El presidente ruso Vladímir Putin viaja esta semana a Pekín para conmemorar el 25 aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa entre Rusia y China, en un contexto donde Moscú depende cada vez más de su socio asiático tras años de sanciones occidentales. La visita, de perfil bajo comparada con la recepción al presidente estadounidense Donald Trump la semana pasada, evidencia una relación asimétrica donde China dicta los términos pero mantiene cautela para no generar resentimiento en las élites rusas, según analistas internacionales.