Estonia, Letonia y Lituania enfrentan una creciente cantidad de incursiones de drones ucranianos en su espacio aéreo, desviados por interferencia electrónica rusa mientras atacan infraestructura petrolera cerca del Mar Báltico. Los incidentes han provocado la caída del gobierno letón, el cierre del aeropuerto de Vilna y el despliegue de cazas de la OTAN para derribar drones, mientras Moscú acusa falsamente a los países bálticos de permitir ataques desde su territorio y amenaza con represalias.