Una investigación publicada en la revista Science demuestra que el cerebro de niños en situación de pobreza presenta alteraciones similares a las de menores con mejores condiciones económicas que sufren privación de sueño y estrés crónico. El estudio, que escaneó el cerebro de casi 12.000 niños estadounidenses de 9 y 10 años, descarta que las diferencias se deban a menor capacidad intelectual y señala que las condiciones socioeconómicas afectan principalmente a regiones cerebrales relacionadas con el movimiento y las sensaciones físicas, no con el pensamiento.