

Por primera vez en cuatro décadas, los jóvenes españoles de entre 18 y 29 años se declaran más conservadores que el conjunto de la población, según revelan los últimos barómetros. Este giro ideológico responde principalmente a preocupaciones sobre inmigración, vivienda, falta de oportunidades laborales y desencanto con la política tradicional.
Los datos son contundentes: la juventud española jamás había sido tan de derechas como ahora. Los menores de 30 años se ubican ideológicamente más a la derecha que en cualquier otro momento desde que existen registros y, por primera vez, superan en conservadurismo al promedio de la población española.
Este fenómeno, que consolida una tendencia creciente, combina varios factores: frustración económica, cansancio político y una mayor receptividad hacia mensajes identitarios y antiestablishment, según se desprende de numerosos testimonios recogidos por El País.
La inmigración y la vivienda emergen como las dos principales inquietudes que explican este viraje ideológico. Thalia Escalante, de 29 años y propietaria de un restaurante en San Javier (Murcia), lo expresa claramente: "Por la inmigración, principalmente. Aquí, en el último año y medio, ha habido un bum muy alto de inmigración". Según ella, "el racismo aquí había desaparecido; si está volviendo a nacer es por el bum migratorio".
En San Javier, el 28% del censo lo conforman personas nacidas en otro país, superando la media nacional del 20%. Aunque la tasa de criminalidad es alta (64 delitos por cada 1.000 habitantes), los datos muestran que esta situación se mantiene estable desde 2019, sin un incremento significativo.
La percepción sobre la inmigración está muy extendida entre los jóvenes. Una encuesta reciente de 40dB. revela que el 65% de ellos cree que los extranjeros reciben demasiadas ayudas y el 53% considera que su presencia aumenta la delincuencia. Sin embargo, los datos oficiales muestran una realidad más matizada: las personas de nacionalidad extranjera representan el 14% de la población y son el 19% de los beneficiarios del ingreso mínimo vital, una sobrerrepresentación que podría explicarse porque sus rentas son, de media, un 40% más bajas que las de quienes tienen nacionalidad española.
Hugo Escarpa, estudiante de Criminología de 21 años en Barcelona, añade otra dimensión al debate: "A lo que sí tenemos miedo es a abrir las puertas a una creencia que es completamente contraria al concepto de mujer occidental, y que no respeta los derechos de los homosexuales". Esta preocupación por la compatibilidad cultural se repite en varios testimonios.
En Cataluña, el fenómeno adquiere características particulares. Anthony Corey Sànchez, de 28 años y activista de Aliança Catalana (partido abiertamente islamófobo e independentista), advierte sobre lo que considera una amenaza a la identidad catalana: "Hay barrios y pueblos en Cataluña donde ya quedamos muy pocos catalanes. Voy a exagerar un poco, pero al final los catalanes terminaremos en una reserva india". Según el último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió catalán, uno de cada cuatro jóvenes catalanes votaría a Vox o a Aliança Catalana.
La vivienda constituye otro factor determinante en este giro ideológico. Miguel Mediavilla, consultor financiero de 27 años en Burgos, señala: "La vivienda es nuestro principal reto, se ha perdido la esperanza y eso genera apatía". Los datos le dan la razón: desde 2018, cuando Pedro Sánchez asumió la presidencia por primera vez, el precio de la vivienda ha aumentado un 50% a nivel nacional, según el INE.
Esta preocupación trasciende ideologías, afectando tanto a jóvenes de izquierdas como de derechas, pero parece haber actuado como catalizador especialmente entre los segundos, que responsabilizan directamente al Gobierno. Un 30% de los jóvenes sitúa la vivienda entre los tres principales problemas del país.
Elena Mañes, abogada de 25 años procedente de una familia trabajadora de Orcasitas (Madrid), critica lo que considera medidas insuficientes: "No hay medidas serias, solo pequeños parchecitos con los que intentan contentarnos, pero el problema sigue ahí. Nos dan un regalito de 400 euros para gastar en conciertos, pero no podemos independizarnos".
Islam Aissa, otra joven abogada de 26 años e hija de emigrantes marroquíes, expresa su frustración: "Es como la gran mentira: te prometían que si estudiabas lo ibas a tener más fácil, y no. En la época de mis padres, con una carrera normal o sin tenerla siquiera, podías hacer algo con tu vida. Ahora aunque tengas un buen perfil y un buen trabajo, pienso en vivir sola y es imposible".
Los datos demoscópicos confirman estas tendencias. Los hombres jóvenes que se ubican a la derecha (7-8 en una escala de 10) han pasado del 12% al 25% desde 2019, y se han triplicado los que se colocan en posiciones más extremas (del 3% al 10%). Aunque las mujeres jóvenes siguen siendo más de izquierdas, también se han derechizado: las que se sitúan a la derecha han aumentado del 10% al 24%.
Este giro ideológico no implica necesariamente una identificación plena con partidos como Vox, pero muchos jóvenes canalizan su descontento hacia formaciones que perciben como alternativas al sistema tradicional. No tanto por convicción ideológica como por hartazgo, ven en estos partidos a los únicos que "dicen las cosas claras", aunque sus mensajes mezclen datos ciertos con afirmaciones falsas.
Lo que se percibe en muchos de los entrevistados, especialmente entre quienes simpatizan abiertamente con partidos como Vox o Aliança Catalana, es una moral de triunfo, el convencimiento de que ellos y ellas se convertirán en una nueva palanca que sacará a sus padres del viejo bipartidismo.
Este fenómeno refleja un cambio profundo en la sociedad española: la rebeldía parece haber cambiado de bando. Lo que antes era transgresor (defender posiciones progresistas) ahora se percibe como el establishment, mientras que adoptar posturas conservadoras se ha convertido, para muchos jóvenes, en la verdadera forma de desafiar al sistema.