

El ejército israelí evalúa expandir la llamada 'Línea Amarilla' que divide Gaza, en respuesta a recientes ataques de milicianos palestinos. La frontera emergente, que ya controla el 58% del territorio, podría convertirse en una nueva realidad permanente mientras continúan las tensiones en la región.
La división de Gaza mediante la denominada 'Línea Amarilla' está transformándose en una nueva frontera de facto que podría perdurar indefinidamente, mientras Israel considera ampliar su control territorial como respuesta a lo que considera violaciones del alto el fuego por parte de Hamás.
Según informa El País, tras acceder a la zona bajo control israelí junto a las Fuerzas Armadas de Israel, la devastación es total en áreas como Sheyaia, un antiguo suburbio de más de 90.000 habitantes convertido ahora en "un paisaje lunar, una alfombra de escombros hasta donde alcanza la mirada". Esta zona forma parte del 58% de Gaza que Israel mantiene bajo su control desde el inicio del alto el fuego el pasado 10 de octubre.
La 'Línea Amarilla' separa actualmente dos realidades en Gaza: la zona controlada por Israel, prácticamente despoblada y en ruinas, y el 42% restante donde se concentran más de dos millones de palestinos bajo el control de Hamás. Cruzar esta línea hacia el lado israelí puede resultar fatal, como ocurrió con una familia que murió la semana pasada al intentar verificar si su casa seguía en pie, según recoge el diario español.
El Jerusalem Post informa que Israel está considerando capturar más territorio controlado por Hamás en respuesta a lo que considera violaciones del alto el fuego. "Discusiones con Estados Unidos están actualmente en marcha para determinar el alcance de la expansión en Gaza", señala el medio israelí.
La línea divisoria, que Israel está marcando con grandes bloques de hormigón amarillos (aunque solo ha colocado menos del 20%, según un alto mando militar citado por El País), podría convertirse en una "nueva frontera efectiva", como ya la denomina el diario israelí Yediot Aharonot. El corresponsal militar de este medio, Yoav Zitun, asegura que estos "marcadores amarillos podrían transformarse de la noche a la mañana en una nueva valla fronteriza" si fracasan las negociaciones sobre las siguientes etapas del acuerdo promovido por Donald Trump.
La política israelí respecto a esta línea es estricta. Según reveló la televisión pública nacional, el vicejefe del Estado Mayor, Tamir Yadai, explicó que "si vemos un adulto sospechoso, disparamos. Si vemos un niño en un burro, lo paramos". Estas declaraciones provocaron la protesta del ultraderechista ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, quien cuestionó: "¿Por qué no disparar a un niño con un burro?".
La BBC ha constatado, tras analizar vídeos e imágenes satelitales, que el ejército ha ubicado los marcadores de hormigón cientos de metros más al interior de Gaza de lo que inicialmente se había indicado, lo que podría interpretarse como una estrategia para ganar distancia entre los bloques y una frontera que podría mantenerse a largo plazo.
Entre las medidas punitivas que el gobierno de Benjamín Netanyahu estudia implementar, según el diario Israel Hayom, está precisamente desplazar la Línea Amarilla hacia el oeste, reduciendo aún más el espacio disponible para la población palestina en un territorio que ya era, antes de la invasión de 2023, el más densamente poblado del planeta.
Las tensiones continúan en la zona. Este martes, las Fuerzas Armadas israelíes lanzaron una oleada de bombardeos que mató al menos a ocho palestinos, según las autoridades sanitarias de la Franja, después de que Netanyahu ordenase "ataques contundentes" al denunciar un nuevo ataque contra sus tropas cerca de Rafah.
La estrategia israelí parece combinar el palo y la zanahoria para la población gazatí: por un lado, el bloqueo de la ayuda y la reconstrucción en la zona que controla Hamás hasta que se desarme por completo; por otro, la edificación de los primeros edificios tras dos años de conflicto en las zonas que Israel defina como "libres de terrorismo".
Estados Unidos e Israel ya han señalado Rafah, en el sur y bajo control israelí, como el primer escenario para iniciar la reconstrucción, aprovechando que está completamente arrasado. Sin embargo, entre las medidas punitivas que Israel considera también está mantener cerrado el cruce fronterizo de Rafah con Egipto, cuya reapertura estaba prevista hace dos semanas.
La situación humanitaria sigue siendo crítica. El alto mando militar israelí admite que han comenzado ya a "desarrollar infraestructura de agua y electricidad para preparar el lugar para los próximos acontecimientos o fases del alto el fuego", pero mientras tanto, la ayuda humanitaria sigue siendo insuficiente y podría reducirse aún más como parte de las medidas de presión contra Hamás.
Virtualmente no hay palestinos al este de la Línea Amarilla, apenas entre cientos y miles en una población de más de dos millones, según el alto mando militar citado por El País. Son principalmente miembros de clanes familiares vinculados a la delincuencia y el saqueo de ayuda humanitaria a los que Israel ha venido armando y protegiendo, y contra los que Hamás ha lanzado una campaña de persecución.
La situación de seguridad sigue siendo volátil. El ejército israelí calcula que quedan aún "unos pocos cientos" de milicianos escondidos en túneles en la zona bajo su control. Hamás ha asegurado no tener contacto con ninguno de ellos y los analistas los consideran una amenaza latente: ocultos en túneles que las tropas vienen inutilizando a diario, con escasas provisiones y quizás sin conocimiento del alto el fuego vigente.