

El pontífice aterrizó este domingo en Beirut, donde afirmó que la creación de un Estado palestino es 'la única solución' al conflicto con Israel, a pesar de que 'Israel todavía no acepta esta situación'. Durante su visita, que ha provocado una pausa temporal en las hostilidades, el Papa llamó a los libaneses a ser 'constructores de paz' en un país marcado por décadas de violencia.
El papa León XIV ha aterrizado este domingo en Líbano con un mensaje contundente dirigido a Israel: 'La Santa Sede apoya públicamente desde hace varios años la propuesta de una solución de dos Estados. Sabemos que en este momento Israel todavía no acepta esta situación, pero lo vemos como la única solución al conflicto [con Palestina] que continuamente viven', según declaró a los periodistas durante el vuelo que le llevó de Estambul a Beirut, tras completar la etapa turca de su primer viaje internacional.
El Pontífice, primer Papa estadounidense de la historia, llegó al aeropuerto de la capital libanesa hacia las 15:30 hora local (14:30 en España peninsular), donde fue recibido por el presidente libanés Joseph Aoun y su esposa Nehmat Nehmeh, según informaron medios internacionales.
Tras ser escoltado por cazas libaneses, León XIV recorrió las calles de Beirut hasta el palacio presidencial, primero en coche y luego en papamóvil totalmente cubierto por cristales, siendo esta la primera vez que utiliza este vehículo en un viaje internacional, ya que no lo hizo durante su estancia en Turquía.
Miles de personas, entre ellos numerosos jóvenes y niños, aclamaron al Papa a lo largo del recorrido en un ambiente festivo a pesar de la lluvia. Entre la multitud se podían ver cientos de banderas vaticanas y algunas amarillas de Hezbolá, según reportó El País.
En su discurso ante las autoridades y representantes de la sociedad civil libanesa, pronunciado en inglés, León XIV evitó referencias políticas directas y se centró en un mensaje humanista: 'Aquí la paz es un deseo y una vocación, es un don y una obra en constante construcción', afirmó, llamando a los libaneses a ser 'constructores de paz'.
El Papa llega a un Líbano inmerso en un conflicto con Israel desde hace dos años, cuando la milicia proiraní Hezbolá atacó al país vecino 'en solidaridad' con la ofensiva lanzada por Hamás desde Gaza. Aunque existe una tregua desde hace un año, esta solo funciona sobre el papel, pues Israel exige el desarme de Hezbolá, tal como marca el acuerdo de alto el fuego, y bombardea frecuentemente el sur del país. El último ataque ocurrió el domingo pasado, cuando Israel lanzó misiles en Beirut que mataron al número dos de Hezbolá y a otras cuatro personas, según la información proporcionada por El País.
Ante la visita papal, tanto Hezbolá como Israel han enviado mensajes. La milicia proiraní difundió un comunicado dando la bienvenida al Pontífice: 'Aprovechamos esta bendita visita al Líbano para reafirmar nuestro compromiso con la coexistencia pacífica, la democracia consensuada, la preservación de la seguridad y la estabilidad internas, y la salvaguardia de nuestra soberanía nacional, apoyando a nuestro ejército y pueblo contra cualquier agresión u ocupación de nuestra tierra y país'. En un mensaje más directo a León XIV, añadieron: 'Confiamos en la postura de Su Santidad al rechazar la injusticia y la agresión infligidas a nuestra patria por los invasores sionistas y sus partidarios'.
Por su parte, la televisión pública israelí informó que el ejército 'ha ajustado sus procedimientos militares en línea con la visita programada del Papa a Beirut', lo que se interpreta como una pausa en las hostilidades durante los dos días de la visita papal.
Las relaciones entre la Santa Sede e Israel se han deteriorado en los últimos meses, especialmente después de que el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, calificara la ofensiva en Gaza como una 'carnicería'. Aunque el diálogo parecía haberse restablecido tras la frialdad durante el mandato del Papa Francisco, con la llegada de León XIV en mayo surgieron nuevos obstáculos, como el ataque israelí a la parroquia católica de Gaza en julio, que causó tres muertos y nueve heridos. En aquella ocasión, Parolin manifestó que se podía 'legítimamente dudar' de que hubiera sido 'verdaderamente un error'.
En su discurso en Beirut, León XIV también abordó las heridas históricas del país: 'Hay heridas personales y colectivas que requieren largos años, a veces generaciones enteras, para poder sanar. Si no se curan, si no se trabaja, por ejemplo, en la sanación de la memoria, en un acercamiento entre quienes han sufrido agravios e injusticas, es difícil avanzar hacia la paz'.
Líbano es un país donde conviven cristianos (actualmente un 32%) y musulmanes, que hasta los años setenta era conocido como la 'Suiza de Oriente Próximo' y que posteriormente entró en décadas de violencia, con una guerra civil hasta 1991, invasiones de sus vecinos Siria e Israel, atentados a autoridades y la presencia desde 1982 de Hezbolá. Además, Beirut sufrió en 2020 una devastadora explosión de material químico en su puerto que mató a 218 personas y dejó 7.000 heridos.
El presidente libanés, Joseph Aoun, en su intervención, aseguró al Papa: 'Santo Padre, le imploramos que diga al mundo que no moriremos, no nos iremos, no desesperaremos, no nos rendiremos. Seguiremos aquí, respirando libertad'.
Durante su breve rueda de prensa en el avión, el Papa también se refirió a la guerra de Ucrania, destacando el papel mediador que puede desempeñar Turquía: 'Ya hace unos meses el presidente Erdogan ayudó mucho a convocar las dos partes, con la posibilidad de diálogo entre Ucrania y Rusia. Todavía no hemos visto una solución, por desgracia, pero hoy de nuevo hay propuestas concretas para la paz'. León XIV expresó su esperanza de que el líder turco 'pueda ayudar a promover un diálogo, un alto el fuego y ver cómo resolver este conflicto'.
Sobre su visita a Turquía, centrada principalmente en encuentros con la Iglesia ortodoxa, el Pontífice anunció que han acordado 'futuros encuentros posibles'. El más importante, aunque lejano, será en 2033 en Jerusalén, cuando se cumplirán '2.000 años de la redención, de la resurrección de Jesucristo, que evidentemente es un evento que todos los cristianos queremos celebrar'.