La Unión Europea enfrenta un cambio radical en su relación con Estados Unidos tras un año del segundo mandato de Donald Trump, quien ha amenazado con tomar control de Groenlandia y ha implementado políticas proteccionistas que obligan a Europa a replantear su estrategia económica y de seguridad, según revelan análisis de expertos internacionales.
La relación transatlántica ha entrado en una fase crítica que obliga a Europa a replantearse su posición en el nuevo orden mundial. Según un análisis publicado por el Carnegie Endowment, tras un año del segundo mandato de Donald Trump, la Unión Europea permanece en estado de shock ante múltiples provocaciones y presiones que han llevado a los líderes europeos a intentar acomodar las demandas de Washington, aceptando acuerdos comerciales desfavorables y siguiendo el liderazgo político estadounidense incluso cuando discrepan con su dirección.
El punto de inflexión llegó cuando Trump amenazó con tomar control de Groenlandia, un territorio autónomo perteneciente a Dinamarca, país miembro de la UE. Este hecho ha evidenciado que la política de subordinación europea no ha funcionado, según señala el informe.
"La UE necesita un nuevo enfoque que combine un fuerte compromiso con Estados Unidos y la voluntad de resistir", indica el análisis de Carnegie. Esta nueva estrategia requeriría que la Unión trabaje para reducir sus dependencias militares y económicas, invierta significativamente en sus capacidades e intensifique su cooperación con socios afines.
La política exterior de Trump en su segundo mandato representa una ruptura radical con ocho décadas de diplomacia estadounidense. El vicepresidente JD Vance, en su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich de febrero de 2025, prácticamente declaró una guerra ideológica contra Europa, acusando a los países europeos de "censurar sistemáticamente voces opositoras y suprimir la libertad de expresión", según recoge el informe.
La Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. de 2025 fue más allá al advertir sobre la "perspectiva alarmante de borrado civilizacional" en Europa, provocado principalmente por políticas migratorias irresponsables. Funcionarios estadounidenses han expresado repetidamente su apoyo a partidos políticos "patrióticos" y candidatos de extrema derecha en Europa.
En cuanto al mayor desafío de seguridad europeo, la guerra de Rusia contra Ucrania, la administración Trump ha reducido drásticamente su apoyo al país invadido. El compromiso diplomático estadounidense para poner fin al conflicto ha tendido a favorecer los intereses del agresor sobre los de Ucrania.
Paralelamente, según un análisis publicado en Intereconomics, Europa enfrenta una nueva geografía económica debido a las políticas de la administración Trump. "En esencia, las economías europeas han perdido varios tipos de seguro previamente proporcionados por EE.UU.", señala el estudio. Sin embargo, el mismo análisis sugiere que "la Unión Europea tiene más capacidad para dar forma a su nuevo entorno y más oportunidades de obtener beneficios de lo que comúnmente se cree".
El autor del estudio, Adam Posen, advierte que seguir políticas industriales y comerciales al estilo estadounidense o chino fracasará. "Europa no debería intentar vencer a los chinos y estadounidenses en su propio juego equivocado de obsesión manufacturera e intimidación", afirma.
La nueva doctrina de Trump, bautizada por él mismo como "Doctrina Donroe" (combinación de Donald y Doctrina Monroe), no solo compromete a Estados Unidos a combatir la migración y los cárteles de drogas y reducir la influencia de actores externos en el hemisferio occidental, sino que también afirma la voluntad estadounidense de dominar la región y extraer beneficios económicos para sí mismo.
Este enfoque ha coincidido con un giro radical alejándose de la diplomacia multilateral y los regímenes internacionales. Ignorando las reglas establecidas del comercio internacional, la administración ha utilizado aranceles como herramienta multipropósito para asegurar concesiones políticas y económicas. Ha desmantelado su propia organización de ayuda al desarrollo y retirado el apoyo estadounidense a esfuerzos internacionales sobre cambio climático, salud global y reducción de la pobreza.
En enero de 2026, Washington abandonó sesenta y seis organizaciones internacionales y entidades de la ONU, y cortó o congeló la mayoría de sus contribuciones financieras a las Naciones Unidas, según el informe de Carnegie.
La administración Trump también ha mostrado un mayor apetito por el uso de la fuerza militar, como lo simboliza el cambio de nombre del Departamento de Defensa de EE.UU. a Departamento de Guerra. Hasta ahora, el segundo mandato de Trump ha empleado fuerza militar en el Caribe, Yemen, Siria, Irak y Nigeria.
Ante este panorama, el análisis de Intereconomics sugiere que Europa debería aprovechar esta situación para fortalecer el papel global del euro. "El papel global del euro debería aumentar rápidamente en esta situación, particularmente si la eurozona sigue siendo una región de estabilidad financiera relativa, abierta a entradas de capital extranjero durante un período en el que EE.UU. induce inestabilidad financiera en su país", señala el estudio.
El informe también destaca que Europa está bien posicionada para aprovechar la necesidad de estándares globales justos basados en reglas ante la retirada de EE.UU. y la similar falta de confiabilidad de los compromisos chinos. Sin embargo, esta oportunidad requiere una contención repetida por parte de Europa en términos de intentar participar en negociaciones propias a través de políticas industriales sobreutilizadas.
"Europa ganará por sus ventajas relativas, que ahora son diferentes tanto de EE.UU. como de China: ser más abierta y basada en reglas que cualquiera de los dos", concluye el análisis de Intereconomics. "Europa cosechará enormes beneficios de las ganancias obtenidas en talento, inversión, variedad, diversificación y poder blando".
El informe de Carnegie sugiere tres líneas de acción para Europa: comprometerse y resistir, autonomía y competitividad, y unidad y alcance. Los líderes europeos deberían dejar claro a Washington que están completamente preparados para cooperar con Estados Unidos en la protección de Groenlandia contra amenazas externas, pero al mismo tiempo deben ser inflexibles en su posición de que solo Groenlandia y Dinamarca deberían decidir sobre el futuro de la isla.
La crisis actual podría representar una oportunidad para que Europa emerja más fuerte de uno de los desafíos más severos de su historia, pero requerirá un liderazgo serio y determinación para manejar los costos y riesgos de tal cambio de política.