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Europa diseña una estrategia de resistencia ante la política intervencionista de Trump

Los cinco grandes países de la Unión Europea —Alemania, Francia, Italia, España y Polonia— están desarrollando un plan para enfrentar el nuevo orden mundial impuesto por Donald Trump, cuyas recientes acciones en Venezuela y amenazas sobre Groenlandia han generado alarma en el continente. La UE busca mayor autonomía estratégica en un escenario donde Estados Unidos ha pasado de ser un aliado protector a una potencia que presiona a sus antiguos socios.

INTERNACIONAL10 ENE 2026

La Unión Europea se encuentra ante un dilema existencial sin precedentes desde su fundación. El desorden mundial desencadenado por Donald Trump, acelerado en la última semana con el secuestro del presidente de Venezuela y el redoblado acoso para arrebatar Groenlandia a Dinamarca, ha colocado al bloque europeo en una posición de extrema vulnerabilidad geopolítica.

Por primera vez en su historia, la UE se ve atrapada en un escenario internacional sin aliados claros y con su antiguo protector, Estados Unidos, dando por superado el esquema de seguridad en torno a la OTAN. Según fuentes comunitarias consultadas, "Europa se enfrenta a un dilema existencial, en el que tendrá que decidir cómo responder a las amenazas y agresiones del que hace poco era su aliado más poderoso".

La crisis más inmediata se está fraguando en torno a Groenlandia, la gigantesca isla perteneciente al Reino de Dinamarca que Trump ambiciona desde hace años. Tras la intervención militar estadounidense en Venezuela, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York para ser juzgado, en Copenhague la alarma es máxima. Las autoridades danesas ya no perciben las ambiciones de Washington sobre su territorio como mera retórica, sino como una posibilidad real.

Ante esta amenaza, Dinamarca ha activado la vía diplomática con los miembros del Gobierno estadounidense considerados más realistas. El secretario de Estado, Marco Rubio, se reunirá con sus homólogos daneses en los próximos días para buscar una salida a la crisis. En Copenhague se discuten escenarios y se elaboran propuestas alternativas con un objetivo claro: rebajar la presión de la Casa Blanca y evitar cualquier gesto irreversible.

"Después de lo ocurrido en Venezuela, en Europa cunde la sensación de que el margen de maniobra para evitar que EE.UU. controle de una u otra manera Groenlandia se está reduciendo día a día", advierte una veterana fuente comunitaria. La misma fuente señala que Europa podría repetir el error cometido en 1938 con el acuerdo de Múnich, cuando se sacrificó la soberanía de Checoslovaquia para intentar colmar las ansias expansionistas de la Alemania nazi. "Aquello no sirvió para nada, más tarde se constató que ese gesto de apaciguamiento sirvió para alentar más agresiones. Es lo que pasa con los matones", concluye.

La jurista Mariola Urrea, en declaraciones a la Cadena SER, ha subrayado que "tenemos que dejar de analizar al presidente de Estados Unidos como si fuera un hombre errático, impredecible y como si fuera, aunque lo es, un payaso". Según Urrea, Trump "ha dejado negro sobre blanco lo que quiere hacer, lo que va a hacer y, además, cómo lo va a hacer". La experta considera que tanto la incursión en Venezuela como las amenazas sobre Groenlandia son parte de "una acción política deliberada que está por escrito en la estrategia de seguridad nacional".

Ante esta situación, los cinco grandes países de la Unión —Alemania, Francia, Italia, España y Polonia— están empezando a tejer una estrategia de resistencia, aunque todavía de forma tímida. Los líderes de estos países suscribieron la semana pasada, junto al Reino Unido y la propia Dinamarca, una declaración asegurando que no dejarán "de defender" los principios de "soberanía, integridad territorial e inviolabilidad de las fronteras" y reclamando que sean los habitantes de Groenlandia y de Dinamarca los que decidan el futuro de la isla.

Al mismo tiempo, de manera discreta, las diplomacias europeas sondean e intentan explotar las divisiones que están emergiendo en el movimiento MAGA (Make America Great Again) ante los gestos autoritarios de Trump. "En público, las instituciones de la UE han optado por un perfil bajo, pero fuera de radar hay un intenso baile diplomático para acercarse a los círculos republicanos más afines en el Congreso y en el Senado", explica una alta fuente comunitaria.

Constanze Stelzenmüller, analista de Brookings Institution, constata que "por primera vez, hay una protesta genuina contra acciones de Trump como la defenestración de Nicolás Maduro, no solo en círculos demócratas, sino también dentro del movimiento MAGA. Es pronto para precisar el desenlace de este giro, pero considerando lo ocurrido en los últimos 12 meses, se trata de un cambio asombroso".

La UE ya ha comenzado a dar pasos hacia una mayor autonomía estratégica. Esta misma semana, el bloque dio el visto bueno, tras décadas de bloqueo, al acuerdo comercial con Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), dejando de lado incluso la sempiterna negativa de París por temor a su impacto en el sector agrícola. Agathe Demarais, del centro de estudios ECFR, valora el acuerdo como "una gran noticia para el peso geopolítico y económico de Europa a nivel global". Entre otras cosas, según la analista, permitirá a la UE reducir su dependencia exportadora del mercado estadounidense, contener la influencia de China en los países latinoamericanos y estrechar lazos con unos países que poseen vastas reservas de minerales raros esenciales.

En 2026, la defensa será clave para la UE. Con la puesta en marcha de su Plan para la preparación en materia de defensa, los primeros seis meses del año verán el pistoletazo de salida de dos proyectos insignia: la Iniciativa Europea de Defensa contra Drones y la creación de una vigilancia del flanco este. Además, prevé el desbloqueo de financiación conjunta entre la Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones (BEI), y la revisión de la capacidad industrial necesaria para garantizar que el 40% de los contratos europeos de defensa sean entre sus estados miembros para 2027.

La crisis ha tenido un efecto profundo en la identidad estratégica de países tradicionalmente proestadounidenses como Dinamarca. Analistas del Instituto Danés de Estudios Internacionales hablan de una transformación acelerada que ha empujado a Dinamarca, históricamente euroescéptica, a abrazar el europeísmo como red de protección ante un aliado que ya no se percibe como previsible.

En Groenlandia, territorio 50 veces más extenso que Dinamarca y con apenas 56.000 habitantes, el rechazo a una anexión estadounidense es abrumador según los sondeos, aunque la isla mantiene una amplia autonomía y el derecho a decidir su independencia. Washington ha intentado desde hace tiempo influir en la opinión local mediante contactos políticos y visitas de figuras cercanas al trumpismo.

El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, advertía esta semana que la ruptura del orden internacional ha rebasado con creces el punto de no retorno. Con un discurso de tremenda carga política, algo poco habitual en la figura del jefe del Estado en Alemania, Steinmeier afirmó con contundencia que "existe, en efecto, una violación de valores por parte de nuestro socio más importante, Estados Unidos", y "hoy se trata de evitar que el mundo se convierta en una cueva de ladrones donde los que tienen menos escrúpulos se apropian de lo que quieren".

El retrato robot dibujado por el presidente alemán encaja por igual con los perfiles de Trump y del presidente ruso, Vladímir Putin. Ambos tienen programada la obsolescencia de la Unión Europea como parte de su visión geoestratégica, con la que pretenden recuperar el dominio absoluto de las grandes potencias del siglo XX sobre sus respectivas áreas de influencia. Todo ello bajo la atenta mirada de China, dispuesta a aprovechar un reparto del mundo que puede otorgarle el control del hemisferio oriental, incluida una Rusia exhausta por la guerra en Ucrania. El reparto dejaría a Europa en una peligrosa tierra de nadie.

Curiosamente, en el diagnóstico sobre la gravedad del momento y en la necesidad de reaccionar con contundencia coinciden desde el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, como máximo representante de la izquierda europea, hasta la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. La italiana se ha erigido en la cabeza visible de una extrema derecha que se acerca por momentos a posiciones europeístas y se aleja del euroescepticismo y el vasallaje ante Washington y Moscú encarnado por el húngaro Viktor Orbán y los grupos autodenominados "patriotas", como Vox, apoyados por la Administración de Trump.

El efecto catalizador de los ataques del estadounidense contra Europa está permitiendo que Bruselas empiece a vislumbrar la posibilidad de formar una masa crítica entre los socios europeos a favor de articular una respuesta que, sin poner en peligro las imprescindibles relaciones con EE.UU., permita a Europa dar su contestación a los nuevos desafíos geoestratégicos y garantizar que el Viejo Continente se mantiene en pie frente a tantos predadores.

"Ahora que la ley del más fuerte intenta imponerse en los asuntos del mundo y que nuestra Europa está asediada por todas partes, debemos defender nuestra independencia y nuestras libertades", arengó el presidente francés, Emmanuel Macron, en su discurso a la nación de la pasada Nochevieja. Con tono más o menos solemne, pero con dramatismo similar, otros líderes europeos de diferentes latitudes y colores políticos han subrayado el trance histórico que afronta la Unión en un mundo que, como ha definido la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, "se ha vuelto peligroso y transaccional, un mundo de guerras, un mundo de depredadores".

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