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Reino Unido impulsa ley para adoptar normas de la UE sin control parlamentario previo

El Gobierno laborista de Keir Starmer busca aprobar una legislación que le permita incorporar de forma casi automática las nuevas normas sanitarias y fitosanitarias de la Unión Europea sin el escrutinio parlamentario habitual, en un intento por reducir la fricción comercial derivada del Brexit. La estrategia, conocida como 'alineamiento dinámico', ha sido comparada con los 'poderes de Enrique VIII' por su capacidad de esquivar el control legislativo tradicional.

INTERNACIONAL13 ABR 2026

El Gobierno laborista británico ha iniciado una controvertida estrategia para acelerar el acercamiento del Reino Unido a la Unión Europea mediante una ley que permitiría incorporar normativa comunitaria sin el control parlamentario previo habitual, según han publicado varios medios británicos.

La iniciativa, conocida en la jerga política británica como 'los poderes de Enrique VIII' en recuerdo a la Ley de Proclamaciones de 1539 por la que el monarca se arrogó el derecho a gobernar por decreto y saltarse al Parlamento, busca implementar lo que en el ámbito del Brexit se denomina 'alineamiento dinámico', según El País.

El plan del primer ministro Keir Starmer consiste en que el Reino Unido incorpore de modo casi automático las nuevas normas en materia sanitaria y fitosanitaria que vaya aprobando la Unión Europea. En un primer tramo que se acordaría este verano, la medida afectaría específicamente a alimentos y bebidas, según las fuentes consultadas.

El objetivo declarado es reducir tanto la fricción comercial como las consecuencias económicas negativas que acarreó la salida del club comunitario tras el referéndum de junio de 2016. Ya nadie discute que el abandono del club de los 27 ha supuesto un serio lastre para la economía británica, según El País.

Tanto Starmer como su ministra de Economía, Rachel Reeves, cuyo futuro político depende en gran parte de su capacidad para impulsar el crecimiento de un país que sigue aletargado, han apostado por un mayor acercamiento a Europa, según la misma fuente.

El mecanismo propuesto por Downing Street permitiría esquivar el control parlamentario previo de cada nueva norma comunitaria que se incorpore a la legislación británica. Cada medida sería sometida a votación inicial y final en la Cámara de los Comunes, donde los laboristas gozan de una amplia mayoría y no tendrían problemas, según han publicado varios medios británicos.

Sin embargo, se evitaría la introducción de enmiendas de la oposición, que podrían alargar eternamente cada debate y deteriorar de ese modo, como ya ocurrió hace años, la relación de confianza entre el Reino Unido y la UE, según El País.

Un portavoz del Gobierno británico ha explicado que 'cada ley pasaría con normalidad por el Parlamento. Todo nuevo acuerdo o tratado con la UE se enfrentaría a escrutinio parlamentario, y los diputados tendrían un papel a la hora de incorporar las nuevas leyes comunitarias, a través de legislación secundaria'.

La clave está en el método, la 'legislación secundaria', que es como se denomina en el Reino Unido a los decretos ministeriales, que pueden ser impulsados en el Parlamento con mayor celeridad, según El País.

Starmer ha defendido abiertamente su estrategia ante la BBC: 'Debemos mirar hacia adelante, no hacia atrás. Evitemos las discusiones viejas de la última década'. El primer ministro ha argumentado que 'estamos intentando facilitar el comercio, que haya menos obstáculos para los empresarios y que esto se traduzca en precios más bajos'.

El contexto político que permite esta maniobra ha cambiado significativamente. El Gobierno laborista está convencido de que la furia euroescéptica de hace una década hoy está desinflada. El Partido Conservador lucha por sobrevivir, con unas encuestas que le sitúan bajo mínimos, según El País.

La ultraderecha de Nigel Farage, Reform UK, que ocupa desde hace más de un año la primera posición en los sondeos, está hoy más centrada en explotar asuntos como la inmigración o las guerras culturales que la relación con la UE, cuando hasta el propio Farage ha admitido que el experimento fue un desastre, según la misma fuente.

Sin embargo, la estrategia no está exenta de críticas. El profesor Anand Menon, director del centro de pensamiento UK in a changing Europe (El Reino Unido en una Europa cambiante), señaló al diario The Guardian que 'la realidad de todo esto es que [el Gobierno Laborista] ha firmado un acuerdo con la Unión Europea que nos compromete a seguir sus reglas, nos gusten o no. Y el peligro radica en que se esté impulsando una mayor integración con la UE de modo invisible'.

Menon, un europeísta convencido que últimamente se ha mostrado crítico con la estrategia de Starmer, considera que el primer ministro 'persigue lo mejor de los dos mundos sin arriesgar demasiado'. Quiere volver a gozar de todas las ventajas del club comunitario, señala, pero sin ceder en ninguna de sus líneas rojas: la promesa de no regresar al mercado interior o a la unión aduanera.

'Esta es la parte fea del Brexit', dice Menon. 'Intercambias control político por acceso económico, pero sin derecho a voto sobre las decisiones que se tomen [en Bruselas]'.

La iniciativa representa un giro significativo en la política británica post-Brexit. Hace escasos años, una estrategia de este tipo hubiera provocado un nuevo incendio político, pero Starmer tiene ya la confianza necesaria como para defender abiertamente este movimiento, según El País.

El mayor acercamiento a Bruselas corre el riesgo de ser un quebradero de cabeza para Starmer si cada nueva norma de la UE que deba ser incorporada a la legislación británica se ve sometida a un debate parlamentario. Por eso, Downing Street persigue la posibilidad de acelerar el trámite legislativo, según la misma fuente.

El Gobierno laborista ha hecho bandera de su voluntad de lograr un reinicio de las relaciones con la UE que repare en lo posible los destrozos provocados por la ruptura tras el referéndum de junio de 2016, según El País.

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