Una niña de 11 años llamada Lyhanna fue enterrada en el pueblo francés de Fleurance, en el suroeste del país, en medio de una persistente indignación pública por las fallas que permitieron que su presunto asesino permaneciera en libertad. El sospechoso, Jérôme Barella de 41 años, había sido denunciado nueve meses antes por presunto abuso sexual repetido de una menor de 10 años, pero nunca fue interrogado por los investigadores, según informó la BBC.