Crece la xenofobia contra brasileños en Portugal: de amenazas de muerte a discriminación cotidiana
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Crece la xenofobia contra brasileños en Portugal: de amenazas de muerte a discriminación cotidiana

La comunidad brasileña en Portugal, que representa el 31,4% de los residentes extranjeros con casi medio millón de personas, enfrenta un preocupante aumento de la xenofobia que va desde amenazas explícitas de muerte en redes sociales hasta discriminación en la vida cotidiana, según revelan diversos casos documentados durante 2024.

INTERNACIONAL7 DIC 2025

La xenofobia contra los brasileños en Portugal ha alcanzado niveles alarmantes durante 2024, con casos extremos que incluyen ofertas monetarias por asesinar a miembros de esta comunidad. Según datos de la Agencia para la Integración, Migraciones y Asilo (AIMA), casi medio millón de brasileños residían en Portugal en 2024, cifra que podría ser mayor al no incluir a quienes poseen doble nacionalidad o están en proceso de regularización.

Uno de los incidentes más graves ocurrió a finales de agosto, cuando João Paulo Silva Oliveira, un panadero portugués de 56 años, publicó un video en TikTok ofreciendo 500 euros por cada "cabeza cortada de cuajo por el cuello" de brasileños residentes en Portugal. "A cada portugués que me traiga la cabeza de un brasileño, uno de esos zucas [término despectivo] que viven aquí en Portugal, legales o ilegales, le pago 500 euros", declaraba mientras mostraba billetes desde su automóvil, según recoge El País.

Tras la viralización del video, la panadería de Aveiro donde trabajaba Silva Oliveira lo despidió inmediatamente y emitió un comunicado rechazando "cualquier forma de racismo". Un grupo de 39 abogados presentó una denuncia ante la Fiscalía portuguesa calificando sus palabras como "inmorales, indecentes y peligrosas". El 8 de septiembre, Silva Oliveira fue detenido por la Policía Judicial, aunque quedó en libertad 24 horas después con la prohibición de acceder a redes sociales. Actualmente enfrenta cargos por apología de la violencia e incitación al asesinato.

Este caso no fue aislado. En octubre, Bruno Silva, de 30 años, fue enviado a prisión preventiva por un juez de Lisboa tras ofrecer en la red social X "uno de sus apartamentos en el centro de Lisboa, valorado en 300.000 euros, a quien realice una masacre y extermine al menos 100 brasileños en Portugal". Silva añadió un "bono adicional de 100.000 euros" para quien le entregara la cabeza de Stefani Costa, corresponsal del portal brasileño Opera Mundi que había informado sobre el caso del panadero xenófobo.

Según Costa, esta no era la primera amenaza que recibía de Silva, quien ya la había amenazado anteriormente en 2024. "Una amenaza de muerte es una línea roja que denuncié, pero durante un año no se hizo nada", explicó la periodista. La detención de Silva marca "la primera vez en la historia de Portugal que alguien ingresa en prisión preventiva por incitación al odio y amenazas de muerte en redes sociales", según la reportera.

Las estadísticas confirman el aumento de la discriminación. Entre 2018 y 2022, las denuncias presentadas ante la Comisión para la Igualdad y contra la Discriminación Racial aumentaron un 142%. En 2022, los brasileños presentaron el 34% de todas las denuncias recibidas por esta comisión, siendo la comunidad extranjera que más sufre rechazo o, al menos, la que más lo denuncia.

Ana Paula Costa, presidenta de la Casa do Brasil de Lisboa, una asociación fundada en 1992 para promover la integración de inmigrantes, advierte que las denuncias representan solo "la parte del iceberg que aflora". "La gente tiene miedo de denunciar, siente inseguridad jurídica y desprotección", señala Costa.

El clima hostil hacia los brasileños se refleja también en las encuestas. Según el último barómetro de inmigración de la Fundación Francisco Manuel dos Santos, el 51% de los portugueses cree que debería disminuir el número de brasileños en el país.

La periodista Stefani Costa atribuye parte del problema al discurso político: "El discurso racista sale del Parlamento hacia la calle y no al revés". Tras el ascenso de la ultraderecha liderada por André Ventura, fundador del partido Chega, los mensajes contra extranjeros se han vuelto habituales en debates parlamentarios, televisión y propaganda electoral.

La discriminación afecta especialmente a las mujeres brasileñas, que enfrentan estereotipos sexuales. Amanda Lima, periodista brasileña que llegó a Portugal hace seis años y escribe sobre inmigración en el Diário de Notícias, explica: "Existe un prejuicio creado por el estereotipo de que la brasileña es una mujer fácil. Y eso lo hemos percibido todas en distintos ámbitos como la búsqueda de casa o de empleo".

El idioma, paradójicamente, también es fuente de discriminación. "A nosotros nos dicen que no sabemos hablar portugués y este racismo tiene que ver con un sentimiento nacionalista portugués que teme el empuje de un país más grande como Brasil", reflexiona Lima. Las redes sociales están repletas de videos donde portugueses critican la forma de hablar de los brasileños.

La xenofobia alcanza incluso a los niños. El 10 de noviembre, un alumno brasileño de 10 años perdió las falanges de dos dedos tras ser agredido por compañeros en un colegio de Cinfães. Según la abogada de la familia, Catarina Zuccaro, el niño sufría acoso continuo: "Uno de los niños le decía continuadamente 'habla portugués, estás hablando brasileño'... el niño es negro y se le señalaba como 'el brasileño'", según informaron Carolina de Lima y Lorraine Delorenzo.

El gobierno portugués, liderado por la coalición de Luís Montenegro, ha priorizado la reforma de las leyes migratorias, a veces con tanta premura que ha sobrepasado límites constitucionales. Estas políticas han enviado un mensaje claro: Portugal ya no es un país de brazos abiertos, especialmente para ciudadanos de países lusófonos que antes recibían trato preferencial.

En junio de 2025, la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia pidió a las autoridades portuguesas mayor eficacia en el combate de los delitos de odio. Por su parte, el Consulado General de Brasil en Lisboa ha lanzado una campaña de sensibilización contra la xenofobia.

Alexandra Gomide, presidenta de la asociación luso-brasileña UAI, destaca que las acciones positivas pueden ser efectivas. Cita como ejemplo Braga, donde residen 20.000 brasileños, la mayor concentración relativa del país: "Es la ciudad donde están más integrados y tiene que ver con las acciones concretas de respeto y cuidado que ha desarrollado el Ayuntamiento".

Mientras tanto, los casos individuales de discriminación continúan. Recientemente, el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia confirmó la denegación de residencia temporal por arraigo familiar a un brasileño de 38 años que no pudo demostrar su dependencia económica de su madre, residente en O Porriño y nacionalizada española, según informa Infobae. Este caso, aunque ocurrido en España, refleja las dificultades que enfrentan los brasileños en la península ibérica para regularizar su situación.

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