Cuba se encuentra al borde de lo que expertos llaman la 'hora cero': el agotamiento completo de sus reservas de combustible. Tras más de un mes desde que la administración Trump declaró una emergencia nacional sobre la isla y amenazó con aranceles a países que le suministren petróleo, el país caribeño sobrevive exprimiendo sus últimas gotas de combustible mientras enfrenta apagones de más de 20 horas diarias. Un solo barco ruso con 200.000 barriles de diésel navega lentamente hacia la isla, pero los investigadores advierten que si para finales de marzo no llega combustible, Cuba alcanzará un punto sin retorno.
Nadie sabe quién lo hizo, porque ocurrió en medio de un apagón. Alguien en el barrio Poey de La Habana prendió fuego a un poste eléctrico en un acto de rebeldía y agotamiento, como quien prefiere permanecer en la oscuridad para siempre antes que ver la electricidad regresar gradualmente. Los cubanos han dejado de contar las horas sin electricidad y comenzaron a medir el tiempo por cuánto faltará para que la energía regrese definitivamente.
"La vida se escapa y sientes que no puedes ver con claridad más allá de un solo paso", dice la editora y psicóloga cubana Juliette Isabel Fernández, según el diario El País. "La falta de electricidad no solo sumerge los espacios físicos en la oscuridad, sino que también embota la mente".
La vida se ha reducido al mínimo posible: se escuchan niños gritando mientras juegan en la calle ahora que las escuelas están cerradas; los adultos ya no se levantan para ir a trabajar; la gente camina kilómetros porque no hay transporte; y los empresarios se preguntan entre sí cuánto combustible les queda almacenado. Esa es, de hecho, la pregunta central ahora que la supervivencia de un país se mide en gotas de petróleo.
**El seguimiento satelital de la última esperanza**
Cada día a las 7 de la mañana, Jorge Piñón, experto en energía que lidera un equipo en la Universidad de Texas que rastrea el petróleo cubano, toma su café, se sienta frente a su computadora y abre uno de los sistemas de rastreo satelital. "Por ahora, no hay petroleros en el mar dirigiéndose hacia Cuba, excepto el Sea Horse", dice, según El País.
El Sea Horse es un petrolero ruso que transporta 200.000 barriles de diésel y aparentemente se dirige a la isla ahora que los más de 30.000 barriles de crudo venezolano que solían llegar diariamente —y los más de 17.000 que venían de México— ya no están llegando a Cuba.
En la plataforma de rastreo Marine Traffic, el Sea Horse —que zarpó hace casi dos semanas y se mueve muy lentamente— aparece a unas 1.400 millas náuticas de la costa de la provincia de Matanzas en el océano Atlántico. Los investigadores, que monitorean cada uno de sus movimientos, no están seguros de si el barco podrá entrar a un puerto cubano. "Las preguntas son: ¿Llegará el Sea Horse? Y si llega, ¿lo interceptará la Guardia Costera estadounidense?", dice Piñón.
Cuando la administración Trump declaró una emergencia nacional sobre Cuba el 29 de enero, amenazando con imponer aranceles a los productos de cualquier país que suministre combustible al gobierno de La Habana, algunos afirmaron que a Cuba quizás le quedaban tres semanas antes de su colapso total. Después de más de un mes, eso no ha ocurrido. El país ha estado recurriendo a sus reservas y, según Piñón, "ha estado exprimiendo sus últimas gotas para sobrevivir enero y febrero".
El equipo de expertos, sin embargo, ha emitido un ultimátum: "Si para finales de marzo no vemos la chimenea de un petrolero en el horizonte, Cuba habrá alcanzado la hora cero".
Nadie —ni siquiera los investigadores— sabe qué podría significar esto o cómo podría desarrollarse la situación. "Nunca he visto ni estudiado un país donde desaparezca el 100% del combustible", dice Piñón. En cualquier caso, la hora cero de Cuba no llegará de la noche a la mañana; ya ha comenzado. La zafra azucarera no comenzó este año; apenas queda gas para cocinar; algunas cadenas hoteleras han cerrado y enviado a sus trabajadores a casa; y varias aerolíneas han suspendido sus vuelos por falta de combustible.
"Sin energía, no puede haber economía, ni educación, ni atención médica, ni producción de alimentos", dice Piñón. "Si no tienes ese motor, el resto del país colapsa. Sin energía, no hay país".
**La estrategia de asfixia de Washington**
Y eso es algo que la administración Trump sabe de primera mano: que si remueves una sola pieza de la ya debilitada maquinaria del gobierno cubano, toda la estructura puede venirse abajo. La estrategia de Washington hacia Cuba parece ser diferente —no una guerra como la desatada en Irán, un país con las terceras reservas de combustible más grandes del mundo; ni un ataque como el llevado a cabo en Venezuela, que tiene las mayores reservas del mundo y aproximadamente 2.000 veces más petróleo que Cuba. El enfoque para la isla es de asfixia, como quitarle el respirador a un paciente en soporte vital.
Cuba es también un territorio mucho más fácil de manejar: hoy tiene, como máximo, alrededor de ocho millones de habitantes, agotados después de años de escasez, viviendo en casi 110.000 kilómetros cuadrados, y gobernados por personas que, en esta etapa del naufragio, ni siquiera han logrado mantener a flote la narrativa de la Revolución Cubana. Después de casi 70 años de castrismo, lo que Cuba ofrece a sus ciudadanos es una economía deprimida, inflación superior al 12%, salarios ridículamente bajos y una vida reducida a descubrir cómo asegurar el próximo plato de comida.
Por esa razón, Estados Unidos —contrario a lo que políticos en el sur de Florida y el ala más conservadora de Miami pudieron haber esperado— ha dicho que antes de cualquier cambio político, lo que Cuba necesita es uno económico.
"Dejen de lado por un momento el hecho de que no tiene libertad de expresión, ni democracia, ni respeto por los derechos humanos", dijo el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, en un giro que tomó a muchos por sorpresa, según El País. Mientras fue senador por Florida, el político cubanoamericano criticó cualquier acercamiento con el gobierno cubano que no priorizara el cambio de régimen. Ahora, como mano derecha de Trump, Rubio argumentó que "el problema fundamental de Cuba es que no tiene economía".
La parte cubana reconoció que está dispuesta a entablar diálogo, pero no a discutir su "sistema constitucional". Trump, quien ha insistido en que a Cuba le queda muy poco tiempo, dijo que por ahora su prioridad es Irán. Pero en cierto sentido, su administración ya ha comenzado a dar sus primeros pasos —no solo a través del estrangulamiento económico alrededor de la isla, sino también colocando en manos de los empresarios cubanos responsabilidades que el Estado ya no puede asumir.
**El problema energético estructural**
Alrededor del mediodía del miércoles 4 de marzo, la Unión Eléctrica de Cuba (UNE) confirmó un apagón nacional tras una falla en la planta termoeléctrica Antonio Guiteras en Matanzas. Esto causó la desconexión del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) desde Camagüey hasta Pinar del Río, dejando a más de seis millones de personas sin electricidad. En ese momento, la capacidad disponible del SEN era de aproximadamente 1.180 MW, comparada con una demanda de 2.250 MW. Sin embargo, el problema de escasez eléctrica en Cuba no comenzó este año, ni con el cerco económico de Trump. El país ya se estaba hundiendo en su propia decadencia.
Cuba tiene siete plantas termoeléctricas, además de la planta Guiteras: la planta Máximo Gómez en Mariel; la planta Diez de Octubre en Nuevitas; la planta Carlos Manuel de Céspedes en Cienfuegos; la planta Lidio Ramón Pérez en Felton; la planta Antonio Maceo en Santiago de Cuba; y la planta Ernesto Guevara en Santa Cruz del Norte. Todas comparten un problema común: "Estas plantas termoeléctricas usan crudo cubano", dice Piñón. El experto explica que la planta Guiteras sufrió una fuga en una de sus calderas debido a la corrosión de sus paredes causada por el uso de ese tipo de crudo.
Con una demanda de más de 100.000 barriles de combustible por día, Cuba actualmente enfrenta un déficit de 60.000 barriles. Este combustible solía venir de Venezuela o México, y el gobierno pagaba por él con préstamos o intercambiando médicos, maestros, profesionales del deporte o agentes de inteligencia militar. Este es el diésel que Cuba ahora no tiene para transporte, agricultura e incluso para suministrar el equipo de bombeo necesario para proveer agua a su población. Los 40.000 barriles restantes de la demanda son producidos por la propia Cuba. Este es un crudo pesado, con alto contenido de azufre y otros metales, altamente corrosivo, y usado exclusivamente en plantas termoeléctricas.
Debido al embargo comercial estadounidense de décadas, a Cuba no se le permite exportar crudo para procesamiento en refinerías con una "alta tasa de conversión", dice el experto. Las tres refinerías que tiene en territorio nacional —Ñico López en La Habana, Camilo Cienfuegos en Cienfuegos y Hermanos Díaz en Santiago de Cuba— no pueden procesar crudo tan pesado y viscoso, solo tipos más ligeros.
Los especialistas han advertido que el mayor problema que enfrentan las plantas termoeléctricas de Cuba, después de más de 40 años de servicio, es la falta de mantenimiento mayor que reciben estas estructuras "viejas y obsoletas", dice Piñón. Los expertos estiman que Cuba necesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares durante una década para recapitalizar su sector eléctrico.
Después de las plantas termoeléctricas, la segunda fuente de energía más grande del país son los llamados grupos electrógenos, que Fidel Castro promovió en 2006 como parte de lo que llamó la Revolución Energética. Hoy, la mayoría de ellos están inactivos porque no tienen el combustible diésel necesario para operar. La tercera fuente de electricidad más grande en la isla proviene de fuentes de energía renovable, como eólica, biomasa y solar. Hace dos años, China se comprometió a instalar siete parques fotovoltaicos de 5 MW en seis provincias cubanas. El gobierno cubano también declaró que para 2028 planeaban instalar 92 parques fotovoltaicos, totalizando 2.000 MW de capacidad. Actualmente, el país está construyendo aproximadamente 50 parques solares, cada uno con una capacidad de 21,8 MW.
Sin embargo, según Piñón, para que estas estructuras funcionen, "primero necesitas energía de carga base". "Si no tienes baterías para almacenar energía solar, es complicado". Otra fuente de energía podría ser la industria azucarera, que el experto llama "el gigante dormido". "La caña de azúcar es azúcar, pero también alcohol, etanol como combustible para vehículos y bagazo para generar electricidad. Los ingenios son viejos y nadie trabaja los campos. El año pasado, solo 15 de los 56 ingenios que supuestamente están activos estaban operativos, y ninguno de ellos pudo alcanzar sus objetivos de producción". Cuba, que alguna vez fue el principal exportador mundial de azúcar, tuvo que importar aproximadamente 36,6 millones de dólares en azúcar en 2023.
La combinación de la falta total de combustible y un sistema ya roto —tensionado aún más por las medidas de Trump— ha llevado a la realidad que los cubanos enfrentan hoy: un país paralizado, con cada vez menos turistas, apagones que duran más de 20 horas al día, donde los conductores pagan hasta 1,30 dólares por litro en gasolineras estatales después de esperar hasta 24 horas para repostar, o pagan hasta 5.000 pesos cubanos (casi 10 dólares) en el mercado negro por litro, un precio que hace solo meses era de 400 pesos (unos 70 centavos).
**El sector privado como salvavidas**
Ante esta situación, Rubio anunció que Estados Unidos allanará el camino para aliviar el sufrimiento del pueblo cubano. Esta vez, permitió que las empresas privadas en la isla importen combustible ilimitado desde Estados Unidos para su propio uso. Según el Departamento del Tesoro estadounidense, estas operaciones solo apoyarán "al pueblo cubano" —las transacciones no pasarán por el Estado. Pero la nueva medida ni siquiera comienza a aliviar la escasez de combustible de Cuba.
El 2 de marzo, Aldo Álvarez, propietario de Mercatoria, una empresa que produce y distribuye productos de higiene, limpieza, alimentos y bebidas en Cuba, tuvo que enviar a sus más de 100 empleados a casa, con sus salarios garantizados hasta nuevo aviso. Debido a la escasez de combustible, Álvarez cerró temporalmente la empresa, que abrió en 2021 cuando el gobierno anunció la apertura de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) —una medida que tuvo lugar durante la crisis que culminó en las protestas populares del 11 de julio de ese año.
En 2025, había aproximadamente 9.900 empresas privadas en la isla, empleando a más del 30% de la población. Aunque sus precios a veces están fuera del alcance del cubano promedio, estas empresas se han convertido en la principal fuente de alimentos y otros bienes básicos en un país plagado de escasez. Después del decreto de emergencia de Trump, muchas comenzaron a cerrar o desacelerar las ventas. Según un estudio de Oniel Díaz Castellanos, director de la consultora AUGE, el 78% de las mipymes reportaron una caída en las ventas durante el primer mes de este año.
Sin embargo, a finales de febrero, Mercatoria estaba operando nuevamente, tras el anuncio de que las empresas privadas cubanas podrían comenzar a importar su propio combustible. "Si esta medida no hubiera ocurrido, todos estaríamos cerrados", dice Álvarez, según El País. "La administración nos ha reconocido como un aliado útil y necesario, pero esta medida es solo el primer paso; tenemos que dar otros para llegar a donde necesitamos estar".
Anuncios de gasolina a 1,89 dólares por litro y diésel a 1,98 dólares por litro, enviados desde Miami o Texas, ya han comenzado a circular en redes sociales y grupos de WhatsApp. El combustible llegaría en tanques de 25.000 litros al puerto de Mariel. El pago de los contenedores debe hacerse mediante transferencia bancaria a través de bancos en países no cubanos. Una vez que el empresario se registra con una empresa importadora estatal y hace la compra, el combustible se dispensa en gasolineras de Cuba donde el propietario tiene un contrato de servicio. Los primeros envíos ya han comenzado a llegar a Cuba.
Sin embargo, un estudio de AUGE advierte que el 70% de las mipymes cubanas no pueden importar combustible por su cuenta. "Hacer estas importaciones para satisfacer sus niveles de consumo sería un gran esfuerzo financiero y operativo que no tendría un impacto real", dice la ingeniera Yulieta Hernández Díaz, directora ejecutiva del Grupo Constructor Pilares, que presta servicios en la isla. "Si la autorización se limita solo a grandes importaciones para quienes pueden pagarlas, esto deja a muchas empresas privadas en una situación crítica. Somos una de esas empresas que no ve la viabilidad de importar combustible".
Durante los primeros años de la Revolución Cubana, el liderazgo del país nacionalizó empresas, efectivamente confiscando todo tipo de propiedades de extranjeros y particulares, declarando así a la empresa estatal socialista como el principal actor de la economía cubana. Con el tiempo, aunque reacio a abrazar completamente la propiedad privada, el país tuvo que hacer algunas concesiones para hacer frente a la crisis económica.
"El gobierno cubano siempre ha visto al sector privado como un mal necesario. Lo necesitan; se dan cuenta de que las empresas privadas son mucho más ágiles para resolver problemas o tomar decisiones, pero en la práctica, siempre lo ven como una amenaza. Si tienes un actor que acumula dinero y recursos y gana influencia, ese actor eventualmente puede comenzar a desafiarte políticamente", dice el economista Ricardo Torres, ex investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana y profesor en American University en Washington, según El País. Hace apenas unos días, Cuba anunció, por primera vez en casi 70 años, permisos para la creación de asociaciones público-privadas.
Ese es el sector al que la administración de Donald Trump —después de que Barack Obama diera los primeros pasos durante la restauración de relaciones diplomáticas con La Habana— está hablando, y al que está entregando el combustible para que la isla no alcance el colapso total.
Para muchos, es una estrategia como parte de una negociación que, incluso hoy, no está clara para muchas personas. "Lo que Trump está haciendo es reducir la presencia del Estado en la economía", dice Torres. Aunque pueda parecer que nada está cambiando, muchas cosas parecen estar moviéndose.