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Luxemburgo registra el mayor porcentaje de trabajadores pobres de la Unión Europea pese a ser el país más rico del bloque

El país con la renta per cápita más alta de la UE enfrenta una paradoja extrema: el 13,4% de sus trabajadores está en riesgo de pobreza, la cifra más elevada del bloque, según datos europeos. Los elevados costes de vivienda y alquileres han duplicado la demanda de comedores sociales en una década, mientras 230.000 trabajadores transfronterizos cruzan diariamente desde países vecinos para emplearse en el Gran Ducado, donde el salario mínimo alcanza los 2.704 euros brutos mensuales pero resulta insuficiente para cubrir las necesidades básicas de una parte creciente de la población.

INTERNACIONAL27 FEB 2026

Luxemburgo, el país con la renta per cápita más alta de la Unión Europea, registra simultáneamente el mayor porcentaje de trabajadores en riesgo de pobreza del bloque, con un 13,4%, según datos europeos. Esta paradoja expone una realidad que contrasta radicalmente con la imagen de prosperidad del Gran Ducado: miles de personas con empleo dependen de comedores sociales para subsistir en un país donde los costes de vida, especialmente los alquileres, han convertido la precariedad en un fenómeno estructural.

La ONG La voz de la calle (Stëmm vun der Strooss) ha sido testigo directo de este deterioro. En 2015, la organización servía 50.000 comidas al año en uno de sus comedores; actualmente supera las 100.000, según Bob Ritz, portavoz de la entidad. El perfil de los beneficiarios también ha cambiado radicalmente. "Hace 10 años solían venir sobre todo personas sin hogar; ahora cada vez tenemos más trabajadores pobres", dijo Ritz. En los últimos dos años, la ONG ha registrado un aumento de madres solteras con niños y jubilados cuyas pensiones no alcanzan para vivir dignamente en Luxemburgo.

Entre los usuarios del comedor social se encuentra Madame Moufida, francesa de 67 años que trabajó más de 15 años en hostelería, museos y centros sanitarios. Un problema burocrático retiene su pensión y sobrevive con 300 euros al mes mientras duerme en un hogar para personas mayores. También acude Jhoana Rojas, abogada venezolana de 46 años que trabaja como limpiadora. Vive con su marido, empleado en la construcción, y su hijo en Francia, justo al cruzar la frontera. "Aquí es imposible", dijo Rojas, explicando que aunque no se considera pobre, el dinero no les sobra y comer en el comedor social por 50 céntimos les permite ahorrar.

Los 50 céntimos que cobra la ONG son simbólicos, para que los usuarios valoren el servicio, pero nadie se queda sin comer por falta de dinero, según Ritz. La organización también ofrece lavandería gratuita, ropero con donaciones, duchas, consulta médica y asistente social.

El coste de la vivienda explica la peculiar distribución demográfica del país. Unos 230.000 trabajadores, que representan el 47% de la fuerza laboral en un país de 680.000 habitantes, provienen de países vecinos: Bélgica, Francia y Alemania, según las fuentes. Son los llamados frontaliers, trabajadores transfronterizos a los que cada vez se suman más luxemburgueses expulsados por los elevados precios inmobiliarios, como explicó Djuna Bernard, diputada de Los Verdes.

La paradoja luxemburguesa es extrema: conviven los elevados salarios de la banca, las aseguradoras y los fondos de inversión con la precariedad de una parte cada vez más numerosa de la población. Esta precariedad persiste pese al salario mínimo más elevado de la Unión Europea, que en 2026 asciende a 2.704 euros brutos mensuales. "Con la situación de la vivienda y el riesgo de pobreza, que es mucho mayor para las personas de origen migrante, cada vez resulta menos atractivo venir a Luxemburgo, y eso es un problema estructural para el país porque necesitamos trabajadores", aseguró Bernard.

El eurodiputado socialdemócrata Marc Angel advirtió que esta situación no es una excepción luxemburguesa, sino la expresión más visible de una desigualdad que atraviesa toda Europa. El gran factor desestabilizador, en Luxemburgo y en toda la Unión, es la vivienda, como recoge un informe reciente de Eurofound, la agencia europea que estudia las condiciones de vida y laborales. Los elevados costes del alquiler absorben una parte desproporcionada de los ingresos de los hogares con menor poder adquisitivo, limitando su capacidad para cubrir otras necesidades básicas y aumentando la desigualdad, señala la agencia.

"Eurofound alerta de que la clase media disminuye en toda Europa, y eso provoca que mucha gente caiga en la trampa de la extrema derecha. Durante años la crisis de la vivienda se ha considerado una cuestión de los Estados miembros, pero es un problema europeo y como tal hay que abordarlo", señaló Angel.

La mendicidad ha protagonizado agrios debates en Luxemburgo en los últimos años. El Ayuntamiento de la capital decretó a principios de 2024 la prohibición de pedir en la calle en buena parte del centro, con multas de entre 25 y 250 euros. La medida se justificó por el aumento de la mendicidad organizada y agresiva, pero críticos como Angel y Bernard la denuncian como una "criminalización de la pobreza". "Es un discurso populista y muy peligroso, y lo único que hace es esconder el problema y trasladarlo, no actuar sobre las causas", dijo Bernard.

La Grand Rue, principal arteria comercial y peatonal del centro, muestra que la mendicidad no ha desaparecido. Varias personas continúan pidiendo limosna, aunque en menor número que antes, según transeúntes consultados. El fenómeno persiste de forma más dispersa y menos visible. Muchos mendigos, aprovechando que el transporte es gratuito en Luxemburgo, se trasladaron cuando empezó la prohibición a localidades más pequeñas, que acabaron quejándose al Gobierno porque carecían de medios para atenderles.

"El mensaje fue: no vengáis aquí a pedir, y espero que se entendiera", aseguró Corinne Cahen, concejal de acción social del Ayuntamiento y exministra de asuntos sociales. La política liberal afirmó que había un problema con personas que viajaban a Luxemburgo para pedir porque es un país rico. Su Gobierno, dijo, está centrado en crear vivienda social para atender a quienes viven en el país, "para que a los trabajadores no se les vaya casi todo el sueldo en pagar el alquiler".

Ángel Batum, malagueño de 55 años, cruzó hace unos meses la línea entre el trabajo y la precariedad. Estuvo empleado como encofrador con contratos semanales hasta que una agresión en la estación central de Luxemburgo le mandó al hospital. Sigue sin recuperarse, no puede trabajar y no consigue volver a España porque le robaron la documentación. "Aquí tienes un plato de comida, ducha, ropa, son muy caritativos, pero en tema de trabajo y vivienda, olvídate", lamentó Batum.

Batum ha visto las dos caras de Luxemburgo. La primera vez que emigró al país, hace cinco años, lo hizo contratado en origen y con vivienda. Ahora duerme en un albergue que solo abre en invierno. "Aquí no hay clase media. O trabajas y tienes, o no trabajas y te ves pidiendo por la calle", dijo. "La gente viene pensando que Luxemburgo es el paraíso, que es fácil tener un trabajo de 4.000 o 5.000 euros, pero cuando llegan se dan cuenta de que ni encuentran trabajo ni dónde dormir y tienen que recurrir a comedores sociales".

La situación luxemburguesa plantea interrogantes sobre el modelo económico europeo y la sostenibilidad de un sistema donde la riqueza nacional no se traduce en bienestar para todos los trabajadores. La crisis de vivienda, identificada por Eurofound como el principal factor de desigualdad, requiere respuestas que trasciendan las políticas nacionales y aborden el problema como una cuestión estructural europea, según los expertos consultados. Mientras tanto, el país más rico de la UE enfrenta el desafío de reconciliar su prosperidad económica con una realidad social cada vez más fracturada.

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