

Keir Starmer rechaza dimitir como primer ministro del Reino Unido pese a que al menos 86 diputados laboristas exigen su salida tras la debacle electoral del 7 de mayo, cuando el Partido Laborista sufrió una derrota histórica frente a la ultraderecha de Nigel Farage y Los Verdes. Cuatro miembros de su Gobierno han dimitido este martes, mientras más de 100 parlamentarios firman un manifiesto de respaldo al mandatario, quien argumenta que nadie ha activado el mecanismo formal para forzar primarias y que su salida sumiría al país en el caos.
El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta la mayor crisis política de su mandato tras negarse a dimitir pese a la creciente presión interna en el Partido Laborista. Al menos 86 diputados laboristas han pedido públicamente su renuncia o que establezca un calendario para su salida, según el recuento de medios británicos, superando el umbral del 20% de parlamentarios necesario para activar primarias según los estatutos del partido.
La crisis se desencadenó tras las elecciones municipales de Inglaterra y las autonómicas de Escocia y Gales celebradas el 7 de mayo, en las que el laborismo perdió cerca de 1.500 escaños en Inglaterra y pasó a ser tercera fuerza política en Gales, un histórico feudo laborista, según RTVE. La ultraderecha de Reform UK, liderada por Nigel Farage, y el Partido Verde fueron los grandes vencedores de los comicios.
En una reunión del gabinete celebrada este martes por la mañana en Downing Street, Starmer se mostró desafiante y rechazó dimitir. "Las últimas 48 horas han sido muy desestabilizadoras para el Gobierno y han tenido un coste real para nuestro país y para las familias", advirtió el primer ministro a sus ministros, según explicó un portavoz de Downing Street. "El país espera que nos centremos en gobernar. Eso voy a hacer, y eso debemos hacer como Gabinete", añadió.
Starmer argumentó que no dimitiría porque nadie ha activado aún en el Partido Laborista el mecanismo formal para forzar unas primarias, porque su Gobierno sigue en vigor, porque tiene el mandato de las urnas de julio de 2024 cuando ganó las elecciones generales, y porque la situación económica y geopolítica actual no merece esta inestabilidad, según El País.
Los mercados mostraron su nerviosismo ante la inestabilidad política. La deuda pública británica a 30 años escaló hasta su tipo de interés más alto desde 1998, alcanzando el 5,79%, según El País.
Al menos dos miembros de alto rango del Gabinete, la ministra del Interior Shabana Mahmood y la de Exteriores Yvette Cooper, se habían reunido personalmente con Starmer horas antes de la reunión del gabinete para pedirle que se echara a un lado y preparara su retirada, según El País y RTVE.
Cuatro miembros del Gobierno presentaron su dimisión a lo largo del martes. La primera fue Miatta Fahnbulleh, vicesecretaria de Estado para los Gobiernos Autónomos, la Fe y las Comunidades Locales, quien anunció su renuncia minutos antes de la reunión del gabinete. "No hemos actuado con la visión, el ritmo y la ambición que nuestro mandato para el cambio exigía", reprochó Fahnbulleh a Starmer en su carta de dimisión, según El País.
El golpe más certero llegó a primera hora de la tarde con la dimisión de Jess Phillips, vicesecretaria de Estado para la Protección de Mujeres y Niñas. Aunque su puesto no es importante en la jerarquía gubernamental, la figura de Phillips es muy relevante en el partido. "Quiero un Gobierno laborista que funcione, y que luche por tener éxito y popularidad. No veo el cambio que tanto el país como yo misma esperábamos. No puedo seguir en el Gobierno bajo el actual liderazgo", escribió Phillips en su carta de dimisión, según El País.
Poco después presentó su dimisión Alex Davies-Jones, secretaria de Estado para la Violencia contra Mujeres y Niñas. "Es tiempo de tomar medidas audaces y radicales. Sé que eres un hombre bueno y honesto", escribió en su carta de renuncia a Starmer. "Pero te imploro a que, por el interés del país, fijes un calendario para tu retirada", añadió, según El País.
Finalmente, Zubir Ahmed, vicesecretario de Estado de Salud e Innovación y diputado por Escocia, presentó también su renuncia, criticando la "falta de un liderazgo basado en valores en el centro", según RTVE.
La estrategia de Starmer se centra en retar a sus rivales a activar formalmente el mecanismo de primarias. Al finalizar la reunión de ministros, el titular de Vivienda Steve Reed, uno de sus más leales colaboradores, secundó el desafío: "Esto no es un juego. La inestabilidad política tiene consecuencias en la vida de las personas. Los más perjudicados de todo esto serán los que nos votaron hace dos años. Debemos permanecer unidos tras el primer ministro", afirmó, según El País.
Otros tres ministros, Pat MacFadden de Pensiones, Peter Kyle de Negocios y Liz Kendall de Ciencia, respaldaron también la continuidad de Starmer. El resto de ministros rehuyó a la prensa al salir, quedando clara la división interna en el seno del Gobierno, según El País.
A media tarde, más de 100 diputados firmaban un manifiesto de respaldo a Starmer y a su continuidad, para contrarrestar a los más de 80 que habían pedido su dimisión, según El País. "La semana pasada tuvimos unos resultados electorales duros. Este no es el momento para una contienda por el liderazgo", afirmaron los simpatizantes, según El Mundo.
David Lammy, ministro de Justicia y viceprimer ministro, compareció ante los medios para resumir la estrategia de resistencia: "Los únicos que se están beneficiando al ver cómo el Partido Laborista se mira el ombligo son Nigel Farage y la derecha populista", dijo. "Starmer fue elegido para un mandato de cinco años. Pido a mis colegas que den un paso atrás, respiren hondo, y tengan en cuenta que, en las últimas horas, nadie ha querido dar el paso adelante y presentarse como candidato para liberar el partido. Los que sugieren al primer ministro que dimita, que digan quién debe sustituirle", retó Lammy, según El País.
Los estatutos del Partido Laborista establecen que se requiere un mínimo de 81 diputados, el 20% del grupo parlamentario de 403 miembros, para forzar unas primarias en las que Starmer puede figurar entre los candidatos y optar por la reelección, según El Mundo y RTVE.
El primer ministro anunció el lunes que tenía toda la intención de seguir al frente del Gobierno y advirtió a sus compañeros de partido que pagarían un alto precio si se enredaban en las mismas guerras fratricidas que tuvieron los anteriores gobiernos conservadores. "Los votantes no nos lo perdonarían", les dijo, según El País.
Starmer llegó al poder en julio de 2024 con una victoria aplastante, pero su popularidad ha caído en picado. Según la última encuesta de YouGov, el 70% de los encuestados valora su gestión al frente del Ejecutivo como "mala", según RTVE.
Este miércoles tiene lugar la solemne ceremonia del Discurso del Rey en el Parlamento, en la que Carlos III leerá ante miembros de ambas cámaras el programa legislativo del Gobierno para el próximo periodo de sesiones. Nadie quiere reventar una ceremonia tan relevante con la figura del monarca de por medio. Starmer utilizará el momento para airear sus nuevos proyectos, en un nuevo intento de convencer a los suyos de que va a acelerar el ritmo del cambio que le exigen, según El País.
El ministro de Sanidad, Wes Streeting, se reunirá este miércoles por la mañana con Starmer antes de la ceremonia del Discurso del Rey. No están previstas declaraciones de ninguno, pero el encuentro sugiere que estén negociando una salida a la situación de impasse, según El País.
La mayoría de los diputados rebeldes han pedido una "transición ordenada", que llevaría a la elección de un nuevo líder en el congreso del partido previsto para septiembre. Esta demora tendría una razón concreta: permitir que se abra el proceso necesario para que el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, representante de la izquierda moderada laborista, pueda presentarse a una elección parcial en alguna circunscripción fácil de conquistar y logre así el escaño que necesita obligatoriamente para aspirar al liderazgo del partido, según El País.
Burnham actualmente no puede presentarse a ninguna contienda al no ser parlamentario, ya que abandonó su escaño en 2017 para convertirse en alcalde. En enero, el partido, con el voto del primer ministro, impidió a Burnham presentarse a las elecciones parlamentarias, alegando la dificultad que supondría sustituirle en la alcaldía de Mánchester, según RTVE.
Frente a Burnham, el actual ministro de Sanidad Wes Streeting, que encarna el ala derecha de la formación, quiere acelerar el proceso para frenar el paso a Burnham. Sus rivales ven la mano del ministro detrás de la maniobra acelerada del lunes, según El País.
Otras opciones que se barajan para un escenario en el que el alcalde de Mánchester no pudiera presentarse serían Angela Rayner, ex viceprimera ministra que salió del Gobierno por sus problemas con Hacienda, y el actual ministro para el Cambio Climático Ed Miliband, que ya estuvo al frente del partido hace más de una década y acabó fracasando en su empeño, según El País. El periódico The Times informó que Miliband ha comunicado a sus compañeros que está preparado para presentarse.
Según un análisis de Sky News, si se extrapolan los resultados de las elecciones locales a unas elecciones generales, el partido ultranacionalista Reform UK quedaría cerca de la mayoría absoluta en el Parlamento y podría gobernar sin problemas con el respaldo del Partido Conservador. No habría ninguna manera de que las fuerzas de izquierda o de centroizquierda pudieran mantener el poder, según El Mundo.
En 2022, cuando Boris Johnson, el controvertido ex primer ministro conservador, sabía ya que sus diputados habían decidido enviarlo a la guillotina políticamente hablando, dijo aquello de "cuando la manada se mueve, la manada se mueve". La manada laborista se movió el lunes a velocidad de vértigo, según El País.
En el Partido Conservador británico, echar al primer ministro es muy sencillo, lo que explica la cascada de tres jefes del Gobierno en los 22 meses que van de septiembre de 2022 a julio de 2024. En el Laborista, es casi imposible. Paradójicamente, fue ese complejo procedimiento lo que salvó en 2016 el liderazgo de Jeremy Corbyn, el líder de la izquierda del partido. Una década más tarde, eso está jugando en favor de su némesis, Keir Starmer, según El Mundo.
Starmer ha actuado más como el abogado y fiscal de éxito que fue durante gran parte de su vida que como el político que es desde hace una década, aferrándose a los hechos y a la norma para intentar sobrevivir, según El País. El primer ministro se ha recluido en su oficina y ha rehuido cualquier conversación con los ministros rebeldes, intentando ganar tiempo hasta que pase la ceremonia del Discurso del Rey.