La nueva plutocracia: cómo multimillonarios como Musk, Bezos y Zuckerberg concentran poder político y económico sin precedentes
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La nueva plutocracia: cómo multimillonarios como Musk, Bezos y Zuckerberg concentran poder político y económico sin precedentes

Los doce multimillonarios más ricos del mundo poseen más riqueza que cuatro mil millones de personas, según datos de Oxfam, mientras sus fortunas crecieron en 2025 a un ritmo tres veces superior al promedio de los cinco años anteriores. Esta concentración de riqueza se traduce en poder político sin precedentes históricos: cien familias estadounidenses aportaron uno de cada seis dólares gastados en las elecciones de 2024, más de la mitad de los principales medios mundiales pertenecen a multimillonarios, y ocho de las diez mayores empresas de inteligencia artificial están dirigidas por ellos, según análisis de expertos en desigualdad.

INTERNACIONAL9 MAY 2026

La concentración de riqueza y poder en manos de multimillonarios alcanza niveles sin precedentes históricos, transformando el panorama político y económico global de manera que amenaza los fundamentos democráticos, según revelan investigaciones recientes de organizaciones internacionales y académicos especializados en desigualdad.

Según datos de Oxfam, los doce multimillonarios más ricos del mundo poseen colectivamente más riqueza que más de cuatro mil millones de personas. Durante 2025, las fortunas de los multimillonarios mundiales crecieron a un ritmo tres veces superior al promedio anual registrado en los cinco años anteriores, según un informe de Oxfam publicado en enero.

Esta acumulación de riqueza se traduce directamente en poder político mediante mecanismos que transforman el capital económico en influencia sobre las decisiones que afectan a toda la población. Max Lawson, quien dirige la investigación sobre desigualdad en Oxfam, señala que los multimillonarios han minimizado impuestos y otras regulaciones que limitan sus ganancias utilizando una serie de herramientas que convierten el poder económico en poder político, entre las que se encuentran la financiación de campañas y partidos, la amenaza de trasladar el dinero a otros lugares, el cabildeo tradicional y la apropiación del discurso público mediante inversiones en medios de comunicación, redes sociales y el dominio de la inteligencia artificial.

La investigación fiscal de ProPublica publicada el 8 de junio de 2021 reveló que Jeff Bezos, Elon Musk, George Soros y Warren Buffett lograron pagar absolutamente cero impuestos sobre la renta en varios ejercicios fiscales anuales sin cometer ninguna irregularidad, según los registros tributarios a los que accedió la publicación. La tasa promedio del impuesto sobre la renta pagada por las 25 personas más ricas de Estados Unidos entre 2014 y 2018 fue del 15,8 por ciento, inferior a la tasa que podría pagar un trabajador soltero que gane 45.000 dólares al año, según escribió ProPublica. Aunque la diferencia no es tan pronunciada en Europa, la misma regla se aplica en Bélgica, España, Italia, Francia y los Países Bajos: los impuestos efectivos pagados por el uno por ciento más rico son siempre inferiores a los del contribuyente promedio.

La influencia política de los multimillonarios se manifiesta de múltiples formas. En las elecciones estadounidenses de 2024, solo cien familias contribuyeron con uno de cada seis dólares gastados por candidatos, partidos y comités, según datos citados en el análisis. Estas familias invirtieron 2.600 millones de dólares ese año, más del doble de los 1.000 millones que habían invertido durante las elecciones de 2020, y 160 veces lo que invirtieron antes de que la Corte Suprema de Estados Unidos eliminara los límites a la financiación de campañas en 2010.

El control del discurso público constituye otra dimensión crítica de este poder. Según los cálculos de Oxfam, más de la mitad de los principales medios de comunicación del mundo son propiedad de multimillonarios, ocho de las diez mayores empresas de inteligencia artificial están dirigidas por multimillonarios, al igual que nueve de las diez mayores plataformas de redes sociales.

Los multimillonarios han adquirido lo que el análisis describe como "nuevos superpoderes" para manipular la política mientras los padres de clase media en partes del mundo occidental encuentran cada vez más difícil que sus hijos igualen su nivel de vida. Entre estos superpoderes se encuentra el poder de decidir el destino militar de un país otorgando o negando acceso a sus satélites, siendo Starlink de Musk un ejemplo; el poder de contribuir o no a la difusión de desinformación que amenaza la convivencia democrática, como en los casos de Facebook y X; o el poder de revolucionar el mundo del trabajo y la comunicación con inteligencia artificial mientras muchos países luchan por aprobar incluso una regulación mínima.

El economista Branko Milanovic afirma que romper el vínculo entre el poder económico y político es difícil porque quienes lo ejercen saben lo esencial que es esa influencia para mantener su posición. "Pero un plutócrata astuto haría lo mismo que hicieron los capitalistas después de la Segunda Guerra Mundial: enfrentados a la posibilidad del comunismo, aceptaron muchas de las demandas de igualdad para preservar su poder", explica Milanovic. "Si los principales plutócratas no frenan sus apetitos, y su ambición se vuelve demasiado obvia, la reacción en su contra podría terminar socavando los pilares mismos sobre los que se sostienen", advierte.

Según Milanovic, probablemente no existe precedente histórico para la desigualdad de riqueza que existe hoy, y de hecho, no hay precedente para el nivel de riqueza global. En su opinión, dos de las razones por las que los multimillonarios parecen continuar acumulando riqueza sin reparos tienen que ver con la "falta de precedentes recientes en los que su poder fue desafiado" y con la visibilidad que brindan las redes sociales. "Antes, los nombres de los multimillonarios no eran ampliamente conocidos; ahora están en las noticias todos los días, todos los reconocen. No sé si eso también les dificulta frenar sus apetitos", dice.

Un informe de Oxfam publicado en enero señala que las acciones de la presidencia de Trump, incluida la defensa de la desregulación y el socavamiento de acuerdos para aumentar la tributación corporativa, han beneficiado a los más ricos.

La investigación publicada en diciembre de 2024 en la revista de la Academia Nacional de Ciencias por Eli G. Rau y Susan Stokes sobre los efectos perniciosos de la desigualdad concluyó que la probabilidad de retroceso democrático era siete veces mayor en los países más desiguales. Rebecca Gowland, portavoz en Reino Unido de Patriotic Millionaires, una organización de millonarios conscientes del problema de la desigualdad que hace campaña para que los gobiernos aumenten sus impuestos, afirma que este retroceso finalmente deslegitima todo el sistema.

"El problema no es solo que los multimillonarios estén diseñando políticas que nos afectan a todos en su propio beneficio, sino que lo están haciendo a plena vista, y eso también nos hace perder la fe en la democracia", dice Gowland. Los propios multimillonarios lo admiten en encuestas anónimas. "En la última encuesta que realizamos en enero en los países del G-20, les preguntamos si creían que la riqueza extrema se usaba para comprar influencia política, y casi el 80 por ciento respondió que sí y que no debería ser así", explica.

El crecimiento de las fortunas de los multimillonarios no se debe únicamente a que los impuestos tienen poco impacto en su riqueza. Según Francisco Ferreira, jefe de estudios sobre desigualdad en la London School of Economics, también se han beneficiado enormemente del debilitamiento de las regulaciones que protegen la libre competencia. Ferreira argumenta que la industria del acero, o incluso la industria petrolera, enfrentaron mucha más competencia que los gigantes tecnológicos actuales, "que pueden operar con márgenes mucho mayores y generar ganancias extraordinarias".

El juez de la Corte Suprema de Estados Unidos Louis Brandeis, figura clave en la lucha contra los monopolios entre 1916 y 1939, dijo: "Podemos tener democracia en este país, o podemos tener una gran riqueza concentrada en manos de unos pocos, pero no podemos tener ambas". Su jurisprudencia y las leyes promulgadas a principios del siglo pasado ayudaron a contener las tendencias monopolísticas hasta la década de 1980, cuando una reinterpretación de la ley antimonopolio redujo su alcance a casos que involucraban aumentos de precios o reducción de producción. Esto sentó las bases para la creación de gigantes como Amazon, Meta y Google, que cobraban a sus usuarios poco o nada a cambio de un poder de mercado que les ha permitido dictar las reglas y neutralizar a sus rivales.

El expresidente estadounidense Joe Biden intentó revivir el espíritu de Brandeis nombrando a Lina Khan para combatir los monopolios en la Comisión Federal de Comercio, pero Trump la destituyó tan pronto como asumió el cargo. "No es posible revertir una tendencia hacia la concentración en solo cuatro años", dice Ferreira. "Si las estrategias regulatorias de Khan se hubieran mantenido durante 20 años, habría marcado una diferencia; pero las fusiones y adquisiciones no ocurren todos los años".

Aunque las regulaciones no son perfectas, la defensa de la libre competencia y la financiación de campañas están mejor reguladas en la Unión Europea, según la filósofa y economista belga Ingrid Robeyns, autora de un libro sobre la idea de limitar la riqueza mediante un tope a la cantidad máxima de riqueza que una persona puede acumular. "En el sector de los medios, por ejemplo, en Europa tenemos toda una serie de agencias que deben autorizar las operaciones de crecimiento de las empresas, mientras que en Estados Unidos vemos cómo la familia Ellison, propietarios de Oracle y ahora también de Paramount, está adquiriendo a todos los principales actores; su última compra fue CNN", dice Robeyns.

Además de poner en peligro el funcionamiento y la legitimidad del sistema democrático, la acumulación de riqueza por parte de los multimillonarios tiene efectos perjudiciales en la economía. Si esa riqueza estuviera distribuida de manera más equitativa, podría impulsar la actividad económica y el empleo mediante un mayor consumo. Tampoco ayuda el exceso global de ahorros generado por esta concentración de riqueza, lo que el expresidente de la Reserva Federal Ben Bernanke llamó el "exceso global de ahorro". En busca de rendimientos, toda esa liquidez acumulada busca nuevos refugios de inversión en sectores como educación, salud y vivienda, derechos básicos que gradualmente se han alejado más del alcance a medida que han sido absorbidos por la lógica del mercado.

Guido Alfani, profesor de historia económica en la Universidad Bocconi, señala que los antiguos griegos ya nos advirtieron sobre la incompatibilidad entre democracia y concentración de riqueza. "Aristóteles escribió que en un contexto de gran desigualdad, los súper ricos serían como dioses entre los hombres", dice Alfani. "La República de Venecia es un ejemplo claro", explica. "En el siglo XV, los humanistas decían que era el modelo perfecto para una república estable porque su estructura impedía que los más ricos obtuvieran control político, y sin embargo, a principios del siglo XVII, los ricos podían comprar un asiento en el Gran Consejo de Venecia, y todos sus descendientes podían ser parte de la familia gobernante". Según Alfani, la deriva plutocrática suele coincidir con el momento en que las élites perciben un empeoramiento de las condiciones que permitieron su enriquecimiento.

El paralelo histórico más útil podría ser la llamada Edad Dorada en Estados Unidos, que abarca las últimas tres décadas del siglo XIX. Fueron los años del ferrocarril y la rápida industrialización, con el surgimiento de fortunas gigantescas como las de los Rockefeller, los Vanderbilt, los Carnegie y los Morgan. "La Guerra Civil había terminado, y los ciudadanos no estaban preparados para lo que venía", explica Richard White, profesor de historia económica en Stanford. "Venían de la esclavitud, donde los dueños de plantaciones también eran los más ricos, y esperaban entrar en un mundo de pequeños productores compitiendo entre sí: no lograron ver la industrialización y el mundo de asalariados empobrecidos que se avecinaba porque nada de eso había existido antes en el país".

Así como Trump anunció hace un año inversiones conjuntas de 500.000 millones de dólares para inteligencia artificial, los gobiernos de la Edad Dorada ayudaron a esos primeros empresarios con subsidios y aranceles, argumentando que la industrialización sería buena para todo el país. "Pero ¿quién se benefició de esa industrialización?", pregunta White. "Cuando observas cosas como salarios, esperanza de vida y salud, en esa era, lo que encuentras es un declive para la gran mayoría de los estadounidenses", dice. "Las condiciones se deterioraron tanto que comenzaron a aparecer todo tipo de señales de una inminente guerra de clases en el país, con protestas en las calles y una mayoría abrumadora contra los monopolios, independientemente de su afiliación política".

Ray Madoff, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Boston, recuerda que el presidente estadounidense William McKinley fue asesinado en 1901 por un socialista, y que incluso las publicaciones conservadoras decían que había que hacer algo para abordar el problema del poder monopolístico y la concentración de riqueza. Madoff recuerda cómo el sistema tributario pasó entonces de los aranceles a la introducción de un sistema fiscal que sentaría las bases del actual.

El impuesto progresivo sobre la renta se introdujo en 1913, seguido del impuesto sobre el patrimonio en 1917. Estos gravámenes lograron una redistribución de la riqueza y reducción de la desigualdad sin precedentes durante la mayor parte del siglo XX. Este período, en palabras de White, coincide con "la era más próspera en la historia de Estados Unidos".

Aunque la estructura de los dos impuestos sigue siendo la misma hoy, Madoff dice que han sido "erosionados secretamente" en beneficio de las personas más ricas durante los últimos 40 años. Describe diversas técnicas, como fideicomisos personales y fundaciones, utilizadas para eludir los impuestos sobre el patrimonio y las herencias, entre otras herramientas. "Lo que hacen se basa en el siguiente principio: los bancos necesitan prestar dinero, porque ese es su negocio, y los multimillonarios tienen una cantidad gigantesca de riqueza para garantizar esos préstamos, por lo que viven endeudados, refinanciando esa deuda una y otra vez", explica Madoff.

La solución es técnicamente simple, dice Madoff. Asegurar que la riqueza se grave tan pronto como haya una transferencia de propiedad, independientemente de quién la reciba, ya sea mediante venta, donación o herencia, sin exenciones distintas a las decididas por una mayoría democrática. "Por supuesto, existe el deseo de ayudar a los hijos, especialmente ahora que la herencia se ha convertido en la única forma de ayudarlos a mantener un estilo de vida de clase media, pero eso se puede resolver dejando el primer millón o dos millones de dólares sin impuestos; lo que la sociedad decida democráticamente", explica el profesor. "Pero eso no tiene nada que ver con justificar que los descendientes de Zuckerberg o Musk no paguen impuestos sobre sucesiones".

Según análisis del economista francés Gabriel Zucman, evitar que los multimillonarios mantengan el privilegio de pagar menos impuestos que los trabajadores simplemente requeriría asegurar que las fortunas superiores a 100 millones de euros (117 millones de dólares) paguen un impuesto anual mínimo del dos por ciento, independientemente de los mecanismos utilizados para reclasificar o recategorizar la riqueza.

En España, los investigadores Olga Cantó y Francisco García-Rodríguez de la Universidad de Alcalá de Henares concluyeron en un estudio reciente que reformar el impuesto sobre el patrimonio para alinearlo con las propuestas del economista Thomas Piketty, o con el impuesto sobre el patrimonio existente en Noruega, tendría un poder recaudatorio excepcional. Sería suficiente para financiar un beneficio infantil universal de más de 2.000 euros (2.340 dólares) por niño, logrando una mejora del cinco por ciento en el índice de desigualdad de Gini.

Otra solución es imponer impuestos especialmente elevados sobre actividades que convierten el poder económico en poder político. Esto es lo que Branko Milanovic sugiere para cualquier multimillonario que quiera financiar campañas políticas o involucrarse en medios de comunicación, redes sociales y otros intentos de moldear la opinión pública. "No sé si sonará un poco descabellado, pero me parece que los impuestos sobre estas actividades deberían ser confiscatorios, de modo que si quieren poseer medios de comunicación o contribuir a partidos políticos, deberían pagar el dos por ciento de su riqueza en impuestos, por ejemplo", concluye.

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