Un grupo de extremistas atacó las aldeas de Woro y Nuku en el estado de Kwara, Nigeria, asesinando al menos a 162 personas después de que los residentes rechazaran sus demandas de adoptar una interpretación estricta de la ley islámica, en uno de los ataques más mortíferos del país en 2026.
El 3 de febrero de 2026, cientos de militantes islamistas perpetraron una brutal masacre en las aldeas predominantemente musulmanas de Woro y Nuku, ubicadas cerca de la frontera con Benín. El ataque, que duró aproximadamente 10 horas, comenzó alrededor de las 17:30 y se extendió hasta las 03:00 del día siguiente, dejando un saldo de al menos 162 personas asesinadas y 38 secuestradas.
Según fuentes locales, los atacantes llegaron en motocicletas e iniciaron una operación sistemática de violencia. Recorrieron las aldeas casa por casa, ejecutando residentes, incendiando viviendas y negocios, y realizando acciones particularmente sádicas como convocar a los habitantes a la mezquita local para luego asesinar a quienes acudieron al llamado a la oración.
Los perpetradores, cuya identidad exacta está en disputa, fueron identificados por diferentes fuentes como miembros de Boko Haram o del grupo Lakurawa. Según el gobernador de Kwara, AbdulRahman AbdulRazaq, el ataque fue una represalia por operaciones contraterroristas recientes en la región.
El presidente nigeriano Bola Tinubu respondió desplegando un batallón del ejército en la zona y lanzando la Operación Escudo de Sabana, con el objetivo de proteger a las comunidades locales y contrarrestar a los grupos terroristas. Amnistía Internacional ha exigido una investigación exhaustiva, señalando la ausencia de protección de seguridad para los civiles.
Los sobrevivientes describieron escenas de horror, con familias enteras ejecutadas, personas quemadas vivas y una brutalidad sistemática. El ataque ha generado conmoción nacional e internacional, destacando la creciente complejidad de los conflictos de seguridad en Nigeria.
La masacre se suma a una serie de ataques violentos en el país, donde grupos armados desafían cada vez más la autoridad estatal. Apenas el mismo día, se reportaron otros ataques en los estados de Katsina y Borno, elevando la cifra total de víctimas.
Los habitantes que sobrevivieron están abandonando las aldeas, con apenas 20 hombres quedándose para enterrar a los muertos en fosas comunes. La región, antes tranquila, ahora vive bajo el terror de posibles nuevos ataques.
La situación refleja los desafíos de seguridad más amplios de Nigeria, donde múltiples grupos armados, incluyendo Boko Haram, grupos vinculados al Estado Islámico y bandas criminales, operan con creciente impunidad en diferentes regiones del país.