Guerra en Irán sume a la población en miedo, escasez y militarización tras muerte de Jameneí
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Guerra en Irán sume a la población en miedo, escasez y militarización tras muerte de Jameneí

Casi dos semanas después del inicio del conflicto bélico en Irán, la población enfrenta bombardeos nocturnos sin sistemas de alerta, cortes de internet, colapso bancario y escasez de alimentos básicos, según testimonios de residentes en Teherán e Isfahán. La alegría inicial por la muerte del líder supremo Ali Jameneí se ha transformado en angustia ante la prolongación de la guerra, la militarización de las calles y las amenazas del régimen contra manifestantes.

INTERNACIONAL12 MAR 2026

La guerra que atraviesa Irán ha sumergido a la población en una espiral de miedo, incertidumbre y dificultades cotidianas que se agravan día tras día. Los testimonios de ciudadanos iraníes revelan una realidad marcada por bombardeos nocturnos, ausencia de sistemas de protección civil y crecientes problemas económicos.

"Los primeros días le decía a mi hija que estos ruidos eran por la fiesta de Chaharshanbé Suri (en Irán la noche del último miércoles del invierno se celebra con fuegos artificiales), pero ahora tiene pesadillas todas las noches", explica Simin, residente en Teherán y especialista en gestión turística que lleva varios meses desempleada, según El País. "Elnaz [su hija] tiene mucho estrés; con el más mínimo ruido se nos encoge el corazón", añade.

La muerte de Ali Jameneí al comienzo de la guerra generó inicialmente esperanza entre muchos iraníes, pero la prolongación del conflicto y la falta de una salida clara han convertido ese optimismo en preocupación. "Nuestra alegría duró solo aquella noche en que supimos que Jameneí ya había muerto; después comenzaron, poco a poco, las preocupaciones", resume Farid, contable casado de Isfahán, en el centro de Irán, según el mismo medio.

Las dificultades cotidianas se han multiplicado para la población. "Para mucha gente el problema ahora es conseguir alimentos básicos a precios elevados, las colas para comprar pan y la incertidumbre constante sobre qué lugar bombardearon anoche y cuál atacarán esta noche", lamenta Farid, quien perdió a un amigo durante las protestas de enero. A pesar de mantener la esperanza y estar "dispuesto a soportar las dificultades y luchar hasta que este régimen se vaya", reconoce que no todos los iraníes parecen capaces de resistir una guerra prolongada.

La ausencia de sistemas de alerta temprana contrasta dramáticamente con conflictos anteriores. "Durante la guerra entre Irak e Irán, antes de los bombardeos sonaban las sirenas. Yo cogía de la mano a mis hijos y bajábamos al sótano, y después sonaba la sirena que indicaba que el peligro ya había pasado", recuerda Shirin, profesora jubilada residente en la capital, según El País. "Pero ahora es muy extraño, entendemos que ha habido un ataque por el sonido de las explosiones, y luego los vecinos suben en ascensor a la azotea para ver dónde ha caído", comenta.

La población muestra descontento y desesperanza por la ausencia de un sistema de alerta, la debilidad de la defensa antiaérea, la falta de refugios y la ausencia de información en los medios de comunicación internos. Katayun, entrenadora de fitness, dice: "Al principio, cuando murió Jameneí, nos pusimos muy contentos, pero ahora siento que nos han abandonado. Algunas noches nos refugiamos en el cuarto de baño porque no tiene ventanas", según el medio español.

Los niños se han convertido en las principales víctimas del conflicto. Los docentes señalan el descenso en el rendimiento académico y la ineficacia de la plataforma Shad, la red de educación en línea de las escuelas iraníes, que no funciona con la intranet interna. "Los niños están exhaustos por la falta de sueño, muchos no tienen acceso a Shad", explica Setayesh, profesora de primaria, según El País. Añade que "la plataforma no rinde y muchos alumnos también están ausentes".

El Consejo de Coordinación de las Organizaciones Sindicales de Profesores menciona en su relato sobre la situación de la capital que "la apariencia de la ciudad se ha vuelto extrañamente militarizada". "En las plazas y en los principales cruces se exhiben vehículos de represión y cañones de ametralladoras", añade la organización, señalando los numerosos controles establecidos por el régimen para intimidar a la población. "Parece que antes de preocuparnos por el cielo debemos temer a las calles de nuestra propia ciudad", según el sindicato.

Shirin también teme por su seguridad: "Cerca de nosotros no hay ningún centro militar ni lugar sensible, pero hay una escuela a una calle de distancia". Su hijo le ha pedido que se traslade a su casa porque, según sostiene, ha visto que los basijíes, una fuerza paramilitar conformada por voluntarios, han convertido ese lugar en su base, según El País.

Las amenazas del régimen contra la población civil se han intensificado. El martes, Ahmad Reza Radan, jefe de la Policía y las Fuerzas de Seguridad de Irán, amenazó directamente a los ciudadanos: "Si alguien sale a la calle respondiendo al deseo del enemigo, no lo consideraremos un manifestante, sino un enemigo", dijo, según el medio. Y lanzó una amenaza directa: "[Con ellos] haremos lo mismo que con el enemigo; todas nuestras fuerzas tienen el dedo en el gatillo".

Desde el comienzo del conflicto, el régimen iraní ha cortado el acceso general a internet con el pretexto de las amenazas a la seguridad. Según declaró el martes Fatemeh Mohajerani, portavoz del Gobierno, el acceso solo se concede a personas e instituciones que difunden la versión oficial.

Los cortes de internet han devastado la economía digital del país. "Llevábamos dos años vendiendo por internet joyas artesanales con diseños iraníes. El negocio iba bien, pero con los cortes y las restricciones constantes de internet nuestro trabajo prácticamente ha desaparecido", lamenta Samin, una emprendedora que junto con su hermana arrancaron una start-up hace unos tres años, según El País. Ella añade que para conectarse a internet tienen que usar una VPN cuyo precio ha subido mucho y que solo permiten accesos momentáneos, a menudo únicamente para enviar mensajes de texto.

Tras los bombardeos de las dos últimas noches, varios grandes bancos iraníes, como el Banco Melli y el Banco Sepah que pagan los sueldos de funcionarios y militares, han dejado de funcionar y las tarjetas bancarias no sirven, lo que agrava aún más los problemas económicos de la población, según el medio español.

Cada día que pasa desde el inicio de la guerra, los testimonios reflejan un cansancio creciente, así como una mezcla de ansiedad y desaliento. La esperanza inicial de cambio se va apagando en la mente de muchos y deja paso a las preocupaciones más inmediatas de la vida diaria. Bajo un cielo turbio por el humo y el polvo de los bombardeos, entre mesas cada vez más vacías y vidas marcadas por la incertidumbre, se libra otra guerra silenciosa que apenas aparece en los cálculos de los dirigentes políticos, según El País.

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