El hotel JW Marriott de Caracas se ha convertido en el centro de operaciones informal de Estados Unidos en Venezuela desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, según reporta El País. Una veintena de marines, agentes de la CIA y funcionarios del Departamento de Estado operan desde el establecimiento de cinco estrellas, donde se toman decisiones sobre política petrolera, minera y económica del país sudamericano bajo el gobierno de Delcy Rodríguez.
Un hotel de cinco estrellas en el barrio financiero de Caracas se ha transformado en el epicentro desde donde Estados Unidos ejerce su influencia sobre Venezuela tras la operación militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro hace más de tres meses, según información publicada por El País.
El JW Marriott, un edificio de ladrillo de 17 plantas con aproximadamente 300 habitaciones, alberga a una veintena de marines estadounidenses, agentes de la CIA, funcionarios del Departamento de Estado y personal de la embajada, según el medio español. Estos efectivos llegaron a Caracas en los días y semanas posteriores al 3 de enero de 2026, cuando fuerzas especiales estadounidenses ejecutaron la operación que resultó en la captura de Maduro.
Los marines, descritos por El País como hombres de entre 30 y 40 años que lucen bigotes y tatuajes, mantienen una rutina estricta: desayunan a las ocho de la mañana, cumplen horarios rigurosos, acuden diariamente al gimnasio y nunca se separan de sus walkie-talkies. Algunos visten camisetas con mensajes inesperados para la era de Donald Trump, como una que rezaba "No war team" la semana pasada, según el reportaje.
El hotel se convirtió inicialmente en sede diplomática temporal porque la embajada estadounidense llevaba siete años cerrada desde la ruptura diplomática de 2019. El edificio de la embajada, abandonado durante ese tiempo, acumulaba humedad y moho y necesitaba una rehabilitación integral antes de poder volver a funcionar, según El País.
Aunque la embajada reabrió formalmente el 30 de marzo —86 días después de la operación militar—, el JW Marriott no ha dejado de funcionar como centro de operaciones. "No es un hotel, es el lugar donde se decide la tutela de Venezuela", declaró al medio español una persona que ha participado en las reuniones que se celebran diariamente en el establecimiento.
En los salones del hotel, que cuenta con más de mil metros cuadrados destinados a eventos y reuniones, se han sentado actores relevantes de la economía y la política venezolanas junto a interlocutores estadounidenses, según El País. Las grandes decisiones de los primeros 90 días posteriores a la caída de Maduro han sido discutidas y ejecutadas tanto en Washington como en esas mesas, incluyendo política petrolera, minera, cambios exigidos al gobierno de Delcy Rodríguez, iniciativas económicas y seguridad.
"No sé qué precedente hay de un tutelaje americano que se coordine desde un hotel", dijo al medio español un asiduo al edificio.
Lo peculiar del Marriott, según el reportaje, es que permanece abierto a otros huéspedes y visitantes. No es una instalación militar ni una sede diplomática, aunque hay vigilancia constante. Por su recepción entran y salen equipos de fútbol, empresarios venezolanos y extranjeros, periodistas, funcionarios de paso y turistas ocasionales.
Los venezolanos que sacan a algunos de estos huéspedes estadounidenses a comer fuera del hotel bromean con que sufren de "cabin fever" —el término que define la claustrofobia psicológica de pasar semanas confinado en el mismo espacio—, según El País. Los funcionarios estadounidenses van del Marriott a la embajada y de la embajada al Marriott, sin hablar con nadie ajeno a su círculo. "Dominan Caracas sin salir a Caracas", describe el medio.
El hotel ofrece habitaciones que, regateando, se pueden conseguir por 200 dólares sin desayuno, piscina exterior, gimnasio, un restaurante donde un plato y una bebida pueden costar unos 50 dólares, bar con cócteles y tiendas de vestidos de novia y trajes de chaqueta, según la descripción de El País.
Paralelamente a esta presencia estadounidense en Caracas, American Airlines anunció el 11 de abril que planea reanudar vuelos directos entre Miami y Caracas a partir del 30 de abril, según informó el medio venezolano Expreso. Sería la primera aerolínea estadounidense en retomar operaciones en Venezuela en siete años.
La aerolínea con sede en Texas planea ofrecer un vuelo diario sin escalas a bordo de un avión regional Embraer 175, aunque aún espera la aprobación final del gobierno y la autorización de seguridad que determinarán la fecha oficial, según Expreso. American Airlines suspendió todos sus servicios a Venezuela en 2019, cuando el gobierno estadounidense interrumpió los vuelos de pasajeros debido a los disturbios.
En marzo de 2026, el Departamento de Transporte de Estados Unidos levantó la prohibición de vuelos impuesta al país, y el Departamento de Estado rebajó el nivel de alerta de viaje para Venezuela del "Nivel 4: No viajar" al "Nivel 3: Reconsiderar el viaje", según Expreso.
"El centro de operaciones de American Airlines en Miami es la principal puerta de entrada de Estados Unidos a Latinoamérica, y nuestro servicio a Venezuela es una parte fundamental de nuestra historia y nuestro futuro", declaró Nat Pieper, director comercial de American Airlines, según citó Expreso. "Nuestro compromiso de conectar a Venezuela con Estados Unidos se remonta a más de 30 años, y esperamos con entusiasmo las nuevas oportunidades comerciales y el fortalecimiento de los lazos con familiares y amigos que nuestro servicio nos brindará".
Los aviones Embraer que se utilizarán en la nueva ruta ofrecerán dos cabinas —primera clase y clase económica— y todos los pasajeros tendrán acceso a wifi y tomas de corriente en sus asientos durante el vuelo, según el medio venezolano.
Según El País, mientras pasan los días desde la captura de Maduro, "no está tan claro cuál es el plan" de Estados Unidos para Venezuela, a pesar de la intensa actividad coordinada desde el hotel Marriott de Caracas.