Una nueva generación de influencers cubanos de entre 20 y 22 años está utilizando las redes sociales para denunciar la crisis que atraviesa la isla, enfrentándose a la represión estatal mientras crean contenido político durante apagones y con internet precario. Algunos han sido arrestados, otros vigilados, pero continúan documentando la escasez de alimentos, los cortes eléctricos y la corrupción en un país que ha visto la salida de casi dos millones de personas en los últimos tres años.