Israel consolida su expansión militar en Oriente Próximo tras dos años y medio de conflictos continuos
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Israel consolida su expansión militar en Oriente Próximo tras dos años y medio de conflictos continuos

Desde el ataque de Hamás en octubre de 2023, Israel ha bombardeado siete territorios y expandido su control territorial en la región, culminando con una ofensiva contra Irán que involucra a Estados Unidos. El primer ministro Benjamín Netanyahu avanza en su objetivo declarado de cambiar el mapa geopolítico de Oriente Próximo, aprovechando su superioridad militar y el respaldo estadounidense bajo la administración de Donald Trump.

INTERNACIONAL15 MAR 2026

El 9 de octubre de 2023, dos días después de que Hamás causara la jornada más letal para Israel con unos 1.200 muertos en su ataque sorpresa, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu pronunció una declaración que entonces sonó más a deseo que a plan concreto: "Vamos a cambiar Oriente Próximo. Este es solo el principio", según reportó El País. Su fuerza aérea lanzaba en ese momento sobre Gaza casi mil bombas al día, matando a cientos de personas diariamente.

Dos años y medio después, la franja palestina es un escombro sepultado en las preocupaciones de las cancillerías, con el ejército israelí sin prisa ni presión por cumplir su compromiso de replegarse de más de la mitad de Gaza que controla, según la fuente. Netanyahu está ahora embarcado en culminar su "sueño" declarado desde hace décadas: intentar derribar el régimen de Irán, su gran competidor regional.

Este es el último episodio de un camino en el que Israel nunca había atacado tanto, tan lejos y en tantos sitios. Desde 2023 ha bombardeado siete territorios: Irán, Yemen, Qatar, Cisjordania, Siria, Líbano y Gaza, y ha controlado más terreno en varios de ellos, con vocación de permanecer "para siempre", como ha declarado su ministro de Defensa, Israel Katz, según El País.

La guerra lanzada hace dos semanas contra Irán representa una victoria para Netanyahu desde su primer minuto, por el mero hecho de involucrar a Donald Trump, el único presidente que ha embarcado en semejante aventura a la mayor potencia militar global, Estados Unidos, según la fuente. "Netanyahu puede presentar casi cualquier resultado imaginable como prueba de que siempre tuvo razón: que había que hacer frente a Irán, que el uso de la fuerza era inevitable y que la demora solo habría hecho que la amenaza fuera más peligrosa", escribió este viernes Mairav Zonszein, analista sénior sobre Israel del laboratorio de ideas International Crisis Group, en un artículo de opinión en The New York Times, según reportó El País.

Un gran mérito del primer ministro israelí ha sido condicionar el debate desplazando el radio del problema, según la fuente. Desde hace años, el foco siempre había sido el programa nuclear de Teherán. Netanyahu llevaba dos décadas afirmando que Teherán estaba a pocos meses, o semanas, de generar una bomba atómica, para convencer a Estados Unidos de esgrimir la amenaza militar. Fue la voz más crítica contra el acuerdo nuclear con Irán que Barack Obama forjó en 2015 y que Trump enterró en 2018, en su primera legislatura, al sacar a Estados Unidos del pacto.

Netanyahu introdujo recientemente en el debate el programa de misiles balísticos de Irán, pese a que Israel también lo posee y a que no inquietaba a la comunidad internacional, según El País. En diciembre de 2025, Trump y Netanyahu se reunieron en Florida y los periodistas preguntaron al estadounidense si apoyaría un ataque de Israel a Irán por el programa nuclear que, en teoría, habían destrozado apenas seis meses antes, en la anterior guerra. "Inmediatamente", respondió Trump. Cuando le preguntaron si también apoyaría un ataque contra el programa de misiles, insistió: "Absolutamente".

Es lo que el comentarista del diario Haaretz, Zvi Barel, llamó el mes pasado la versión israelí de un Oriente Próximo libre de armas: se aplica a todos los otros países, "sean armas de las que solo se puede hablar en el extranjero [nucleares] o una pistola para uso personal", según citó El País. "Es el Estado de Israel", concluyó Barel.

Esta nueva guerra culmina el camino recorrido por Israel desde el ataque de Hamás en 2023. Ha abrazado un militarismo y expansionismo particularmente agresivo, tras apostar durante dos décadas por ofensivas periódicas en Gaza en 2008, 2012, 2014 y 2021, en una estrategia llamada "cortar el césped", según la fuente.

Aunque tiene uno de los ejércitos más poderosos del mundo y uno de los pocos con armamento nuclear, ha parido un cambio estratégico a raíz de aquella jornada letal que consiste en desconfiar de la diplomacia, ir a por las capacidades ajenas, sean una amenaza real o percibida, y expandir sus fronteras, según El País. Cuanto más, mejor, alegrando tanto a los militares deseosos de la denominada "profundidad estratégica" como a los nacionalistas religiosos que aspiran a colonizar la Tierra de Israel, un concepto territorial de origen bíblico y sin límites claros que abarca las actuales Israel y Palestina y partes de Jordania, Líbano, Siria e Irak.

Aunque afloran diferencias de objetivos al empantanarse una operación que pretendían rápida, alistar a Estados Unidos contra Irán ha sido otra victoria, al menos a corto plazo, según la fuente. Israel sigue contando con autorización para lanzar guerras porque puede hacerlo, militar y diplomáticamente, cuando ve la oportunidad. Ha sucedido ahora: Teherán venía de reprimir las protestas ciudadanas a sangre y fuego y apenas contaba con milicias aliadas a las que pedir ayuda. Solo se ha sumado la libanesa Hezbolá, según El País.

En sus últimos dos años y medio de guerra en guerra, Israel no solo ha reafirmado su incuestionable superioridad armamentística y de inteligencia, sino también la solidez del vínculo con Estados Unidos, incluso con una acusación de genocidio en el Tribunal de La Haya y con Netanyahu bajo orden de arresto por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad en Gaza, según la fuente. También ha demostrado la dificultad de otros socios para renunciar a los giros lingüísticos en las condenas que emiten con claridad en otras partes del mundo.

Líbano y Siria son dos ejemplos de su posición de fuerza. En noviembre de 2024, Israel firmó un alto el fuego con Líbano tras dos meses de guerra en el que se comprometía a abandonar por completo el territorio libanés y detener los bombardeos, según El País. En vísperas de la retirada plena, anunció que mantendría cinco posiciones militares, vulnerando el acuerdo, pero Estados Unidos, garante del pacto con Francia y quien realmente decide, lo legitimó.

El texto, lleno de cabos sueltos, le daba en la práctica carta blanca para actuar militarmente ante lo que percibiese como una amenaza, según la fuente. El resultado: durante año y medio de tregua, Hezbolá no lanzó un solo proyectil hasta el pasado 2 de marzo, en apoyo a Irán.

En el mismo periodo, las Fuerzas Armadas de Israel mataron en bombardeos casi diarios en Líbano a casi 400 personas, más de 130 de ellos civiles, acusando a la milicia de intentar reorganizarse a escondidas, según El País. Preguntado al respecto, Trump declaró: "Hezbolá se está portando mal".

Es una situación similar a la de Gaza. El alto el fuego del pasado octubre atraviesa un impasse que conviene a Netanyahu, según la fuente. Las milicias de la Franja no han lanzado un solo proyectil, pero los bombardeos israelíes siguen siendo diarios. Cuando el ejército da cuenta de un opaco ataque previo contra sus tropas, los muertos han llegado al centenar. El resto suele ser una rutina de un solo dígito, según El País. Trump ha asegurado que no tiene "ningún problema" con el comportamiento de Netanyahu en el alto el fuego, pero que Hamás vivirá "un infierno" si no se desarma, otro compromiso del acuerdo, en un "periodo de tiempo muy corto".

En Siria, Israel aprovechó la sorpresa ante la caída relámpago de Bashar El Asad y el fin de 13 años de guerra civil para ganar territorio, según la fuente. Ya ocupaba los Altos del Golán desde la Guerra de los Seis Días de 1967 y ha avanzado desde entonces, en vulneración del armisticio de 1974.

En este contexto, su principal reto ahora es transformar estos éxitos tácticos en estratégicos y duraderos, sabiendo que el uso de la fuerza puede hacer olvidar los límites del propio poder, según El País. Es lo que advierte la analista Zonszein al recordar "la pregunta central que ha impulsado la política israelí desde hace décadas: si el dominio militar en Oriente Próximo puede, en realidad, traducirse en seguridad duradera". "Un Israel que emerge de esta guerra como militarmente imbatible podría salir aún más aislado políticamente. Una potencia dominante no solo disuade", advirtió Zonszein. "También concentra resentimiento".

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