

La piratería en aguas de Somalia ha experimentado un resurgimiento alarmante en las últimas tres semanas, con tres buques secuestrados frente a las costas somalíes y yemeníes, según reportes marítimos. El fenómeno coincide con el desvío masivo de embarcaciones que evitan el mar Rojo debido a los ataques hutíes respaldados por Irán y las escaladas del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, obligando a los barcos a rodear África por rutas que pasan directamente por aguas históricamente peligrosas.
Tres buques permanecen bajo control pirata en aguas del océano Índico occidental al 8 de mayo de 2026, según datos de la industria marítima. Los petroleros Honour 25 y Eureka, junto con el carguero Sward, fueron secuestrados en las últimas tres semanas frente a Somalia y Yemen, marcando el retorno más significativo de la piratería somalí desde su pico en 2011.
La crisis actual se desarrolla mientras aproximadamente la mitad de los buques con destino a Europa desde Asia y el Golfo Pérsico evitan el mar Rojo y el canal de Suez, según la fuente. Las principales navieras optaron por el largo desvío alrededor del sur de África para eludir la amenaza de ataques cerca del estrecho de Bab el-Mandeb, el estrecho punto de estrangulamiento entre el mar Rojo y el golfo de Adén, donde operan los hutíes respaldados por Irán.
Esta desviación añade entre dos y tres semanas y miles de millas náuticas al viaje, llevando a los barcos directamente frente a la costa de Somalia, las mismas aguas donde piratas somalíes ejecutaron una campaña de secuestros que alcanzó su punto máximo en 2011, con incidentes esporádicos reportados desde entonces.
Tim Walker, investigador senior de amenazas transnacionales y crimen organizado del Instituto de Estudios de Seguridad de Sudáfrica, explicó que los grupos del crimen organizado en Somalia están aprovechando la guerra con Irán para lanzar secuestros, ya que las patrullas navales internacionales, desplegadas inicialmente en 2008 para contrarrestar a los piratas, han sido estiradas al límite por los eventos actuales alrededor de Ormuz y el mar Rojo.
"Algunos grupos, organizados por capos de la piratería, ahora buscan apoderarse de buques y mantenerlos por rescate, junto con la tripulación a bordo, a veces exigiendo un alto rescate por su regreso seguro", dijo Walker. Los piratas ahora perciben menos elementos disuasorios a lo largo de los 3.300 kilómetros de costa de Somalia, la más larga de toda África continental, según el experto.
La Operación Atalanta de la Unión Europea, la misión naval encargada de proteger el transporte marítimo frente a Somalia, mantiene una presencia constante en el océano Índico occidental, operando junto a la Fuerza de Tarea Combinada 151 multinacional. Sin embargo, no es una fuerza de escolta y es responsable de patrullar áreas vastas, según la información disponible.
Según Lloyd's List Intelligence, una empresa de datos marítimos, existen al menos dos grupos piratas activos, basados principalmente en Puntlandia, una región semiautónoma en el noreste de Somalia. Los grupos parecen estar bien financiados.
Los piratas han capturado grandes embarcaciones tradicionales conocidas como dhows, utilizadas para pesca y comercio local, que son reutilizadas como buques nodriza. Estos permiten a los piratas extender su alcance y permanecer en el mar durante semanas antes de usarlos como plataformas de lanzamiento para atacar el transporte marítimo comercial.
"Algunos de los últimos secuestros involucraron grandes dhows, que necesitan equipos de navegación, armas y equipo de abordaje", dijo Troels Burchall Henningsen, profesor asistente del Instituto de Estudios de Estrategia y Guerra de Dinamarca. "Es una operación grande que requiere inversión".
Walker describió cómo un petrolero, navegando hacia Mogadiscio, fue secuestrado cerca de la costa somalí, donde era más vulnerable, señalando que "hay muchos más barcos en el área y algunos no están adoptando las mejores medidas de seguridad".
Con los conflictos de Medio Oriente ya elevando las primas de seguro marítimo, añadiendo alrededor de un millón de dólares en costos de combustible por viaje y disparando las tarifas de flete, los líderes de la industria naviera advierten que cualquier resurgimiento importante de la piratería podría elevar los costos aún más y perturbar aún más el comercio global.
En el punto álgido de la crisis de piratería anterior en 2011, el daño económico de los secuestros se estimó en alrededor de 7.000 millones de dólares (5.980 millones de euros) al año, según la Fundación Sasakawa para la Paz, un centro de estudios japonés. Esto incluía el costo de operaciones militares, desvíos de ruta, viajar más rápido (lo que consume más combustible), equipo de seguridad adicional y guardias a bordo.
Solo una pequeña proporción del costo total, casi 160 millones de dólares, se pagó en rescates, calculó el centro de estudios.
Mientras la guerra con Irán creó una distracción útil para los piratas, un cambio en la política de Washington hacia África Oriental también puede haber desempeñado un papel en el resurgimiento de la piratería. Durante años, Estados Unidos financió proyectos de desarrollo en Somalia, especialmente en comunidades costeras, para reducir la pobreza e impedir que jóvenes se unieran a grupos piratas.
Bajo la actual administración Trump, sin embargo, casi toda la ayuda al desarrollo no relacionada con seguridad ha sido suspendida. Washington se ha enfocado en cambio en operaciones directas de contraterrorismo contra el grupo militante islamista al-Shabab.
"Cuando reduces esos recursos, la red de inteligencia y las patrullas marítimas no tienen la misma capacidad para trabajar", lamentó Burchall Henningsen.
Las organizaciones marítimas han aconsejado mientras tanto a las navieras evitar las aguas territoriales somalíes, incluidos los puertos. El despliegue de guardias armados a bordo también es altamente efectivo contra ataques piratas, según indican.
"Nunca ha habido un secuestro exitoso de un barco [frente a Somalia] con guardias armados a bordo", añadió Burchall Henningsen.
La situación plantea un desafío complejo para el comercio marítimo global, que ya enfrenta disrupciones significativas por los conflictos en Medio Oriente. La combinación de rutas más largas, mayores costos operativos y ahora el resurgimiento de la piratería amenaza con crear un efecto dominó en las cadenas de suministro globales y los precios al consumidor. La efectividad de las patrullas navales internacionales, divididas entre múltiples crisis simultáneas, será crucial para determinar si este resurgimiento de la piratería somalí se convierte en una crisis prolongada o puede ser contenido rápidamente mediante medidas de seguridad reforzadas y presencia naval aumentada.