Estados Unidos combina presión económica y negociaciones secretas con Cuba para forzar cambio de régimen
Internacional

Estados Unidos combina presión económica y negociaciones secretas con Cuba para forzar cambio de régimen

La administración de Donald Trump mantiene una estrategia dual hacia Cuba que combina un bloqueo energético intensificado y amenazas de intervención militar con conversaciones secretas de alto nivel lideradas por el secretario de Estado Marco Rubio, según revelan declaraciones públicas del propio presidente estadounidense. La estrategia busca como mínimo un acuerdo económico y, en el mejor escenario para Washington, un cambio de régimen en la isla.

INTERNACIONAL6 ABR 2026

Washington despliega una estrategia de doble vía hacia Cuba que combina presión económica extrema con negociaciones secretas, según ha confirmado la propia Casa Blanca. Por un lado, Estados Unidos mantiene un embargo energético y amenazas de intervención militar. Por otro, lleva a cabo conversaciones tras bambalinas reconocidas por ambas partes, según reporta El País.

La estrategia de la Casa Blanca busca, como mínimo, un acuerdo económico que abra la puerta a un deshielo entre los dos adversarios históricos. Sin embargo, también contempla, en palabras del secretario de Estado Marco Rubio, que puede haber una "oportunidad" para un cambio de régimen, según las fuentes. Tal resultado representaría una victoria política importante para la administración en un momento en que su otra gran apuesta de política exterior —la guerra en Irán, tras la intervención en Venezuela— se complica cada vez más.

La estrategia ha producido algunos resultados. El jueves pasado, el gobierno de Castro anunció la liberación de 2.010 prisioneros, la mayor en una década y la segunda desde que la administración Trump comenzó a apretar el cerco sobre la isla, según El País.

La Casa Blanca reitera repetidamente su convicción de que los líderes cubanos "necesitan llegar a un acuerdo". "Cuba es una nación fallida cuyos gobernantes han sufrido un revés importante con la pérdida de apoyo de Venezuela y la interrupción de los envíos de petróleo desde México", dijo un funcionario de la Casa Blanca.

Trump alterna entre un tono de línea dura y otro más paternalista, a veces dentro del mismo discurso. La semana pasada, en un foro de inversión saudí en Miami, alardeó sobre la fuerza del ejército estadounidense. "A veces hay que usarlo", dijo, añadiendo inmediatamente: "Y Cuba es la siguiente, por cierto, pero finjan que no dije eso, por favor". En un discurso separado el 16 de marzo, Trump predijo que tendría "el honor de tomar Cuba".

Sin embargo, la semana pasada pareció girar hacia el ablandamiento de sus medidas ante la gravedad de la crisis humanitaria, diciendo que no tenía "ningún problema" en permitir que un petrolero ruso que transportaba 730.000 barriles de petróleo atracara en el puerto cubano de Matanzas. Su portavoz, Karoline Leavitt, señaló la semana pasada que la administración revisará la posibilidad de futuras llegadas "caso por caso".

Cuando Trump regresó a la Casa Blanca para un segundo mandato, advirtió que tenía a La Habana en su punto de mira. La mera elección de su secretario de Estado fue en sí misma una declaración de intenciones: Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y criado en los círculos anticastristas de línea dura de Miami, ha hecho de la lucha contra el régimen cubano la ambición central de su carrera política. Inmediatamente después de que ambos asumieran el cargo, la administración estadounidense reanudó una campaña de máxima presión, ampliando las sanciones de viaje y económicas y designando nuevamente a la isla como estado patrocinador del terrorismo.

La pista más clara de su hoja de ruta llegó el 3 de enero, cuando la Operación Resolución Absoluta capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas. Ese mismo día, en una conferencia de prensa, Trump advirtió: "Cuba va a ser algo de lo que terminaremos hablando, porque Cuba es una nación en quiebra ahora mismo".

Desde entonces, Trump se ha referido regularmente al país vecino, separado de la costa de Florida por apenas 90 millas de mar. Siempre con un mensaje similar: el régimen se estaba quedando sin salvavidas. Sin el petróleo suministrado por Venezuela —que había servido como salvavidas durante la peor crisis económica en décadas— su economía carecía de los recursos para funcionar. Y por lo tanto, el gobierno eventualmente caería a menos que negociara algún tipo de salida con Washington e implementara "cambios dramáticos, muy pronto". En febrero, lo resumió en una sola línea: "Tal vez tengamos una toma amistosa de Cuba".

Trump ha estado tan confiado en que el régimen de Castro estaba a punto de caer como una fruta demasiado madura que insistió repetidamente en que no sería necesaria ninguna intervención militar del tipo ordenada en Venezuela. Cuba, reconoció su administración, es un modelo diferente al régimen de Caracas. Su cohesión interna es mucho más fuerte —la gran mayoría de los disidentes han abandonado la isla— y su ejército está mejor preparado. Y a través de sus empresas estatales, especialmente el gran conglomerado GAESA, se beneficia económicamente de las operaciones del régimen.

Su estrategia ha operado en dos niveles. Por un lado, ha aumentado la presión económica sobre el régimen, sobre todo mediante la imposición de un bloqueo energético. El 29 de enero, declaró una emergencia sobre Cuba, argumentando que representaba una amenaza para la seguridad nacional estadounidense, y en consecuencia autorizó la posibilidad de sanciones secundarias contra cualquier país que intentara suministrar combustible a la isla.

El flujo de energía fue casi completamente cortado. Casi. Unas semanas después, Washington aprobó ciertas excepciones para el sector privado de Cuba. Marco Rubio explicó el razonamiento: la presión no debería ser tan intensa como para desencadenar una nueva ola de refugiados que huyan a Florida, como sucedió en la década de 1990 durante la crisis de los balseros cubanos.

Por otro lado —tal como hizo la administración Obama en 2013 y 2014 para abrir un breve período de normalización entre los dos países— la administración Trump ha abierto conversaciones secretas con La Habana. O no tan secretas, en este caso. El propio Trump las ha revelado en varias declaraciones a la prensa. Según él, fueron conversaciones de alto nivel, lideradas por el propio Rubio.

"El gobierno cubano está hablando con nosotros. No tienen dinero. No tienen nada ahora mismo. Pero están hablando con nosotros, y tal vez tengamos una toma amistosa de Cuba. Muy bien podríamos terminar teniendo una toma amistosa de Cuba", dijo el día antes de lanzar la ofensiva israelí-estadounidense contra Irán el 28 de febrero.

Con quién exactamente han estado hablando es algo que Washington nunca ha querido revelar abiertamente. Pero Trump —quien en ocasiones ha sugerido que participó personalmente en los contactos— siempre ha indicado que involucraban a personas en posiciones de alto rango en el gobierno cubano.

Los medios estadounidenses sugirieron inicialmente que Washington podría estar hablando con Alejandro Castro Espín, hijo del nonagenario Raúl Castro y figura clave en las conversaciones secretas con la administración Obama que llevaron a la restauración de las relaciones diplomáticas y abrieron un breve período de distensión entre los dos países vecinos, largamente hostiles.

Reportes posteriores apuntaron en cambio a Raúl Guillermo Rodríguez Castro —conocido como El Cangrejo— el guardaespaldas del expresidente y nieto favorito. Según el Miami Herald, Rubio habló con él mientras estaba en San Cristóbal y Nieves para asistir a la cumbre anual de la Comunidad del Caribe (Caricom) a finales de febrero.

En la cumbre Escudo de las Américas con una docena de líderes latinoamericanos de derecha a principios de marzo, Trump volvió al tema de Cuba por tercera vez en otros tantos días. "Mientras logramos una transformación histórica en Venezuela, también estamos mirando hacia el gran cambio que pronto llegará a Cuba", prometió, obteniendo aplausos de los líderes reunidos. Cuatro de ellos, dijo, habían planteado la situación en la isla para pedirle que provocara un cambio.

Rubio, quien lidera las negociaciones, resumió los objetivos de la siguiente manera: "La economía de Cuba necesita cambiar, y su economía no puede cambiar a menos que su sistema de gobierno cambie. Es así de simple", dijo en París la semana pasada después de participar en una cumbre de ministros de Relaciones Exteriores del G7.

Añadió: "Su sistema de gobierno tiene que cambiar porque nunca podrán desarrollarse económicamente sin esos cambios. El cambio económico es importante. Dar a las personas libertad económica y política es importante, pero van de la mano".

La estrategia estadounidense representa un giro significativo en las relaciones bilaterales entre Washington y La Habana, que han estado marcadas por décadas de hostilidad desde la Revolución Cubana de 1959. La combinación de presión económica extrema mediante el bloqueo energético y las conversaciones diplomáticas secretas refleja un enfoque calculado para forzar concesiones del gobierno cubano sin recurrir necesariamente a una intervención militar directa.

La situación económica de Cuba se ha deteriorado significativamente tras la pérdida del apoyo venezolano, que durante años proporcionó petróleo subsidiado a la isla. La interrupción de estos suministros, combinada con las sanciones estadounidenses intensificadas, ha dejado a Cuba en una posición económica precaria, lo que Washington interpreta como una oportunidad para presionar por cambios políticos fundamentales.

La liberación de más de 2.000 prisioneros por parte del gobierno cubano sugiere que La Habana está respondiendo a la presión estadounidense, aunque no está claro hasta qué punto está dispuesta a ceder en cuestiones fundamentales de soberanía y sistema político. La decisión de permitir el arribo del petrolero ruso con 730.000 barriles de petróleo, aunque presentada como una concesión humanitaria, también indica que Washington está calibrando cuidadosamente el nivel de presión para evitar una crisis migratoria que afectaría directamente a Florida.

El papel de Marco Rubio como secretario de Estado es particularmente significativo en este contexto. Su historia personal como hijo de inmigrantes cubanos y su trayectoria política centrada en la oposición al régimen de Castro lo convierten en una figura clave en la implementación de esta estrategia. Su liderazgo en las negociaciones secretas sugiere que la administración Trump está apostando por su conocimiento del contexto cubano y sus conexiones con la comunidad cubanoamericana para lograr sus objetivos.

Las implicaciones de esta estrategia se extienden más allá de Cuba. El éxito o fracaso del enfoque de Trump hacia la isla podría influir en su política hacia otros países de la región y en la percepción internacional de la capacidad de Estados Unidos para lograr cambios de régimen mediante una combinación de presión económica y diplomacia. La situación también plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, dado el papel de Moscú en el suministro de petróleo a Cuba.

La crisis humanitaria en Cuba, exacerbada por el bloqueo energético, presenta un dilema moral y político para la administración estadounidense. Mientras Washington busca presionar al gobierno cubano, también debe considerar el impacto de sus políticas en la población civil de la isla. La decisión de aprobar excepciones para el sector privado cubano refleja un intento de equilibrar estos objetivos contradictorios.

La referencia de Trump a una posible "toma amistosa" de Cuba plantea preguntas sobre qué tipo de acuerdo podría satisfacer tanto a Washington como a La Habana. Cualquier acuerdo que implique cambios fundamentales en el sistema político cubano enfrentaría resistencia significativa dentro de la isla, donde el gobierno ha mantenido el control durante más de seis décadas. Al mismo tiempo, un acuerdo que no logre cambios sustanciales podría ser visto como un fracaso político para Trump.

La situación continúa desarrollándose, con ambas partes manteniendo conversaciones mientras Washington mantiene la presión económica. El resultado de esta estrategia dual determinará no solo el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, sino también el panorama político más amplio del Caribe y América Latina en los próximos años.

SIGUE LEYENDO
MÁS DE INTERNACIONAL
Estados Unidos combina presión económica y negociaciones secretas con Cuba para forzar cambio de régimen · ColGlobal