Un mes después del alto el fuego del 8 de abril entre Estados Unidos e Irán, la República Islámica opera bajo una nueva arquitectura de liderazgo distribuido tras la muerte del líder supremo Ali Jamenei y otros altos mandos en ataques estadounidenses e israelíes. Mientras el secretario de Estado Marco Rubio anunció el fin de operaciones de combate estadounidenses, las negociaciones para un acuerdo duradero siguen estancadas por diferencias sobre el programa nuclear iraní y el control del estrecho de Ormuz, según fuentes oficiales de ambos países.
Las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán han fracasado repetidamente durante el último mes debido a desacuerdos fundamentales sobre el programa nuclear iraní y el control del estratégico estrecho de Ormuz, según reportes de medios estadounidenses. Esta semana, la administración Trump y funcionarios iraníes han emitido declaraciones contradictorias sobre el estado de las negociaciones, añadiendo opacidad a un panorama ya confuso.
El martes, el secretario de Estado Marco Rubio declaró que las operaciones de combate estadounidenses en Irán han terminado y que el enfoque ahora está en las negociaciones. "No hay disparos a menos que nos disparen primero. No los estamos atacando, pero si nos atacan a nosotros o a un barco, necesitamos responder", dijo Rubio según la cadena NPR. Sin embargo, el presidente Donald Trump advirtió en redes sociales que si Irán no acepta un plan final, los bombardeos se reanudarán.
La Guardia Revolucionaria de Irán anunció que proporcionará paso seguro a través del estrecho de Ormuz bajo nuevos procedimientos que no especificó. Trump publicó que la guerra podría llegar a su fin y que el paso marítimo crítico estaría "abierto para todos", aunque mantuvo su amenaza de reanudar los ataques.
Rubio reconoció que ambas partes todavía están intentando determinar sobre qué temas específicos cada lado está dispuesto a negociar. "Este es el objetivo de esta diplomacia, llegar a algún nivel de entendimiento sobre cuáles son los temas sobre los que han acordado negociar. No tenemos que tener el acuerdo real escrito en un día. Esto es altamente complejo y altamente técnico", dijo el secretario de Estado según NPR.
La nueva estructura de poder en Irán
Los ataques estadounidenses e israelíes mataron no solo al líder supremo Ali Jamenei, sino también a Ali Larijani, jefe del máximo organismo de seguridad nacional de Irán, así como a numerosos comandantes superiores del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y del ejército iraní, según la revista Time. Trump comentó que los iraníes están "completamente desordenados" y "no tienen idea de quién es su líder", según declaraciones recogidas por el medio.
Sin embargo, investigaciones sobre el establishment iraní revelan que la guerra ha eliminado a múltiples líderes iraníes, pero no ha paralizado al Estado iraní. A pesar del conflicto, las estructuras de comando iraníes se han reconstituido, las decisiones continúan tomándose e Irán se ha adaptado a la presión sostenida, según análisis publicados en Time.
En la realidad posterior a Ali Jamenei, el poder en Teherán no se ha reorganizado alrededor de un solo líder dominante. Mojtaba Jamenei, el nuevo líder supremo e hijo del anterior, formalmente ocupa la posición en el ápice de la autoridad. Pero no es su padre: el poder previamente concentrado en la oficina del líder supremo ahora está distribuido entre un círculo estrecho de figuras militares, de seguridad y políticas cuyos portafolios y responsabilidades se superponen cada vez más, según Time.
Mojtaba Jamenei, quien luchó en la guerra Irán-Irak y tiene una vasta red entre actores de seguridad y militares, está en el centro de esta nueva arquitectura de poder. Representa continuidad absoluta en un momento de crisis profunda cuando la República Islámica no puede permitirse ambigüedad sobre su centro ideológico, según el análisis. Sin embargo, su rol y poder no son comparables a los de su padre, quien acumuló autoridad durante décadas mediante una combinación de estatura religiosa, control institucional y familiaridad personal con cada facción importante de la República Islámica.
Durante la mayor parte de su vida, Mojtaba no fue considerado un erudito religioso de autoridad teológica significativa. Solo en 2022, cuando las conversaciones sobre la sucesión de su padre envejecido y enfermo se volvieron más urgentes, se le confirió el título de ayatolá, un prerrequisito para la posición de líder supremo, según Time.
Los pilares del nuevo sistema
El hombre que actúa como puente entre las esferas militar y política de esta arquitectura renovada de toma de decisiones en Irán es Mohammad Bagher Ghalibaf, quien ha servido en casi todas las instituciones importantes de la República Islámica: comandante del CGRI durante la guerra Irán-Irak, jefe de la policía iraní, alcalde de Teherán durante 12 años, candidato presidencial y presidente del Parlamento desde 2020, según Time.
Ghalibaf entiende cómo traducir las prioridades del establishment de seguridad al lenguaje político y cómo operar dentro de las instituciones sin aparecer como una figura puramente militar. Es valioso por su capacidad para hacer que las diferentes partes del sistema trabajen juntas, según el análisis.
Otra voz crítica en el establishment de seguridad es el general de brigada Ahmad Vahidi, comandante en funciones del CGRI. Vahidi fue el comandante fundador de la Fuerza Quds, la poderosa rama de élite del CGRI responsable de operaciones encubiertas en todo Medio Oriente. También se desempeñó como ministro de Defensa e Interior de Irán, según Time.
Después de que la Guerra de 12 Días de junio de 2025 infligiera pérdidas significativas a la República Islámica, el ayatolá Ali Jamenei realizó cambios en el liderazgo del CGRI y nombró a Mohammad Pakpour como su comandante en jefe, con Vahidi como comandante adjunto. Vahidi asumió el mando tras el asesinato de Pakpour en un ataque aéreo israelí el 28 de febrero, según Time.
Vahidi representa otra faceta de la nueva estructura de poder en Irán. A diferencia de Ghalibaf, nunca ha buscado suavizar u ocultar su identidad como hombre del establishment de seguridad. Sin embargo, su influencia tiene límites: no puede comandar fácilmente la lealtad completa del establishment en su conjunto, y mucho menos del Artesh, el ejército regular, o la burocracia civil. Por lo tanto, debe trabajar junto a Ghalibaf. Vahidi proporciona a la estructura de comando resolución militar; Ghalibaf ofrece integración política, según Time.
El Consejo Supremo de Seguridad Nacional
La institución más importante que coordina las prioridades de seguridad y política exterior de Irán en medio de la guerra es el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. El consejo solía estar dirigido por Ali Larijani, el formidable operador político y confidente de Ali Jamenei, quien fue asesinado en un ataque israelí en marzo. Su reemplazo, Mohammad Bagher Zolghadr, personifica otro cambio en el centro de gravedad del sistema iraní, alejándose de la gestión política hacia la coordinación burocrática de seguridad, según Time.
Zolghadr es un veterano de la Guardia Revolucionaria, con profundos vínculos con el Cuartel General Ramazan, una unidad operativa encubierta del CGRI cuyas redes ayudaron posteriormente a dar forma a la Fuerza Quds. A lo largo de su carrera, se desempeñó como comandante adjunto del CGRI, ocupó carteras de seguridad dentro del Ministerio del Interior, trabajó dentro del poder judicial y finalmente se convirtió en secretario del Consejo de Discernimiento, el organismo asesor encargado de mediar disputas entre el parlamento de Irán y la administración civil, según Time.
Su trayectoria ha sido menos sobre el comando en el campo de batalla que sobre algo posiblemente más duradero: incrustar la lógica de seguridad en las instituciones del Estado. En la configuración actual, ese es precisamente su valor. Zolghadr es el tejido conectivo del sistema, una figura cuyo papel es garantizar que los brazos político, judicial, militar y de seguridad de la República Islámica permanezcan alineados entre sí, según el análisis.
Estrategia militar y figuras clave
Cuando se trata de la ejecución de la respuesta de Irán a Estados Unidos, la estrategia del país de guerra asimétrica está vinculada a infligir costos punitivos a la economía global al restringir el flujo de petróleo y gas natural licuado a través del estrecho de Ormuz y atacar infraestructura energética y bases militares estadounidenses en los países del Golfo, según Time.
Uno de los hombres que ayudó a desarrollar esta estrategia es Ali Akbar Ahmadian. Se desempeñó como comandante naval en el CGRI, comandó el centro estratégico de la organización durante años y sirvió como jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán. Después de la Guerra de 12 Días, la República Islámica estableció un Consejo de Defensa para institucionalizar la planificación de guerra, un organismo del cual Ahmadian se desempeña como secretario en funciones, según Time.
Dos armas han demostrado ser singularmente importantes para la ejecución de la estrategia militar de Irán durante la guerra: drones y misiles. La Fuerza Aeroespacial del CGRI ha utilizado estas armas para imponer costos a los estados árabes del Golfo, bases militares estadounidenses en toda la región e Israel. La Fuerza Aeroespacial ha surgido como la rama más consecuente del CGRI, y su comandante, Majid Mousavi, ha ascendido a través de las redes de poder de la República Islámica como una figura central, según Time.
La organización responsable de coordinar y gestionar operaciones entre el CGRI y el ejército iraní regular en tiempos de guerra se conoce como el Cuartel General Central Jatam al-Anbiya. El hombre que lo dirige es Ali Abdollahi, un oficial cuya carrera abarca el CGRI, la policía nacional, el Ministerio del Interior y las burocracias de logística y coordinación operativa que mantienen unido a un Estado en tiempos de guerra, según Time.
Control interno y memoria institucional
Asegurar que el marco de seguridad sea adecuado también significa mantener controlada la oposición interna en medio de la guerra, un trabajo que ahora recae en Gholam-Hossein Mohseni-Ejei, jefe del poder judicial del país. Para lograr sus objetivos, ha estado utilizando el extenso sistema legal políticamente armado de Irán para procesar a manifestantes y disidentes, emitir advertencias contra la disidencia, amenazar con castigos más severos en tiempos de guerra y ejecutar cada vez más a prisioneros, según Time.
Una capa adicional y final en el nuevo sistema de liderazgo en tiempos de guerra de Irán es proporcionada por un grupo de ex comandantes del CGRI cuya relevancia desafía una caracterización fácil. Mohsen Rezaei, Yahya Rahim Safavi y Mohammad Ali Jafari no son bien conocidos fuera de Irán, ni están dirigiendo operaciones diarias. Sin embargo, personifican colectivamente algo más duradero: memoria institucional, redes personales cultivadas durante décadas y una credibilidad entre los cuadros más antiguos del CGRI que ningún nombramiento formal puede fabricar o revocar, según Time.
Están siendo consultados regularmente por el liderazgo actual, lo que ayuda a explicar por qué la autoridad en la República Islámica no depende únicamente del cargo formal. En un sistema donde comandantes superiores han sido asesinados en ataques dirigidos y ciertas posiciones se han dejado deliberadamente ambiguas, la influencia aún puede fluir a través de relaciones construidas durante décadas, según el análisis.
Negociaciones y perspectivas
Rubio enfatizó que bajo ninguna circunstancia Estados Unidos puede permitir que Irán normalice la idea de que puede controlar el estrecho de Ormuz, aunque se abstuvo de decir qué acción tendría lugar, según NPR. Más de cien barcos al día solían viajar a través de esa vía fluvial antes de la guerra. Solo desde que Estados Unidos e Israel iniciaron esta guerra, Irán tomó el control del estrecho, según la cadena.
La administración estadounidense presentó un mensaje intensificado sobre la guerra el martes. El secretario de Defensa Pete Hegseth y el jefe del Estado Mayor Conjunto Dan Caine informaron a los periodistas. Trump también respondió preguntas en un momento importante del conflicto, mientras los estadounidenses continúan sintiendo el impacto económico de todo esto, según NPR.
Rubio dijo que Irán necesitaba tomar una decisión sensata que los lleve a la reconstrucción y la prosperidad. "La alternativa es un aislamiento creciente, colapso económico y, en última instancia, derrota total. Sé cuál es la elección correcta para Irán. Espero que las personas que toman decisiones allí tomen la correcta", declaró el secretario de Estado según NPR.
El mensaje se reduce a una mezcla de desescalada combinada con un discurso duro, y puede ser confuso a veces, según el análisis de NPR. Trump expresó frustración de que los líderes de Irán aún no se hayan rendido después de dos meses de presión militar y económica estadounidense. "Deberían ondear la bandera blanca de rendición. En hockey, dicen tío, ¿verdad?", dijo el presidente según NPR.
La lógica de la estructura iraní
Durante los últimos meses, la República Islámica ha respondido a la presión no simplificando su estructura de autoridad, sino multiplicando y oscureciendo los canales a través de los cuales se ejerce la autoridad. Algunas posiciones se han llenado rápidamente; otras se han dejado formalmente vacantes, sus funciones redistribuidas silenciosamente; y organismos nuevos o revividos en tiempos de guerra han asumido una importancia que su baja visibilidad desmiente, según Time.
El resultado es un sistema más completamente militarizado, pero no una junta militar en ningún sentido convencional. Las instituciones civiles todavía importan. El parlamento, la presidencia, el poder judicial y el consejo de seguridad nacional siguen siendo parte de la arquitectura. Pero la lógica que ahora organiza todas estas instituciones está cada vez más moldeada por comandantes de seguridad y veteranos del campo de batalla cuyas experiencias formativas están definidas no por la negociación sino por la confrontación, según el análisis.
Por eso las diferencias internas dentro del sistema no equivalen a parálisis. Pero bajo condiciones de guerra, estas distinciones están contenidas por un consenso fundamental: el sistema debe sobrevivir, el CGRI debe permanecer cohesionado y la guerra no debe terminar de una manera que invite a otra ronda de ataques. Los desacuerdos pueden agudizarse después de la guerra, especialmente sobre la distribución del poder político y económico entre diferentes facciones. Por ahora, sin embargo, operan dentro de un marco compartido en lugar de contra él, según Time.
La cuestión generacional sigue siendo el tema no resuelto más importante en la política iraní. El orden actual en Irán está dominado por hombres moldeados por la guerra Irán-Irak y las primeras décadas del CGRI. Tienen una comprensión casi celular tanto de la necesidad como de los límites de la fuerza. Los oficiales más jóvenes, moldeados por diferentes guerras y diferentes expectativas, pueden ver a sus mayores como demasiado cautelosos y demasiado protectores de sus propias redes. Después de la guerra, Mojtaba Jamenei puede intentar fortalecer su propia posición cultivando esa cohorte más joven. Pero esa contienda pertenece al futuro, según Time.
Por ahora, Irán no está siendo gobernado por un solo hombre susceptible a presión, aislamiento o remoción. Está siendo dirigido por una red endurecida que se ha hecho menos visible, más colectiva en su toma de decisiones y más difícil de coaccionar. La arquitectura es el punto. Comprenderla importa más que contar los nombres en la cima, concluye el análisis de Time.