

Este 20 de noviembre se cumplen 50 años de la muerte de Francisco Franco, una fecha que marca medio siglo del fin formal de la dictadura que gobernó España durante casi cuatro décadas. La efeméride llega en un momento de debate sobre la memoria histórica, con un preocupante auge del revisionismo entre los jóvenes y la persistencia de vestigios franquistas en la sociedad española.
La muerte de Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975 marcó el inicio del fin de una de las dictaduras más longevas de Europa occidental. Cincuenta años después, España conmemora esta fecha en medio de un intenso debate sobre la memoria histórica y el legado del franquismo en la sociedad actual.
Según un editorial de El País, el aniversario de la muerte del dictador ha sido tradicionalmente "una jornada para reflexionar sobre la memoria de la dictadura y el estado de la democracia en España". Sin embargo, el periódico advierte que, cinco décadas después y "en pleno auge de la extrema derecha, el revisionismo histórico que se activó a principios de este siglo ha acabado por legitimar un relato ideológico falso".
Una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela un dato preocupante: el 17% de los jóvenes españoles cree que la democracia actual "es peor que la dictadura que no sufrieron". Este fenómeno, denominado por algunos analistas como "franquismo sociológico", consiste en una visión idealizada del régimen compartida por jóvenes que no lo vivieron, con un papel dinamizador relevante de las redes sociales.
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, ha alertado de que la democracia está "amenazada por mecanismos de desinformación" que promueven esta visión distorsionada del pasado. Por su parte, el presidente del CIS, José Félix Tezanos, ha achacado estas posiciones revisionistas a que algunos políticos se sienten protegidos por la "sombra del trumpismo" y buscan que los ciudadanos asuman "píldoras políticas repudiables".
**La España que dejó Franco**
El país que Franco dejó tras su muerte poco tiene que ver con la España actual. En 1975, la esperanza de vida se estancaba en los 73 años, casi once menos que en la actualidad. Los mayores de 65 años no llegaban al 10% de la población, mientras que hoy representan el 20%. La natalidad era mucho más alta, con casi 670.000 nacimientos anuales, más del doble de los que se registran actualmente.
La economía también ha experimentado profundas transformaciones. El sector agrícola, que en 1975 representaba el 16,9% del PIB, hoy apenas supone el 2,3%. La industria ha pasado del 31% a aproximadamente el 16%. El turismo, que entonces atraía a 27 millones de personas, ahora recibe a 76 millones de visitantes anuales.
En el ámbito educativo, el cambio también ha sido notable. En el curso universitario 1974-1975, el alumnado universitario gallego era de 15.363 estudiantes atendidos por 355 profesores. Actualmente, hay matriculados casi 35.000 jóvenes solo en las tres universidades de Galicia. En el conjunto del país, se ha pasado de menos de medio millón de universitarios a aproximarse a dos millones.
**Medio siglo de investigación histórica**
Los cincuenta años transcurridos desde la muerte de Franco han permitido a historiadores y ensayistas desarrollar su trabajo con la libertad que no existía en vida del dictador. Una de las biografías más completas es la que Paul Preston publicó en 1993, "Franco. Caudillo de España", donde el historiador británico afirma que "a pesar de cincuenta años de preeminencia pública y vivir en la época de la televisión, Francisco Franco es el menos conocido de los grandes dictadores del siglo veinte".
Preston atribuye al dictador "astucia" y "la capacidad para calibrar casi al instante la debilidad o el precio de un hombre", pero considera "lamentables" sus directrices económicas. "El mercado negro y la corrupción permanecieron como rasgos destacados de la economía española hasta bien avanzada la década de 1950", señala.
Otras biografías destacadas incluyen la de Enrique Moradiellos, "Franco. Anatomía de un dictador" (2018), que le reconoce competencias militares y habilidad política, pero le atribuye un perfil "católico-integrista"; y la más reciente de Julián Casanova, "Franco" (2025), quien subraya que "la década de los 50 es el periodo que explica todo el franquismo", cuando entraron en el gobierno los tecnócratas del Opus Dei.
El periodista británico Giles Tremlett, en su obra "Franco. El dictador que moldeó un país" (2025), proclama que el dictador no tuvo proyecto político más allá de él mismo.
**La transición y sus deudas pendientes**
La fecha del 20 de noviembre de 1975 tiene un carácter más simbólico que definitorio sobre el inicio de la transición a la democracia. Como señala un artículo de Noticias de Navarra, "Franco se fue pero el franquismo continuó". Tras su muerte, "las leyes e instituciones del franquismo, sus aparatos de propaganda y represión, seguían todavía en pie".
La transición fue el resultado del juego de cesiones entre dos fuerzas: por un lado, "las ansias de libertad de un sector mayoritario de la población" y, por otro, "los nostálgicos del régimen, fieles sobre todo a un entramado levantado durante décadas que favorecía sus intereses".
Un ejemplo de este equilibrio fue la Ley de Amnistía de 1977, que supuso una tábula rasa tanto para los presos políticos del franquismo como para los funcionarios y agentes del orden público que pudieron cometer actos criminales en su persecución. Esta ley ha sido criticada por blindar de la acción judicial a conocidos torturadores del régimen.
En los últimos años, el gobierno ha impulsado iniciativas para reconocer y resarcir a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. La Ley de Memoria Democrática de 2022, que tuvo su antecedente en la Ley de Memoria Histórica de 2007, es uno de los principales instrumentos en este sentido. El pasado 22 de octubre, el presidente Pedro Sánchez anunció la publicación del catálogo de vestigios franquistas con el fin de "retirar de una vez por todas" los símbolos y homenajes del régimen que aún permanecen en espacios públicos.
Otra rémora del pasado es la Ley de Secretos Oficiales, que data de 1968. El PNV lleva casi una década pugnando en el Congreso para reformarla y arrojar luz sobre atentados como el del bar Aldana de Alonsotegi en 1980, con cuatro fallecidos y más de una decena de heridos.
**El legado de Franco, 50 años después**
En la presentación de la iniciativa "España en libertad", diseñada para conmemorar esta efeméride, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defendió que "hace décadas, España decidió dejar atrás una dictadura y apostar por la libertad, y esa decisión marcó el inicio de uno de los periodos más prósperos de nuestra historia".
Sin embargo, como recuerda El País, "sigue pendiente una labor en la que debe implicarse también el Partido Popular, que haría mal que buscar rédito electoral en una tendencia involucionista que cuestiona no al ya Ejecutivo sino al propio Estado de derecho".
Cincuenta años después de la muerte de Franco, España sigue enfrentándose a su pasado, en un momento en que el revisionismo histórico y la desinformación amenazan con distorsionar la memoria colectiva sobre lo que realmente significó la dictadura: un régimen que, como recuerda Noticias de Navarra, estuvo caracterizado por "la falta de libertad y la sistemática represión", "la persecución política y social, el control ideológico y moral de la población, la pobreza, el aplastamiento de los derechos sindicales y laborales de la clase trabajadora y la carencia de las libertades y derechos humanos más elementales".