Un año después de que el presidente estadounidense Donald Trump anunciara negociaciones para la paz en Ucrania, Washington ha reducido su asistencia militar en un 99%, mientras que los países europeos han aumentado su apoyo en un 67% en el ámbito militar y un 59% en asistencia financiera y humanitaria, según revela un informe del Instituto Kiel para la Economía Mundial.
Hace exactamente un año, el 12 de febrero de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció con gran despliegue el inicio inmediato de negociaciones para alcanzar la paz en Ucrania, tras comunicarse telefónicamente con sus homólogos ruso, Vladímir Putin, y ucranio, Volodímir Zelenski. En aquel momento, el frente de guerra estaba estancado en el este de Ucrania, a punto de cumplir su cuarto año, y Estados Unidos era el principal contribuyente a la defensa militar y financiera del país invadido.
Doce meses después, según un informe publicado este miércoles por el Instituto Kiel para la Economía Mundial, la situación en el campo de batalla ha cambiado poco, pero el panorama de la asistencia internacional ha sufrido una transformación radical: Washington ha cerrado casi por completo el grifo de la ayuda mientras Europa ha ocupado su lugar como principal donante.
El centro de análisis alemán, que ha monitoreado los flujos de ayuda desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022, afirma en su evaluación que "Europa casi ha compensado el colapso del apoyo estadounidense". Las cifras son contundentes: la aportación de Estados Unidos se desplomó el pasado año casi un 99%, mientras que los socios europeos incrementaron su asistencia financiera y humanitaria en un 59%, y su apoyo militar en un 67%. "Como resultado, la ayuda total en 2025 se mantuvo cercana a la de años anteriores", señala el instituto.
Los datos confirman que Trump ha cumplido su propósito declarado. El líder republicano insistió durante los primeros meses de su mandato en que debía ser Europa quien defendiera a Ucrania, llegando incluso a reclamar a Zelenski el reembolso del dinero gastado por Estados Unidos durante los tres primeros años de la invasión rusa, una exigencia que posteriormente diluyó tras la firma del acuerdo económico sobre minerales.
Hasta abril de 2024, el Congreso estadounidense había aprobado cinco leyes para una ayuda valorada en aproximadamente 150.000 millones de euros. Sin embargo, según los registros del Instituto Kiel, Washington destinó el pasado año apenas 400 millones de euros en un único paquete militar, sin aportar nada en ayuda humanitaria o financiera.
La Unión Europea ha asumido el liderazgo como principal contribuyente de Kiev. El 89% del apoyo financiero y humanitario comunitario proviene directamente de Bruselas a través de préstamos, subvenciones o los beneficios generados por los activos rusos congelados. No obstante, la asistencia armamentística europea, aunque significativa, sigue estando por debajo de lo aportado por los aliados (incluyendo a Estados Unidos) en 2023 —año récord en asistencia— e incluso se sitúa un 4% por debajo de la cifra alcanzada durante el primer año de la gran ofensiva rusa.
El reparto de la carga entre los países europeos muestra importantes disparidades. El Instituto Kiel destaca que los países escandinavos y de Europa occidental, con Alemania y el Reino Unido a la cabeza, acumulan casi el 95% de la asistencia militar. Esta contribución contrasta fuertemente con la de la región sur, donde se encuentra España —que comprometió el pasado noviembre, durante una visita de Zelenski a Madrid, 817 millones de euros, el 75% en equipos militares—, y con la de los vecinos orientales de Ucrania.
El mérito principal recae en los países del norte de Europa. De los 31 aliados analizados por el centro alemán, los países nórdicos y bálticos representan apenas el 8% del PIB combinado, pero aportan el 33% del gasto en armamento destinado a contener la agresión rusa. En proporción al tamaño de sus economías, el esfuerzo de Noruega, Dinamarca y Suecia —los tres superan en aportaciones el 0,6% de su PIB— es considerablemente mayor que el de Alemania, que lidera en Europa en términos absolutos. España apenas logra situarse entre los 20 primeros contribuyentes.
Los países nórdicos también han innovado en sus métodos de colaboración con Kiev. Dinamarca ha desarrollado un modelo propio: Ucrania identifica las prioridades en sus arsenales del frente; expertos daneses evalúan estas necesidades y, si Copenhague da su aprobación, se moviliza el dinero necesario. Desde julio de 2024, mediante este sistema de financiación, Dinamarca ha comprometido 830 millones de euros. Esta contribución ha sido fundamental, por ejemplo, en la producción a escala del obús 2S22 Bohdana, un cañón fabricado por una empresa de Kramatorsk, en el este ucranio, muy valorado en las trincheras por su movilidad y capacidad destructiva.
Washington ha logrado transferir la responsabilidad a Europa sin que su industria militar deje de beneficiarse de la demanda ucrania. Ante el riesgo de que una interrupción brusca de la asistencia al ejército ucranio alterara la cadena de suministro —ya que la industria europea no podía absorber toda la demanda— y facilitara el avance de las tropas rusas, se creó el mecanismo PURL (siglas en inglés de Lista de Requisitos Prioritarios de Ucrania). Este sistema, establecido gracias a la buena relación entre Trump y el secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, permite a los miembros de la Alianza y sus socios (como Australia y Nueva Zelanda) invertir en la compra directa de armamento estadounidense, previa aprobación del mando militar aliado, para su uso casi inmediato en Ucrania.
Más de veinte donantes han participado en el programa PURL durante 2025, aportando más de 3.700 millones de euros para la adquisición de sistemas como baterías de defensa antiaérea Patriot o lanzaderas Himars.
El primer año de Trump gestionando la guerra en Ucrania ha servido como catalizador para que Europa desarrolle nuevas vías de apoyo a las Fuerzas Armadas ucranianas. Las empresas europeas de defensa, incluidas las españolas, y el sector público han acelerado sus planes de inversión en la industria militar local. Grandes corporaciones como la alemana Rheinmetall han llegado incluso a establecer fábricas en territorio ucranio, mientras se han firmado acuerdos de producción conjunta como el anunciado esta semana por París y Kiev.
Paralelamente, y en respuesta al dinamismo y altos niveles de producción del sector de defensa ucranio, el Gobierno de Zelenski anunció el pasado domingo la próxima apertura en suelo europeo de una decena de centros de producción. Esta iniciativa abre la puerta a la exportación de armamento ucranio, incluyendo sus codiciados drones terrestres, acuáticos e interceptores, cuya venta internacional había estado hasta ahora limitada por las necesidades del frente de guerra.