La situación en Malí en 2026 refleja el colapso de una década de arquitectura internacional antiterrorista y el fracaso de su reemplazo por fuerzas respaldadas por Rusia, según análisis del Instituto Lansing. Lo que la junta militar presentó inicialmente como un giro soberano alejándose de la dependencia occidental ha producido un panorama de seguridad fragmentado donde grupos insurgentes se han expandido, la autoridad estatal se ha erosionado y actores externos —particularmente Rusia— han alcanzado los límites de su modelo operacional, con ataques coordinados en abril de 2026 que incluyeron el asesinato del ministro de Defensa Sadio Camara.