La película boliviana 'La hija cóndor' retrata el ocaso de las parteras andinas por el éxodo rural
La cinta, dirigida por Álvaro Olmos, se ha convertido en la producción boliviana más premiada de 2025 al abordar la pérdida de tradiciones ancestrales como la partería quechua debido a la migración del campo a la ciudad. El filme, que llegará a las salas bolivianas el 7 de mayo, ya ha recorrido festivales internacionales como Toronto, La Habana y Biarritz, y actualmente se proyecta en Palm Springs.
La película 'La hija cóndor' narra la historia de Clara, una adolescente quechua de Ayopaya, en el valle de Cochabamba, Bolivia, destinada a convertirse en la sucesora de la última partera de su comunidad. Sin embargo, la joven se siente cada vez más atraída por la vida urbana, creando un conflicto entre su deber con el pueblo y su deseo de escapar de lo que ella describe como "vivir en medio de la nada", según relata la trama del filme.
La producción, que ha cosechado numerosos reconocimientos durante 2025, continuará su recorrido internacional este año con presencia confirmada en certámenes de México, España, Bélgica y Francia, además de tener garantizada su exhibición en Estados Unidos y Canadá, según informa El País.
Álvaro Olmos, director de la cinta, atribuye el éxito y la atención generada por su obra a que, aunque aborda una cultura local, toca un tema universal: "La pérdida de las costumbres y la identidad por la migración, del campo a la ciudad", explica. "En la peli hablamos sobre las parteras, pero pasa con muchas tradiciones. La invasión del mundo occidental es lenta", añade Olmos sobre la producción que se estrenará en Bolivia el próximo 7 de mayo.
El rodaje contó con la asesoría de doulas, profesionales que brindan apoyo físico, emocional e informativo durante el proceso de parto. Además, el equipo pudo aprender de Vicenta Domínguez, posiblemente la última partera de Ayopaya, fallecida en un accidente en febrero de 2025. La película está dedicada a ella, como reconoció el productor Aniceto Arrollo durante el preestreno realizado en diciembre en la comunidad: "Muchos jóvenes aquí presentes nacieron de las manos de Vicenta. Como tributo se le hizo esta película, reflejando en varias escenas lo que nos fue contando", declaró en quechua.
En la película, el personaje inspirado en Domínguez es Ana, interpretada por María Magdalena Sanizo, una mujer quechua de 63 años que incorporó sus propios recuerdos de cuando acompañaba a su abuela partera. "La llevaban en mula o caballo... Con solo frotar la panza de la embarazada, mi abuela ya sabía en qué posición estaba el bebé, ponía la cabecita en su lugar si estaba chueco y escuchaba si funcionaba el corazón", rememora Sanizo.
En la tradición andina, el oficio de partera se transmite de generación en generación, pero Sanizo, al igual que el personaje de Clara en la película, optó por la vida urbana. "Me vine más que todo por el matrimonio. A mi esposo le gustaba trabajar en la ciudad; luego vienen los hijos con sus estudios", explica. Este fenómeno migratorio está provocando la desaparición de pequeñas localidades: según un análisis del economista Jimmy Osorio basado en censos, los municipios con menos de 5.000 habitantes en Bolivia pasaron de ser 109 en 1992 a solo 57 en 2024.
La película muestra cómo la partería tradicional se desvanece ante el avance de la medicina institucional. En una escena reveladora, cuando Ana realiza un control prenatal, su paciente la espera con un médico que le dice: "El Gobierno quiere que haya más hospitales rurales para que la gente del campo tenga acceso a una medicina digna". La mujer embarazada acepta esta nueva realidad porque necesita cumplir con el proceso formal para recibir el subsidio de gestación.
Marisol Vallejo, la actriz de 21 años que interpreta a Clara, encuentra paralelismos entre la trama y la historia de sus propios padres, quienes migraron desde Pocona a la ciudad "en busca de trabajo, de ganar dinerito" cuando tenían 18 años. Aunque Vallejo nació en la capital de Cochabamba, mantiene vínculos con sus raíces visitando regularmente la comunidad de sus padres, especialmente durante los carnavales.
En la película, Clara escapa a la ciudad para cumplir su sueño de cantar en una banda de música chicha, un género muy popular en Cochabamba. Estas agrupaciones, conformadas principalmente por mujeres campesinas o de ascendencia rural vestidas con la tradicional pollera, blusa y sombrero, suelen acoger a migrantes del campo. "Con las bandas hacemos viajes larguísimos, dormimos juntas, comemos juntas. En las fechas de mucha demanda, como diciembre o enero, prácticamente vivimos en el auto", relata Vallejo, quien en la vida real fundó la agrupación Estrellas del Valle.
'La hija cóndor' evita presentar una visión maniquea que idealice el campo y demonice la ciudad. La película también muestra aspectos problemáticos de la vida rural, como cuando el consejo del pueblo castiga a una adolescente cortándole el cabello por su comportamiento. Vallejo reflexiona sobre este equilibrio: "Si no se cede un poco a la modernidad, nuestra cultura va a desaparecer. Sería genial poder potenciar nuestras costumbres a través de lo moderno".
El director Olmos busca con su película que los habitantes de Ayopaya vean reflejadas sus historias y a ellos mismos en la pantalla grande. Hernán Mamani, comunario de Ayopaya y participante en el filme, expresó después de la proyección: "Me gustaría que se hagan más películas de este tipo porque reflejan nuestros usos y costumbres".
La película también aborda el racismo latente en Bolivia. Vallejo recuerda cómo algunos de sus familiares cambiaron sus apellidos por "sonar muy andinos" o dejaron de hablar su lengua originaria por vergüenza. Ella, en contraste, afirma estar orgullosa de su origen y raíces, algo que atribuye a los viajes anuales a la tierra de sus padres.
"Es interesante que cuando mis abuelos vienen a la ciudad suelen sentirse sofocados, porque en el campo tienen terrenos grandes donde pueden andar por donde quieran. Entienden el valor de su tierra. Si no tienes eso, eres influenciable y es más fácil que te vayas", concluye la actriz, resumiendo uno de los mensajes centrales de esta producción que busca preservar la memoria de tradiciones ancestrales en peligro de extinción.



