Un estudio científico titulado 'Declines in hot and cold daily temperature extremes in the conterminous US, 1899–2025' (Disminuciones en los extremos de temperatura diaria caliente y fría en Estados Unidos continental, 1899-2025) ha generado debate al presentar conclusiones que desafían las afirmaciones más comunes sobre el cambio climático, según reporta la organización Climate Intelligence (CLINTEL).
La investigación, liderada por John Christy, analiza registros de temperatura de 1.211 estaciones meteorológicas con al menos 92% de completitud de datos, abarcando desde 1899 hasta 2025. El estudio utiliza más de 40 millones de observaciones diarias sin aplicar métodos de homogeneización espacial o temporal, según explica el documento.
Los hallazgos principales indican que "las métricas para el calor extremo de verano muestran tendencias negativas modestas desde 1899", mientras que "las métricas de temperatura fría extrema también indican una disminución", según el resumen del estudio. El documento concluye que "en suma, las instancias de métricas extremas tanto calientes como frías han disminuido desde 1899".
El año 1936 domina el registro de calor extremo, representando aproximadamente el 22% de las estaciones que experimentaron su día más caluroso de todos los tiempos, según los datos analizados. Los siguientes años más prominentes se agrupan en la primera mitad del siglo XX, con 1934, 1930 y 1954 superando a la mayoría de los años recientes, según el estudio.
En cuanto a la frecuencia de récords diarios, la década de 1930 domina para el calor, con 1936 produciendo un promedio de 6.7 récords diarios de temperatura alta por estación, muy por encima de la tasa aleatoria esperada, según la investigación. El estudio señala que "el período más reciente de 15 años estuvo ligeramente por encima del valor esperado, pero muy por debajo del máximo de 35.1 en 1925-1939".
La magnitud de los extremos también muestra una tendencia a la moderación. Al comparar los días más calurosos y más fríos de cada año, la diferencia entre ellos ha disminuido aproximadamente 6 grados Fahrenheit (3.3 grados Celsius) durante el último siglo, según el análisis. Esto representa una reducción en la variabilidad, no una amplificación, según interpreta el estudio.
En el análisis de olas de calor y frío, definidas como períodos de al menos seis días consecutivos por encima del percentil 90 o por debajo del percentil 10, el número total de días extremos ha disminuido aproximadamente 30% desde principios del siglo XX, según los resultados. El período pico para olas de calor fue de 1930 a 1944, con un mínimo en las décadas de 1960 y 1970, según el documento.
El estudio reconoce múltiples factores no climáticos que pueden influir en los datos. La urbanización es un tema recurrente, con el caso de Fresno, California, como ejemplo ilustrativo: allí, las temperaturas mínimas aumentaron más de 5 grados Fahrenheit (2.8 grados Celsius) en relación con estaciones rurales cercanas, en gran parte debido al desarrollo local, según el análisis.
Christy señala explícitamente que los efectos de urbanización están "bien documentados" y afectan desproporcionadamente a las temperaturas mínimas, según el estudio. Sin embargo, las temperaturas máximas, que impulsan los extremos de calor, son menos sensibles a estos efectos locales, lo que hace más difícil atribuir la falta de una tendencia ascendente fuerte en extremos de calor a artefactos de medición, según el documento.
El estudio también compara sus hallazgos con afirmaciones de la Quinta Evaluación Nacional del Clima de Estados Unidos (NCA5). Cuando se evalúa contra el conjunto de datos, la tendencia en días de ola de calor desde 1960 es positiva pero pequeña, del orden del 3%, y no estadísticamente robusta, según el análisis. Regionalmente, los aumentos se concentran en el suroeste, mientras que otras áreas muestran poco cambio o incluso disminuciones, según los resultados.
El autor enfatiza que "la magnitud de la variabilidad natural local y regional a corto plazo es mayor que la magnitud del calentamiento debido a los gases de efecto invernadero" en estas métricas, según el documento. Esto representa una afirmación sobre la relación señal-ruido: incluso si los gases de efecto invernadero están contribuyendo al calentamiento, su influencia en los extremos en Estados Unidos puede ser pequeña en relación con la variabilidad inherente del sistema, según interpreta el estudio.
Contexto científico más amplio
Mientras tanto, la comunidad científica internacional ha revisado sus escenarios climáticos. Un artículo científico publicado en abril de 2026 indica que el escenario climático de peor caso, conocido como RCP8.5 y posteriormente SSP5-8.5, es ahora menos probable, según reporta Deutsche Welle.
Este escenario, que proyectaba un aumento de temperatura de más de 4 grados Celsius (7.2 grados Fahrenheit) para finales de siglo, reflejaba el conocimiento y las tendencias energéticas de finales de la década de 2000, cuando el mundo dependía más de la quema de carbón, petróleo y gas, según explica el medio alemán.
Detlef Van Vuuren, autor principal del nuevo artículo, dijo a la plataforma británica Carbon Brief que siempre había sido un "escenario de baja probabilidad y alto riesgo", según reporta Deutsche Welle. El científico climático francés Christophe Cassou dijo a la agencia AFP que el mundo no se dirige hacia el peor escenario "porque realmente hemos tomado medidas políticas que nos permiten alejarnos de eso", según la misma fuente.
La nueva evaluación atribuye el cambio a la expansión de energía renovable que ocurre más rápido de lo esperado, con muchos gobiernos adoptando políticas que han ralentizado el crecimiento proyectado de emisiones, según Deutsche Welle.
Friederike Otto, científica climática del Imperial College de Londres, dijo que el escenario de peor caso había "asumido que la humanidad continuaría un auge de combustibles fósiles impulsado por el carbón sin control, lo cual afortunadamente no sucedió", según reporta el medio alemán. Sin embargo, instó a que esto "de ninguna manera debe llevar a la complacencia", según la misma fuente.
Reacciones políticas y advertencias científicas
El presidente estadounidense Donald Trump aprovechó la revisión para afirmar que los científicos climáticos habían estado "equivocados", alimentando ataques a la ciencia climática por parte de escépticos y políticos tanto en Estados Unidos como en Europa, según Deutsche Welle.
La Alternativa para Alemania (AfD), partido de extrema derecha, utilizó la nueva narrativa para argumentar a favor de revertir las políticas climáticas del país durante un debate parlamentario el miércoles, según la misma fuente.
Niklas Höhne, director ejecutivo y fundador del NewClimate Institute de Alemania, describió esa jugada como "una táctica de distracción descarada por parte de negacionistas del clima y la extrema derecha", según reporta Deutsche Welle. Dijo que los defensores de los combustibles fósiles "no se detendrán ante nada para fabricar un supuesto escándalo con argumentos indignantes y desviar la atención de los problemas reales", según la misma fuente.
Cassou también dijo que los científicos "no han sido alarmistas en absoluto", según Deutsche Welle.
Además de descartar el escenario de peor caso, los investigadores también han abandonado su vía climática más optimista, según el medio alemán. Advierten que el mundo probablemente superará temporalmente los 1.5 grados Celsius de calentamiento por encima de los niveles preindustriales, el umbral contenido en el Acuerdo de París de 2015 como medio para evitar los peores impactos climáticos, según la misma fuente.
El mensaje ahora es claro: como las emisiones no han caído lo suficientemente rápido, a pesar de años de advertencias y compromisos climáticos, el mundo aún podría calentarse alrededor de 3 grados Celsius para 2100, según Deutsche Welle.
Eso intensificaría drásticamente los impactos climáticos ya visibles hoy, incluyendo el aumento de olas de calor mortales, inundaciones, tormentas y sequías, según el medio alemán. También implicaría fallas generalizadas de cultivos y aumento del nivel del mar que afectaría hasta 600 millones de personas, todo con consecuencias generalizadas en la seguridad alimentaria, las economías y la salud humana, según la misma fuente.
Resolución de la ONU enfrenta resistencia
Mientras tanto, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución no vinculante que refuerza las obligaciones de los países para combatir el cambio climático, según reporta Deutsche Welle.
El organismo de la ONU votó abrumadoramente a favor de respaldar la opinión consultiva emitida el año pasado por la Corte Internacional de Justicia, según la misma fuente. Ese fallo dijo que los países podrían estar violando el derecho internacional si no protegen adecuadamente a las personas del peligroso calentamiento planetario, según Deutsche Welle.
"La corte más alta del mundo ha hablado. Hoy, la Asamblea General ha respondido", dijo el secretario general de la ONU, António Guterres, en un comunicado, según reporta el medio alemán. "Esta es una poderosa afirmación del derecho internacional, la justicia climática, la ciencia y la responsabilidad de los estados de proteger a las personas de la crisis climática en escalada", según la misma fuente.
Estados Unidos, que se retiró del Acuerdo de París bajo Trump, así como los petroestados Rusia, Irán y Arabia Saudita, se opusieron a la medida, según Deutsche Welle.
Se espera que la resolución, encabezada por la nación insular del Pacífico Vanuatu, que ya enfrenta mares crecientes y tormentas intensificadas, fortalezca el principio de que los gobiernos tienen una responsabilidad legal de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, según la misma fuente.
El texto aprobado se refiere a la eliminación gradual de subsidios para la exploración, producción y explotación de combustibles fósiles, y pide que se paguen daños por parte de quienes estén en violación, según Deutsche Welle.
Implicaciones del debate científico
La publicación del estudio de Christy plantea preguntas sobre atribución, sobre el papel de las influencias locales versus globales, y sobre la confiabilidad de las métricas comúnmente citadas, según el análisis de CLINTEL.
Para quienes están interesados en la intersección de la ciencia climática y la política, esto importa porque las decisiones a menudo se justifican con afirmaciones sobre el aumento de extremos, pero esas afirmaciones rara vez se examinan en el contexto del registro observacional completo, según la misma fuente.
El trabajo de Christy no resuelve el debate, pero proporciona una perspectiva detallada y basada en datos que es difícil de desestimar, según CLINTEL. La conclusión clave del estudio no es que nada esté cambiando, sino que la historia de los extremos de temperatura en Estados Unidos es más complicada de lo que a menudo se presenta, según la misma fuente.
Hay disminuciones en extremos fríos, algunos aumentos regionales en extremos de calor, y una reducción general en la frecuencia y magnitud de los eventos más severos cuando se observa el registro completo de 127 años, según el documento. También hay incertidumbres sustanciales relacionadas con prácticas de medición, entornos de estaciones y completitud de datos, todo lo cual puede influir en los resultados, según el estudio.
Y quizás lo más importante, está la influencia persistente de la variabilidad natural, que puede producir oscilaciones en extremos que rivalizan o superan aquellas asociadas con tendencias a largo plazo, según el análisis.



