derrame de petróleo es profundamente temida. Incluso desastres relativamente pequeños pueden tener consecuencias que duran años, como lo demuestra el caso del remolcador Nathan E Stewart, que encalló en un arrecife en octubre de 2016 cerca de Bella Bella, derramando 110.000 litros de diésel.
"Recuerdo estar en mi oficina ese día recibiendo llamadas de ancianos de la comunidad. Algunos lloraban y estaban muy alterados. Hablaban como si hubiéramos perdido a alguien en nuestra comunidad. La gente estaba devastada", dijo Marilynn Slett, consejera jefe de la Nación Heiltsuk, cuya comunidad estaba a 10 millas náuticas del encallamiento. "El derrame contaminó nuestros principales sitios de recolección, causando pérdidas económicas inmediatas que continúan hasta hoy".
Casi una década después del desastre de 2016, la nación sigue luchando por una compensación por las pérdidas que sufrió, incluida la destrucción de jardines de almejas que habían cultivado durante siglos. "Ese fue un derrame de menos de 700 barriles y, sin embargo, contaminó más de 1.500 acres de nuestro territorio", dijo Slett, añadiendo que los grandes petroleros pueden transportar más de 2 millones de barriles. "Simplemente no podemos aceptar este riesgo para nuestra comunidad después de ver lo que puede suceder. No podemos. Y no lo haremos".
El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, aludió a esta realidad cuando dijo a los reporteros que estaba abierto a una propuesta de oleoducto, pero que cualquier proyecto que requiriera levantar la prohibición de petroleros era inaceptable. Señaló que proyectos por valor de miles de millones de dólares en la región, incluidas terminales de gas natural licuado, actualmente cuentan con el apoyo de las Primeras Naciones, y advirtió que ese apoyo podría retirarse rápidamente si el gobierno federal presiona para levantar la prohibición de petroleros. Eliminar la prohibición sería un "grave error", dijo, añadiendo: "Creo que el riesgo de un derrame de petróleo es realmente significativo en términos de daño económico".
A pesar de la oposición, una encuesta realizada por Abacus Data muestra que las reacciones iniciales a la idea de construir un nuevo oleoducto desde Alberta hasta la costa oeste son moderadamente favorables. A nivel nacional, el 55% dijo que apoya fuerte o moderadamente la idea, mientras que el 18% se opuso. El apoyo fue mayor en Alberta (74%) y entre los votantes conservadores (72%), y significativamente menor en Quebec (42%) y entre los votantes del NDP (22%). En Columbia Británica, el 53% lo apoya mientras que el 30% se opone.
Entre los votantes liberales federales de 2025, el apoyo superó a la oposición por un margen de aproximadamente 2 a 1. Es importante señalar que la idea de un oleoducto hacia la costa oeste encontró más apoyo que oposición en todas las regiones del país. Entre los que conocen el MOU, el 66% apoya un oleoducto mientras que el 19% se opone.
La encuesta también revela que la mayoría de los canadienses describen el acuerdo como un compromiso valioso en lugar de una traición al progreso ambiental. Más de la mitad del país ve el acuerdo como un movimiento pragmático que podría ofrecer beneficios económicos, incluso si retrocede en algunos compromisos ambientales.
En términos de impacto político, el panorama permanece sin cambios. Los liberales y conservadores están empatados en un 41%, sin movimiento estadísticamente significativo tras el anuncio del MOU. La aprobación del gobierno federal también se mantiene estable, con un 47% aprobando y un 48% desaprobando la labor del gobierno de Carney.
Paralelamente a este proyecto, otra iniciativa de infraestructura energética está en desarrollo. Ontario, Saskatchewan y Alberta firmaron en julio un memorando de entendimiento para explorar el desarrollo de un Corredor Energético Este-Oeste nacional, según informa el Canada West Foundation. Este corredor está concebido para transportar petróleo, gas y otros productos energéticos desde el oeste de Canadá hacia las refinerías en el sur de Ontario, y a puertos nuevos y ampliados en la Bahía de James, la Bahía de Hudson y los Grandes Lagos.
Manitoba se ha negado a unirse a este MOU sin asociaciones en las primeras etapas, ilustrando cómo los diferentes enfoques provinciales hacia la reconciliación pueden crear brechas de gobernanza. "Nuestro gobierno no tratará la consulta como una casilla para marcar después de que se tomen las decisiones", dijo el primer ministro de Manitoba, Wab Kinew. "Creemos que la reconciliación requiere una toma de decisiones compartida desde el principio".
A medida que Canadá entra en esta nueva era de construcción nacional, el equilibrio entre el desarrollo económico, la protección ambiental y los derechos de las Primeras Naciones seguirá siendo un desafío central para el gobierno de Carney y para el futuro energético del país.