El flujo de tibetanos que escapan hacia India y Nepal ha colapsado de más de 12.000 personas entre 1995 y 1999 a apenas 81 en los últimos cinco años, según datos de la Administración Central Tibetana en Dharamsala. El desplome refleja el endurecimiento del control de Beijing sobre el Tíbet mediante vigilancia tecnológica masiva, refuerzo fronterizo y presión diplomática sobre Nepal, dejando a la comunidad en el exilio sin el flujo de información y personas que sostenía su identidad cultural y legitimidad política.