La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología emergente para convertirse en infraestructura cotidiana en 2026, con más de 300 millones de trabajadores interactuando diariamente con estas herramientas. Mientras la IA promete mejoras en productividad, salud y educación, expertos advierten sobre riesgos de dependencia cognitiva, ampliación de desigualdades y concentración de poder en pocas empresas tecnológicas.