Periodistas en República del Congo enfrentan amenazas, torturas y exilio por ejercer su profesión
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Periodistas en República del Congo enfrentan amenazas, torturas y exilio por ejercer su profesión

Varios periodistas congoleños han sido obligados a exiliarse tras recibir amenazas de muerte, sufrir detenciones arbitrarias y torturas por investigar temas sensibles para el régimen autoritario de Denis Sassou Nguesso, quien gobierna el país desde 1997. La libertad de prensa en la República del Congo es descrita como 'condicional', donde ciertos temas están prohibidos y las autoridades ejercen un control sistemático sobre los medios de comunicación.

INTERNACIONAL7 ENE 2026

La periodista congoleña Rosie Pioth, de 43 años, corresponsal de la televisión France 24 y directora del portal de noticias Fact Checking, se vio obligada a abandonar su país a finales de julio tras recibir amenazas de muerte. Su delito fue publicar un artículo sobre el aniversario del atentado con bomba cometido en 1982 contra el Aeropuerto Internacional Maya-Maya de Brazzaville, la capital congoleña.

En su reportaje, Pioth revelaba que, 43 años después, las familias de las víctimas seguían exigiendo justicia y compensación. "La investigación reveló contradicciones en los indultos presidenciales concedidos a los acusados en el juicio de 1986, también puso de manifiesto el hecho de que uno de los condenados dijo que se enteró de su sentencia por la prensa sin que nadie lo interrogara cuando regresó al Congo, un año después, o que nunca se pagó la indemnización prometida a las familias de las víctimas", explicó Pioth a El País en un mensaje de WhatsApp.

"Sabía que corría un riesgo al hacer este tipo de investigación, pero no imaginaba tener que irme de repente y dejar atrás a mi familia", confesó la periodista. "Toda mi vida se ha trastocado: la casa, la escuela, los ingresos, la estabilidad familiar... En el aspecto profesional, tuve que dejar de ir a informar en persona y dar prioridad al teletrabajo, reforzar la seguridad digital y física y dejar en suspenso algunos proyectos. Hoy estoy a salvo, pero con una gran precariedad material y administrativa", agregó.

El caso de Pioth no es aislado. La República del Congo, gobernada por el régimen autoritario de Denis Sassou Nguesso, presidente entre 1979 y 1992 y desde 1997 hasta la actualidad, es un país donde los periodistas han sufrido históricamente detenciones y persecuciones por realizar su trabajo. Según la clasificación anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF), la República del Congo ocupa el puesto número 71 sobre un total de 180 países.

"Congo-Brazzaville no es ningún remanso para la libertad de prensa. Aunque existe un número importante de medios, las autoridades siguen influyendo en los contenidos y las condiciones de seguridad no son buenas", explicó Sadibou Marong, director de la oficina de RSF para el África subsahariana, a El País.

Marong señaló que el mensaje enviado por el organismo regulador de los medios de comunicación congoleños al resto de la profesión es dramático: "Fomenta la autocensura en vez de poner en práctica medidas concretas para garantizar la seguridad de los periodistas de investigación".

El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) también ha expresado su preocupación por la situación en el país. Angela Quintal, directora del CPJ para África, enumeró varios casos preocupantes: "El periodista Ghys Fortuné Dombé Bemba estuvo encarcelado durante casi 18 meses en 2017 y 2018. Raymond Malonga, director de una revista, ha sido encarcelado dos veces desde 2013. Y las recientes amenazas de muerte recibidas por la periodista Rosie Pioth han suscitado nuevos temores por la seguridad de la prensa en el país".

"Por desgracia, estos son peligros habituales para los periodistas de toda África, pero la República del Congo es especialmente represiva y la información crítica tiene muchas restricciones", añadió Quintal.

El portal Fact Checking Congo ha interrumpido la publicación del reportaje de Pioth, que se iba a repartir en tres entregas, a la espera de que se garantice plenamente su seguridad y la de su familia. Cuando la amenazaron de muerte, Pioth presentó una denuncia a través de una asociación de derechos humanos, pero asegura que, hasta la fecha, no ha obtenido ninguna respuesta clara de las autoridades.

"La libertad de prensa en la República del Congo es condicional. Algunos temas se toleran y otros mucho menos", afirmó Pioth. "El acceso a las fuentes oficiales es limitado, la protección de los periodistas es insuficiente y las amenazas suelen quedar impunes", agregó.

Otro caso emblemático es el de Ghys Fortuné Dombé Bemba, director del periódico independiente Talassa, quien vive exiliado en Francia desde 2018, después de pasar 28 meses en prisión preventiva en su país. Bemba fue detenido en enero de 2017, acusado de "ser cómplice en las maniobras para socavar la seguridad del Estado" por un artículo que publicó sobre unos altos mandos del ejército, en el que se incluían comentarios del antiguo líder rebelde Pastor Ntumi, en busca y captura por terrorismo.

"No fue una detención legal, sino un secuestro, porque no me presentaron ninguna orden de arresto", relató Bemba. "Estaba a punto de embarcar en el vuelo a París, cuando cinco individuos armados, pero vestidos de civil, me agarraron y me llevaron a la fuerza a un vehículo. Me trasladaron a la cárcel para presos políticos, donde me torturaron durante dos días, y después al cuartel de la gendarmería, donde me sometieron a interrogatorios ininterrumpidos durante una semana antes de comparecer ante el fiscal".

Bemba fue acusado de ser un "asesino" y un "terrorista" y recluido en un centro de prisión preventiva. "Viví un infierno: me mantuvieron en completo aislamiento, no permitieron que fuera a verme ningún miembro de mi familia y me encerraron en una celda pequeña y oscura", recordó el periodista, que ha relatado su terrible experiencia en un libro titulado "Del infierno a la libertad".

"Defecaba allí mismo, en un pequeño cubo que servía de retrete. Enfermé gravemente. La única vez que vi varias horas de luz fue cuando me llevaron con urgencia a una clínica de la ciudad porque estaba al borde de la muerte", aseguró, explicando que su salud se deterioró de manera irreversible durante su encarcelamiento.

Tras quedar en libertad, Bemba se exilió en Francia. Sin embargo, el año pasado, recibió una puñalada en el cuello en la estación de tren de Corbeilles-Essonne, localidad a las afueras de París. El periodista está convencido de que se trataba de una persona contratada por el Gobierno de su país. La fiscalía francesa anunció posteriormente que había abierto una investigación por "intento de homicidio voluntario" para determinar el motivo del ataque.

"Perdí más de un litro de sangre. Estuve un mes de baja por enfermedad. Estoy seguro de que esto fue obra del Gobierno de Brazzaville, que no tolera mis acusaciones contra él", afirmó Bemba.

Christian Perrin, de 55 años, es otro periodista que tuvo que abandonar el país por amenazas de muerte relacionadas con su profesión. Sus problemas comenzaron cuando informó sobre la matanza de decenas de jóvenes congoleños en Pointe-Noire, entre el 17 y el 20 de octubre de 2015, por parte del ejército y la policía, coincidiendo con la campaña para el referéndum sobre la permanencia en el poder de Denis Sassou Nguesso.

"Al Gobierno congoleño no le agradaron mis informaciones, que lo dejaban en una situación comprometida, y, como no podía detenerme y callarme, ordenó que me eliminaran físicamente", sostuvo Perrin, quien huyó del país con su familia en marzo de 2016.

A pesar de sus amargas experiencias, Perrin, Pioth y Bemba no han perdido el deseo de volver a su país natal. Perrin dice que ejercer el periodismo en la República del Congo implica elegir entre dos opciones: apoyar la propaganda del Gobierno para poder trabajar sin trabas, o practicar la profesión siguiendo criterios éticos y aceptar las consecuencias, incluida la posibilidad de perder la vida. "La libertad de prensa es un concepto que no existe en la sociedad congoleña", aseguró.

Bemba, por su parte, afirmó que ser periodista en el Congo significa "vivir constantemente con miedo". "La situación política es delicada, se están secuestrando las libertades, los magistrados obedecen órdenes, la seguridad ciudadana no está garantizada y las bandas armadas hacen lo que quieren en nuestras ciudades. Por supuesto, la cárcel o la muerte siguen siendo un riesgo, pero no descarto que algún día vuelva al Congo", concluyó.

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