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Guerra en Irán deja 1.444 muertos en dos semanas mientras civiles enfrentan bombardeos y represión

Irán cumple dos semanas de guerra con un saldo de 1.444 muertos y 18.551 heridos, según el Ministerio de Sanidad iraní. Los civiles enfrentan una doble amenaza: bombardeos con drones que atacan puestos de control de milicias en zonas urbanas y la represión del régimen que amenaza con repetir la masacre de enero, cuando murieron entre 3.117 y 7.000 manifestantes según distintas fuentes. El conflicto ha sumido al país en una crisis humanitaria con cortes de electricidad, internet bloqueado y una economía al borde del colapso.

INTERNACIONAL15 MAR 2026

Los drones se han convertido en una presencia constante sobre las ciudades iraníes, donde el estruendo de los bombardeos y las columnas de humo marcan la vida cotidiana de una población atrapada entre la guerra y la represión. En dos semanas de conflicto, 1.444 personas han muerto y otras 18.551 han resultado heridas, según el Ministerio de Sanidad iraní.

La esperanza de algunos iraníes de que una intervención militar extranjera les trajera libertad se ha desvanecido ante la realidad de los ataques que cobran víctimas civiles. "Las víctimas de esta guerra son los civiles, como en la escuela de Minab", dice Ladan, una mujer de Shiraz, en el sur de Irán, según declaraciones a El País.

La masacre de Minab permanece grabada en la memoria colectiva iraní. En ese ataque murieron 175 personas, casi todas niñas de entre 7 y 12 años. Una investigación militar a la que tuvo acceso The New York Times apunta a Estados Unidos como autor del bombardeo.

En los últimos días, la guerra se ha acercado aún más a la población civil con ataques de drones contra puestos de control de los basiyíes, la milicia de voluntarios que depende de la Guardia Revolucionaria. Muchos iraníes atribuyen a estos paramilitares, fuertemente adoctrinados, gran parte de la represión que se abatió sobre las protestas de enero, que dejaron 7.000 muertos según la ONG iraní con sede en Estados Unidos HRANA. La cifra oficial es de 3.117, pero fuentes sanitarias hablan de decenas de miles de muertos.

El problema radica en que los puestos de control de los basiyíes están dispersos por las calles, junto a las casas y en las carreteras, lo que hace que salir de casa sea cada vez más peligroso. "Los drones vuelan muy bajo. En ocasiones se oye un zumbido continuo", explica Ladan, quien relata cómo hace dos días su familia oyó "una explosión fuerte" en un ataque a un coche en una calle cercana a su casa. Su ocupante murió en el acto.

El ejército israelí ha anunciado esta semana haber matado a paramilitares basiyíes y destruido sus operaciones y capacidades con drones. El comunicado militar confirmó que varios miembros de esa milicia estaban en puestos de control en la calle.

Bajo las bombas y los drones, más numerosos que en la primera semana de guerra, muchos iraníes apenas se atreven a salir de casa. Yalda, ingeniera civil, lleva varios días sin pisar la calle. "Alrededor de los puestos de control hay mucho tráfico, temo que gente inocente también muera", dice. Esta mujer cree que la República Islámica utiliza a los civiles "como escudos humanos" y admite que la ansiedad a menudo la paraliza: "Ojalá pudiera dormir y al despertar ver que esta guerra ha terminado y que este régimen se ha ido".

El aparato militar y de seguridad israelí considera que estos ataques son un intento de preparar el terreno para nuevas manifestaciones, ese propósito que Israel y Estados Unidos expresan abiertamente. Un comunicado de la Guardia Revolucionaria enviado por mensaje de texto a los teléfonos de los iraníes amenazaba a los "alborotadores y agitadores" (los manifestantes), a quienes definía como "neo-ISIS", en alusión a la organización terrorista Estado Islámico.

El comunicado advierte a los iraníes de que, si salen a las calles, recibirán "un golpe más fuerte que el del 8 de enero". Esa fue la peor jornada de la represión de las protestas de principios de año, el día en el que se cree que las fuerzas de seguridad y militares iraníes mataron a más gente.

"Esto es un reconocimiento de la masacre de los manifestantes durante las protestas de enero", dice Nahid, estudiante de Química de Teherán. "¿Acaso no decían que eran agentes israelíes quienes mataron a los manifestantes?", se pregunta, en referencia a la versión oficial iraní que atribuyó gran parte de los muertos a agentes del Mosad, el servicio de espionaje exterior de Israel.

Hosein, un jubilado que vive en Karaj, a 40 kilómetros al oeste de Teherán, recela de que se pueda "detener a los represores armados desde el cielo con bombardeos". Este hombre, que dice "estar preocupado por el futuro de Irán", teme que aquella masacre se repita; que, por "un error de cálculo", la gente "vuelva a enfrentarse a las balas".

"Desde fuera, sin conocer el sufrimiento que vivimos, muchos impulsan la guerra, pero somos nosotros quienes pagamos las consecuencias", se queja Nazanin, traductora de Teherán que teme por el futuro de su hija. Asegura que los bombardeos "solo incrementan la miseria y el sufrimiento del pueblo". Al final, deplora, los iraníes se quedarán "con un país destrozado".

Los drones son solo una más de las muchas preocupaciones de una población que teme quedarse sin servicios básicos como la electricidad y el agua. "Anoche los bombardeos fueron muy intensos y se cortó la luz", recuerda Shirin, una maestra jubilada que teme que "con la prolongación de la guerra, se corte el agua".

Irán sufre una gravísima crisis hídrica y medioambiental, producto en parte de la pésima gestión de los recursos hídricos por parte del régimen y del cambio climático. El año pasado, "sin guerra", explica la maestra, ya hubo "problemas de sequía y escasez de agua". De los 50 acuíferos más sobreexplotados del planeta, 32 están en Irán, según un dato citado en un informe del Real Instituto Elcano.

El régimen iraní mantiene cortado internet, lo que ha arruinado muchos pequeños negocios que vendían sus productos por la red. Mientras tanto, los bombardeos a bancos y centros de datos hacen temer un colapso financiero. "No sé si me pagarán la pensión los próximos meses", lamenta Shirin.

Este conflicto ha deteriorado aún más la capacidad de subsistencia de una población ya vulnerable, sobre todo los jornaleros y quienes trabajan por cuenta propia. Masoud, propietario de una papelería en la céntrica calle Fatemi de Teherán, lamenta que ya no puede afrontar el pago del alquiler, cuando la semana que viene se celebra el año nuevo iraní, que caerá el 20 de marzo. "Todos los comerciantes están en la misma situación", deplora.

La economía de Irán, golpeada por un durísimo régimen de sanciones y una gestión interna deficiente, se encamina ahora hacia el colapso. Ya antes de la guerra, casi 10 millones de ciudadanos, muchos de clase media, se hundieron en la miseria entre 2011 y 2020, según el Banco Mundial. En solo un año, entre 2020 y 2021, la cifra de pobreza extrema en Irán se duplicó y, para 2023, el 40% de los hogares de Irán vivía ya en la privación, según un centro de investigación del Parlamento iraní.

La prioridad para el régimen ahora es la supervivencia, incluso si mantener cortado internet aboca a más iraníes a la pobreza. Farid, un contable en Isfahán, en el centro de Irán, asegura que el régimen ha cortado el acceso a la red global "para que la voz del pueblo no se escuche", a pesar de que los ciudadanos se ven obligados por ello a asumir altos costes para usar VPN que solo permiten acceder momentáneamente a internet.

Para este sistema político, "las pérdidas económicas, la incomunicación y la presión psicológica de la población nunca han sido importantes", afirma Farid. Lo importante, prosigue, es "presentar la narrativa oficial de los acontecimientos internos".

Behboud, un dentista residente en España a quien la guerra pilló en Irán, asegura que no piensa dejar su país. Expresa su esperanza de que el conflicto "termine pronto" y que su resultado "sea la libertad para Irán, y no una dictadura herida que se vengue del pueblo indefenso".

La situación en Irán presenta un panorama sombrío donde la población civil enfrenta amenazas múltiples: los bombardeos extranjeros que buscan debilitar al régimen pero que cobran víctimas civiles, la represión interna que amenaza con repetir las masacres de enero, el colapso de servicios básicos y una economía en caída libre. Con el año nuevo iraní a la vuelta de la esquina, los ciudadanos enfrentan un futuro incierto atrapados entre la guerra externa y la represión interna, sin acceso a internet y con una crisis humanitaria que se agrava día a día.

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