

La legendaria jugadora letona Uliana Semenova, considerada la deportista más determinante del baloncesto femenino mundial, falleció este viernes a los 73 años, dejando un legado de 42 títulos y una historia de grandeza deportiva marcada por su descomunal físico de 2,13 metros y 135 kilos.
Uliana Semenova, nacida el 9 de marzo de 1952 en Medumi, Letonia, fue una de las figuras más impactantes en la historia del baloncesto femenino. Diagnosticada con acromegalia, un trastorno hormonal que provocó su crecimiento excepcional, se convirtió en una máquina imparable en las canchas durante casi dos décadas.
Su carrera deportiva es un catálogo de logros sin precedentes. Con el TTT Daugawa Riga, ganó 15 ligas soviéticas y 11 campeonatos de Europa. Con la selección de la Unión Soviética, conquistó dos medallas de oro olímpicas (Montreal 1976 y Moscú 1980), tres mundiales (1971, 1975 y 1983) y 10 campeonatos europeos consecutivos entre 1968 y 1985.
Su dominio fue tan absoluto que durante 18 años, la selección soviética prácticamente no perdió ningún encuentro oficial. En los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, por ejemplo, promedió 20 puntos y 13 rebotes, hundiendo a Estados Unidos en la final con 32 puntos y 19 rebotes en solo 23 minutos.
En 1987, con 35 años y en el ocaso de su carrera, dio un paso histórico al convertirse en la primera deportista soviética en jugar profesionalmente en el extranjero. Su breve paso por el Tintoretto de Getafe en España revolucionó el baloncesto femenino local, generando una expectación sin precedentes y llevando al equipo a ser subcampeón de Liga.
Sin embargo, su vida fuera de la cancha estuvo marcada por grandes dificultades. El régimen soviético le retenía la mayoría de sus ingresos, y tras su retirada en 1989, sufrió severos problemas de salud y económicos. Necesitó incluso de la solidaridad de sus excompañeras y rivales europeas para costear tratamientos médicos.
Su impacto trascendió lo deportivo. En 2007 se convirtió en la primera jugadora no estadounidense en ingresar al Salón de la Fama de la FIBA. La Federación Española de Baloncesto la consideró "la jugadora más determinante de la historia del baloncesto femenino mundial".
El presidente de Letonia, Edgars Rinkevics, la despidió como "la chica de oro del baloncesto olímpico, mundial y europeo". Su legado es el de una deportista que transformó las expectativas del baloncesto femenino, demostrando que la grandeza no solo se mide por la altura física, sino por la capacidad de romper barreras y inspirar generaciones.