El tusi: la droga de diseño que revoluciona el narcotráfico con su estrategia de marketing
Una sustancia psicoactiva conocida como tusi, originada en Colombia a finales de la década del 2000, ha transformado el mercado de las drogas sintéticas con su enfoque de marketing, presentaciones personalizadas y distribución descentralizada. Compuesta principalmente por ketamina y MDMA, esta droga ha generado preocupación entre expertos por sus riesgos para la salud y su creciente popularidad entre jóvenes.
El tusi, cuyo nombre deriva de la pronunciación castellanizada del 2C-B (una droga sintética), representa un fenómeno disruptivo en el mundo del narcotráfico. Según análisis de la organización colombiana Échele Cabeza, se trata de un coctel de múltiples sustancias empacado en pequeñas bolsas con presentaciones que varían en colores, sabores y hasta ediciones especiales, donde quien lo consume nunca tiene certeza sobre su composición exacta.
Aunque las variaciones del tusi pueden ser infinitas, sus ingredientes principales suelen ser ketamina (un anestésico) y MDMA o éxtasis (un estimulante), de acuerdo con un informe de 2023 del Servicio de Análisis de Sustancias de Échele Cabeza. Sin embargo, la mezcla puede contener una amplia variedad de otras sustancias tanto legales como ilegales, desde sacarosa, lactosa, cafeína y acetaminofén, hasta opioides, viagra y metanfetaminas.
El historiador colombiano Enrique La Rotta, autor del libro "Tenebrismo químico: Estado y crítica de la razón del tusi", explica que esta droga surgió en el contexto de las fiestas de guaracha, un género de música electrónica que apareció entre 2007 y 2008 en fincas a las afueras de Medellín y ciudades del eje cafetero colombiano. No obstante, se trata de un fenómeno binacional, ya que tanto la guaracha como el tusi están vinculados desde sus orígenes a México, cobrando fuerza gracias a "un circuito de DJs entre Colombia y México".
Una de las características más distintivas del tusi es su presentación como "droga de autor". Cada dealer o "cocinero" desarrolla su propia receta, convirtiendo cada fórmula en un secreto bien guardado, similar a la industria de la perfumería. Entre las múltiples combinaciones han surgido "ediciones especiales" bajo sellos como 'Calvin Klein' o 'Coco Chanel'. Esta última variante, según un análisis reciente de Échele Cabeza, no es más que "un tusi blanco con olor a coco y un toque de cafeína".
El nombre 'Coco Chanel' cobró relevancia mediática tras el asesinato del DJ colombiano Jorge Luis Herrera Lemos (DJ Regio Clown) y del cantante de música urbana Bayron Sánchez Salazar (B-King), cuyos cuerpos desmembrados fueron encontrados en México en septiembre de 2025. La principal línea de investigación de las autoridades mexicanas apunta a una retaliación por parte de cárteles mexicanos ante la presunta iniciativa de los intérpretes de competir en el mercado de drogas bajo la firma 'Coco Chanel'.
El mayor éxito de marketing del tusi ha sido su presentación en color rosado (aunque ahora existen variantes en otros colores), diferenciándose así de los polvos blancos tradicionalmente asociados con drogas como la cocaína. Según La Rotta, este cambio de color y el misterio sobre su composición hacen que consumir tusi deje de ser una experiencia ruda y adulta, convirtiéndose en "un acto que nos devuelve a la infancia y niega nuestra capacidad de decidir".
Mauro Díaz, químico y coordinador del servicio de análisis de Échele Cabeza, advierte que "es muy difícil que un control de las autoridades pueda detener este mercado". A diferencia de drogas como la cocaína, que requiere extensas plantaciones y laboratorios en zonas rurales, el tusi puede prepararse con pocos ingredientes en cualquier vivienda urbana, desplazando la producción del campo a las ciudades en un proceso anárquico y descentralizado.
La distribución del tusi funciona bajo la lógica de un emprendimiento moderno: hay promociones, ediciones especiales, servicio a domicilio, y los pedidos se realizan generalmente a través de WhatsApp. No es un mercado callejero sino personalizado, donde los usuarios se fidelizan con determinadas "marcas" y proporcionan retroalimentación a sus proveedores.
Los expertos advierten sobre graves consecuencias para la salud. "Toda esa generación que está oliendo polvo rosado todos los fines de semana, a ritmo de reguetón, guaracha y música electrónica, en unos años va a estar orinando sangre", alerta La Rotta. El daño a la vejiga es una de las potenciales consecuencias físicas de la ketamina, mientras el MDMA puede causar daños neurológicos. Échele Cabeza señala que mezclas como 'Coco Chanel' "pueden ser potentes y estimulantes, aumentando los riesgos de sobreestimulación, deshidratación, náuseas, taquicardia y bajones intensos".
Paradójicamente, La Rotta señala que la ketamina, uno de los componentes principales del tusi, tiene propiedades terapéuticas cuando se usa de forma controlada. "Se ha demostrado que una sola dosis podría reducir las ideaciones suicidas por una semana, principalmente en pacientes que vienen de una crisis", explica. Esto convierte al tusi en "casi un remedio psiquiátrico casero que mantiene a jóvenes a flote semana por semana" en lo que el autor describe como "sociedades hiperconsumistas e hiperdeprimidas".
El fenómeno del tusi refleja también una crisis de sentido entre las nuevas generaciones. "Venimos de una pandemia, que surgió cuando se estaba cocinando la crisis económica. Estudiar y trabajar no te garantiza absolutamente nada. Y mi generación es muy: vamos a viajar, vamos a consumir, a vivir esta vida intensamente, puesto que el futuro no nos promete nada", explica La Rotta.
Mientras tanto, en el norte de México, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha detectado un corredor de drogas sintéticas donde Sinaloa, Baja California y Sonora lideran en incautaciones de metanfetamina y fentanilo. Según datos proporcionados a El Universal vía transparencia, de enero a octubre de 2025, la administración de Claudia Sheinbaum ha registrado 49,455 kilos de metanfetaminas y 554 kilos de fentanilo, cifras superiores a todo el año 2024.
Expertos como Carlos Hernández, director de la firma Nzaya especializada en prevención de lavado de dinero, consideran que el aumento en las incautaciones responde a la presión bilateral con Estados Unidos para intensificar acciones contra drogas sintéticas. Sin embargo, advierte que estas acciones no necesariamente se traducen en un debilitamiento estructural de los grupos criminales.
El fenómeno del tusi y la proliferación de otras drogas sintéticas representan un desafío creciente para las autoridades, no solo por su producción descentralizada sino también por las sofisticadas estrategias de marketing que emplean para atraer a nuevos consumidores, convirtiendo lo que antes era un mercado clandestino en un modelo de negocio adaptado a las dinámicas de consumo contemporáneas.


