

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha provocado una crisis diplomática con Estados Unidos tras pronunciar un contundente discurso en el Foro Económico Mundial de Davos donde denunció 'la ruptura del orden mundial' y llamó a las potencias medias a unirse frente a las grandes potencias. Donald Trump ha respondido con amenazas de aranceles del 100% si Canadá firma un acuerdo comercial con China.
El primer ministro canadiense Mark Carney se ha convertido en el inesperado protagonista del panorama geopolítico internacional tras pronunciar un discurso que muchos consideran histórico en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza). Ante la élite política y empresarial global, el político de 60 años constató 'la ruptura del orden mundial' y el comienzo 'de una realidad brutal en la que la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ningún límite', según recogen los medios presentes en el evento.
'Permítanme ser directo: nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición', afirmó Carney en su intervención, sin mencionar explícitamente a Donald Trump, aunque su mensaje era claramente una respuesta a las políticas del mandatario estadounidense, quien un día antes había redoblado sus amenazas a Europa y ratificado sus intenciones de anexionarse Groenlandia.
El discurso, de 2.324 palabras y escrito íntegramente por él mismo según los medios canadienses, provocó algo inusual en este tipo de foros: numerosos asistentes, líderes mundiales y ejecutivos de primer orden, se pusieron de pie para aplaudirle. Carney animó a los países medianos a forjar alianzas frente a las grandes potencias como Estados Unidos o China: 'Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú', sentenció.
La respuesta de Trump no se hizo esperar. Este sábado, el presidente estadounidense amenazó a Canadá con aranceles del 100% si firma un acuerdo comercial con China. 'Si el gobernador Carney cree que va a convertir a Canadá en un puerto de entrada para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado. China se tragará a Canadá por completo, la devorará sin piedad, destruyendo sus negocios, su tejido social y su estilo de vida', escribió Trump en su red social Truth Social.
Además, según informa The New York Times, Trump también envió un mensaje al primer ministro canadiense retirándole una invitación: 'Estimado Primer Ministro Carney, por favor permita que esta carta sirva para representar que la Junta de Paz está retirando su invitación con respecto a la incorporación de Canadá a lo que será la Junta de Líderes más prestigiosa jamás reunida, en cualquier momento. Gracias por su atención a este asunto'.
El premio Nobel de Economía Paul Krugman ha calificado el discurso de Carney como 'valiente', señalando que 'Canadá se encuentra justo al lado de Estados Unidos, cuya economía es 12 veces mayor. La naturaleza quiere que Canadá y Estados Unidos estén estrechamente entrelazados. Y por esta razón, Canadá está posiblemente más expuesto a las consecuencias de la ira trumpiana que cualquier otra nación'.
El historiador económico Adam Tooze ha sido aún más contundente: 'El discurso de Mark Carney en Davos fue de lejos la reacción más contundente que hemos visto hasta ahora de cualquier jefe de gobierno a la crisis desatada en las relaciones internacionales de Occidente por la agresión de la presidencia de Trump'.
En su intervención, Carney evocó el célebre ensayo de 1978 'El poder de los sin poder', del disidente y ex presidente checo Václav Havel, para sostener que la 'ficción' del viejo orden mundial ha dejado de funcionar. Según explicó, este orden -aquel en el que los más fuertes se eximen de las reglas cuando les conviene y el resto mira hacia otro lado- erigido después de la Segunda Guerra Mundial, ya no es viable. 'La nostalgia no es una estrategia', advirtió.
El ascenso de Carney a la primera línea política canadiense ha sido meteórico e inesperado. Hace tan solo un año y medio apenas pensaba en la política. Tras la renuncia de Justin Trudeau en enero de 2025 debido a una crisis política y su baja popularidad, Carney asumió el cargo de primer ministro interino tras ser elegido líder del partido liberal en marzo. Posteriormente convocó elecciones para el 29 de abril, que ganó centrando su campaña en la necesidad de hacer frente a los embates de la Administración Trump, que desde enero amenazaba con convertir Canadá en el Estado 51 de los Estados Unidos.
Nacido en Fort Smith en 1965, un pequeño pueblo de poco más de 2.000 habitantes en los Territorios del Noroeste de Canadá, Carney es hijo de una pareja de profesores. Obtuvo una beca para estudiar Economía y Finanzas en Harvard y posteriormente se doctoró en Economía en Oxford. Trabajó durante 13 años en el banco de inversión Goldman Sachs antes de dar un giro a su carrera en 2003 para incorporarse al sector público como supervisor de entidades financieras en el Banco de Canadá, institución que acabaría dirigiendo cuatro años después.
Su experiencia gestionando crisis es notable. Afrontó la Gran Recesión financiera de 2008 como gobernador del Banco de Canadá, y posteriormente se convirtió en el primer gobernador extranjero del Banco de Inglaterra, donde se enfrentó al referéndum de independencia de Escocia y al Brexit. En ambos casos pronunció audaces discursos advirtiendo de las negativas consecuencias económicas de esas decisiones.
Desde que asumió el cargo de primer ministro, Carney ha intentado alcanzar un acuerdo con Washington para terminar con la guerra arancelaria iniciada por Trump. Su Gobierno suspendió casi todos los gravámenes aprobados para responder a la ofensiva comercial estadounidense y eliminó el impuesto a las grandes tecnológicas. Sin embargo, pese a ese intento de apaciguamiento —una vía que luego él mismo criticó en Davos—, Canadá sigue siendo el único miembro del G-7 que aún no ha logrado un acuerdo comercial con Estados Unidos.
'Las relaciones con Estados Unidos no volverán a ser las mismas', repite Carney con frecuencia. Mientras tanto, ha puesto en marcha distintas medidas para incentivar la economía nacional y reducir la dependencia del vecino del sur: ha reducido considerablemente las barreras comerciales interprovinciales, ha impulsado la producción energética canadiense y ha simplificado la construcción de grandes infraestructuras.
Pocos días antes de su famoso discurso, Carney viajó a China para firmar un acuerdo por el que se reducen los aranceles a unos 50.000 coches eléctricos de empresas chinas a cambio de contraprestaciones comerciales, una decisión que ha enfurecido a Washington.
Un día después de la intervención de Carney en Davos, Trump declaró en el mismo foro que Canadá 'vive gracias a Estados Unidos'. La respuesta del primer ministro canadiense llegó el jueves, en una reunión de su consejo de ministros en Quebec: 'Canadá no existe gracias a Estados Unidos. Canadá prospera porque somos canadienses. Somos dueños de nuestro país, es nuestro país, es nuestro futuro', afirmó, abogando por la unidad canadiense ante las amenazas externas.
Según Daniel Béland, director del Instituto para el Estudio de Canadá de la Universidad McGill, el enfoque de Carney 'puede calificarse a menudo de centroderecha'. 'Habla de pragmatismo, pero proviene del mundo financiero y su discurso no es en absoluto progresista como el de Justin Trudeau. A diferencia de este último, también hace hincapié en las cuestiones económicas más que en las sociales. Es un tecnócrata economista de corazón', añade este profesor de ciencia política.
El nivel de popularidad de Carney se ha mantenido estable en estos meses (era del 56% en diciembre), aunque no ha estado exento de críticas. Algunos sectores afirman que buena parte de sus medidas se alejan del ideario liberal, al poner énfasis en proyectos que están descuidando asuntos medioambientales y relaciones con las comunidades indígenas. Por su parte, los conservadores sostienen que Carney no ha logrado mejoras en los bolsillos de los canadienses y no ha cumplido su promesa de firmar un acuerdo con Washington para dar fin a la guerra comercial.
Paul Wells, analista político canadiense, reflexiona sobre el discurso de Carney: 'Creo que está empezando a reconocer los límites del apaciguamiento. Dice que el regreso de la política de las grandes potencias, con Rusia, China y Estados Unidos haciendo lo que les da la gana, es una burla a cualquier afirmación de que vivimos en un orden internacional basado en normas. Y que persistir en esa ficción está dando resultados cada vez menores'.
En apenas 17 minutos de discurso, quien hace apenas un año era un líder improbable se ha convertido en la oposición moral al trumpismo y en un referente para muchos líderes occidentales. Como él mismo resumió en Davos: 'Aceptamos el mundo tal como es, no como nos gustaría que fuera'.