Japón ha cruzado una línea histórica en su política de defensa. El martes, las Fuerzas Terrestres de Autodefensa activaron por primera vez sistemas de misiles de largo alcance con capacidad de ataque ofensivo, rompiendo con décadas de doctrina exclusivamente defensiva. La reacción de China fue inmediata y contundente: Pekín calificó el movimiento como neomilitarismo y advirtió que la comunidad internacional debe mantenerse en máxima alerta, según declaró la portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, en rueda de prensa.
Los dos sistemas desplegados son el misil antibuque Tipo 25 y el proyectil planeador hipersónico, ambos bajo la denominación Type 25, según informó el Ministerio de Defensa japonés. El primero, una evolución del Tipo 12, tiene un alcance de aproximadamente mil kilómetros, lo que permitiría a Japón atacar objetivos situados en la costa oriental de China, según reportó El País. El segundo introduce capacidades hipersónicas con trayectorias impredecibles y mayor dificultad de interceptación, orientadas especialmente a la defensa de islas remotas, según El Español.
El misil Tipo 25 fue activado en la base de Kengun, en la prefectura de Kumamoto, en el suroeste de Japón, mientras que los proyectiles hipersónicos se desplegaron en el Campamento Fuji, en la prefectura de Shizuoka, en el este del país, según las fuentes consultadas. Ambos sistemas forman parte de la nueva capacidad de contraataque que Tokio quiere incorporar a su doctrina de seguridad, que contempla la posibilidad de golpear bases de misiles, buques o instalaciones militares del adversario en caso de ataque o amenaza inminente.
El ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, justificó la iniciativa señalando que busca fortalecer las capacidades de disuasión y respuesta en un momento en el que el entorno de seguridad se ha vuelto el más hostil y complejo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, según declaraciones a la cadena NHK recogidas por El País. Koizumi afirmó que el despliegue responde directamente a los desafíos emergentes en la región.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el Artículo 9 de la Constitución japonesa establece la renuncia a la guerra y al uso de la fuerza para resolver disputas internacionales. La ampliación de las capacidades de respuesta introduce un cambio con una notable carga política, alejándose del enfoque de medios mínimos necesarios que había caracterizado la política de defensa japonesa durante décadas, según El Español.
La respuesta china fue categórica. El Ministerio de Defensa chino advirtió que el neomilitarismo japonés se ha convertido en una amenaza real, capaz de socavar la paz y la seguridad regionales, según El País. Mao Ning, directora de información de la Cancillería china, denunció que el despliegue de los misiles demuestra que la derecha japonesa está empujando la política de seguridad en una dirección expansionista.
La portavoz del Ministerio de Exteriores chino afirmó que las armas desplegadas por Japón van mucho más allá de la autodefensa y constituyen armas ofensivas incompatibles con su tradicional política exclusivamente defensiva, según El Español. Mao Ning instó a Japón a reflexionar profundamente sobre su pasado militarista y a actuar con prudencia, advirtiendo que este movimiento amenaza la paz regional.
La relación diplomática entre China y Japón se encuentra en caída libre desde noviembre de 2025, después de que la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sugiriese que un intento de China de apoderarse de Taiwán —la isla autogobernada que Pekín considera una provincia rebelde— podría suponer una amenaza existencial para Japón y justificaría el despliegue de las Fuerzas de Autodefensa, según El País. Takaichi encarna el ala más conservadora en materia de seguridad dentro del Partido Liberal Democrático, que ha gobernado de manera casi ininterrumpida Japón desde 1955, y es fiel defensora de mantener una política exterior más asertiva frente a China.
Las declaraciones de la primera ministra hicieron enfurecer a las autoridades comunistas, que desde entonces han adoptado una serie de medidas contra Japón con impacto político, económico y social, según las fuentes consultadas. La tensión se vio agravada en marzo de 2026, después de que un miembro de las Fuerzas de Autodefensa japonesas, de 23 años, irrumpiese en el recinto de la Embajada china en Tokio armado con un cuchillo. El individuo fue detenido en el acto, pero el incidente no ha dejado de ser amplificado por los medios chinos en las últimas semanas.
En una conferencia de prensa el 31 de marzo de 2026, Mao Ning declaró que este incidente demuestra cuán tóxica y peligrosa puede ser la ideología de extrema derecha y la visión distorsionada de la historia en Japón, según la transcripción oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores chino. La portavoz señaló que, según reportajes de prensa, la Academia de Defensa Nacional de Japón mantiene la práctica anual de realizar visitas grupales al Santuario Yasukuni, un lugar controvertido que honra a criminales de guerra japoneses.
Mao Ning cuestionó qué tipo de ideología le inculcaron las Fuerzas de Autodefensa al oficial durante los nueve meses de entrenamiento que recibió, afirmando que estas interrogantes merecen mayor atención, una investigación exhaustiva y una profunda reflexión. La portavoz china instó a la comunidad internacional a permanecer en alerta máxima ante el giro hacia la derecha de las Fuerzas de Autodefensa y la tendencia a la remilitarización en Japón.
El lunes anterior al despliegue, el Diario del Ejército Popular de Liberación, el órgano oficial de la propaganda militar china, publicó un inusual reportaje en el que acusaba a Japón de cruzar una línea roja por expandir peligrosamente su industria de defensa en capacidad, tecnología y proyección internacional, según El País. El texto aseguraba que Japón disponía a finales de 2024 de una reserva de plutonio suficiente para producir alrededor de 5.500 cabezas nucleares, y alertaba de que el país podría convertirse en un Estado de facto con armamento nuclear en un periodo de tiempo extremadamente corto.
El artículo del diario militar chino sostiene que Japón ha trabajado de forma sistemática para desarrollar su industria militar bajo la cobertura de tecnología civil y que está fomentando la participación de más empresas en proyectos de investigación y desarrollo militar, según las fuentes consultadas. Tokio destinó en 2025 una cifra récord de 17.500 millones de yenes —unos 106 millones de euros— a su programa de investigación para la transición de tecnologías avanzadas, 18 veces más que en 2022.
El rotativo nacionalista chino Global Times criticó el miércoles que la parte japonesa no ha reflexionado sobre su fallo a la hora de mantener la disciplina y que, en lugar de ello, sigue promoviendo la narrativa de amenazas externas y acelerando el rearme, según El País. En medio de las crecientes tensiones, China prohibió en enero de 2026 la exportación a Japón de bienes de doble uso e incluyó a 20 entidades en una lista negra por encontrarse a la vanguardia del rearme del país. Entre ellas figuran Mitsubishi Heavy Industries y Kawasaki Heavy Industries.
El despliegue de los sistemas Type 25 no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia para dotar a Japón de una disuasión en profundidad, según El Español. La capacidad de atacar objetivos a larga distancia introduce una nueva variable en el cálculo estratégico regional. Los planes japoneses contemplan la integración de estos nuevos sistemas a plataformas aéreas y marítimas a partir de 2027, según las fuentes consultadas.
Además, Japón ha adquirido 400 unidades de misiles de crucero Tomahawk estadounidenses con un alcance superior a 1.600 kilómetros, cuya llegada está prevista en el actual ejercicio fiscal, según Infobae. El país también planea desplegar el proyectil hipersónico japonés Hyper Velocity Gliding Projectile en Kyushu para 2027 o principios de 2028.
La fortificación de las islas del suroeste de Japón representa la mayor transformación militar del país en décadas, en respuesta al crecimiento militar de China y al temor creciente ante un posible conflicto en Taiwán, según Infobae. Este despliegue suma más de 10.000 soldados, nuevas bases e innovadores sistemas de misiles, y busca elevar el costo estratégico para Pekín de cualquier intento de intervención armada en la región.
En los últimos años, la diferencia en presupuestos de defensa entre Japón y China se ha hecho abismal. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, mientras en 2005 ambos países invertían cerca de 43.000 millones de dólares en sus fuerzas armadas, para 2024 China superó los 300.000 millones de dólares, una cifra equivalente a seis veces el gasto japonés, según Infobae.
La decisión de Japón de reforzar el primer arco insular —que se extiende desde Kyushu hasta Yonaguni, a menos de 110 kilómetros de Taiwán— responde tanto a hechos recientes como a un giro estratégico de largo plazo, según las fuentes consultadas. La isla de Yonaguni, ocupada militarmente solo desde 2016 tras décadas de escasa defensa en la zona, fue testigo en 2022 de la caída de misiles chinos durante ejercicios que simulaban el cerco a Taiwán.
Este cambio de postura supone un rediseño de la arquitectura defensiva japonesa. Tradicionalmente, las Fuerzas de Autodefensa de Japón estaban concentradas en el norte, ante la posible amenaza soviética. Sin embargo, el ascenso económico y militar de China tras la desaparición de la Unión Soviética forzó una redistribución hacia el suroeste del archipiélago, según Infobae.
El refuerzo en la región se concreta en una serie de bases establecidas entre 2016 y 2023, la instalación de radares avanzados y el despliegue de baterías de misiles antiaéreos Patriot y sistemas de guerra electrónica, según las fuentes consultadas. La estrategia incorpora la ampliación de capacidades ofensivas, como señala Ken Jimbo, ex asesor de seguridad nacional y presidente de International House of Japan, quien explicó a The Wall Street Journal que Japón debe involucrar al enemigo a distancia.
Este cambio de doctrina apunta a una disuasión robusta capaz de elevar los costos de una ofensiva enemiga y minimizar sus probabilidades de éxito en el mar de China Oriental, según Infobae. La relación entre la defensa japonesa y la posible crisis de Taiwán es objeto de análisis constante en Tokio. Para Takuya Matsuda, profesor adjunto en la Universidad Aoyama Gakuin, una eventual conflagración forzaría a Japón a intervenir porque el conflicto armado por Taiwán es inseparable de la defensa territorial japonesa.
La colaboración entre Japón y Estados Unidos en la región se traduce en ejercicios conjuntos de gran escala y en la presencia creciente de marines estadounidenses en Okinawa, según Infobae. Entre las novedades destaca la base de la Brigada Anfibia de Despliegue Rápido, una fuerza similar a infantería de marina, creada en 2018 y equipada para retomar territorios insulares en caso de ocupación. El año pasado, 17 helicópteros Osprey se trasladaron a Kyushu para mejorar la movilidad de esta brigada.
La postura militar japonesa busca una defensa por negación, concepto explicado por Jimbo: Japón no pretende igualar a China en número de misiles o buques, sino poseer armamento capaz de obstaculizar y disuadir cualquier aventura militar, especialmente dificultando el paso de portaaviones chinos a través de estrechos estratégicos como Miyako, según Infobae.
Sin embargo, esta militarización encuentra resistencia local. Tanto residentes como autoridades civiles de las islas temen que el aumento de equipamiento militar convierta estos territorios en blancos prioritarios, según las fuentes consultadas. Los proyectos de expansión requieren consultas comunitarias y la llegada de buques estadounidenses suele generar protestas. Además, una crisis obligaría a coordinar el uso de puertos y aeropuertos civiles, planteando desafíos logísticos importantes.
En Tokio, dirigentes como Akihisa Nagashima, ex asesor de seguridad nacional y legislador del Partido Liberal Democrático, insisten en que la pérdida de Taiwán ante Pekín colapsaría los cimientos de la seguridad nacional japonesa, según Infobae. Para Nagashima, el avance de la frontera china a pocas millas de Japón sería un cambio geopolítico profundo y una amenaza directa que obligaría a preocuparse por los 360 grados del territorio.
La ofensiva tecnológica y militar de China —con tres portaaviones en operación fuera del primer arco insular y constante presión sobre los islotes Senkaku, administrados por Tokio pero reclamados también por Pekín y Taipéi— mantiene la tensión al máximo, según las fuentes consultadas. El aumento de la presencia de guardacostas y milicias pesqueras chinas alrededor de estos islotes ha sido constante en los últimos años.
Para Pekín, el despliegue japonés erosiona el statu quo de posguerra. Para Tokio, es una respuesta necesaria a un entorno cada vez más hostil, según El Español. En medio, el Indo-Pacífico se adentra en una fase de mayor competencia militar, donde la línea entre defensa y ofensiva se vuelve cada vez más difusa. Japón, que aún debate cuánto es suficiente para disuadir a su rival, observa el precedente de Ucrania con inquietud, reconociendo que la prueba definitiva de su estrategia vendrá solo si la disuasión fracasa, según Infobae.


