La asociación sin límites entre Rusia y China se ha convertido en una relación cada vez más desigual que deja a Moscú vulnerable a las prioridades de Pekín, según revelan datos comerciales y análisis de expertos. Mientras el presidente Vladimir Putin se prepara para reunirse con Xi Jinping en Beijing esta semana, Rusia depende de China para el 90% de sus importaciones tecnológicas sancionadas y ha trasladado más del 99% de su comercio bilateral al yuan, creando nuevas dependencias que limitan la autonomía del Kremlin.