El conflicto desatado en Oriente Próximo tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero de 2026 ha colocado a China en una posición contradictoria, según análisis de expertos internacionales. Mientras Pekín refuerza su imagen de potencia estable frente a Washington, la guerra expone su dependencia crítica del Golfo Pérsico, por donde transita casi la mitad de sus importaciones petroleras y el 31% de su gas natural licuado.