

El gobierno británico ha descartado unirse al fondo de defensa europeo Security Action for Europe (SAFE) tras no llegar a un acuerdo sobre la contribución financiera, que la Unión Europea estimó en hasta 6.000 millones de euros, muy por encima de lo que Londres consideraba razonable.
Las negociaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea para su incorporación al fondo de defensa SAFE han colapsado, marcando un revés significativo para los planes del primer ministro Keir Starmer de reestablecer relaciones con el bloque europeo. El fondo, valorado en 150.000 millones de euros, busca impulsar el gasto en defensa europeo como respuesta a las crecientes tensiones con Rusia.
Según fuentes diplomáticas, la Comisión Europea propuso una cuota de entrada de hasta 6.000 millones de euros, cifra que el gobierno británico consideró completamente desproporcionada. Peter Ricketts, presidente del comité de asuntos europeos en la Cámara de los Lores, describió la propuesta como tan desmesurada que sugiere que algunos miembros europeos no desean realmente la participación británica.
El ministro de Relaciones con la Unión Europea, Nick Thomas-Symonds, declaró que las negociaciones se realizaron de buena fe, pero que el Reino Unido solo firmará acuerdos que representen un interés nacional y un valor económico claro. La postura británica refleja una estrategia donde la base industrial y tecnológica de defensa guía los compromisos externos.
A pesar del fracaso en las negociaciones, el gobierno británico ha enfatizado que su industria de defensa podrá participar en proyectos del SAFE bajo términos de país tercero, manteniendo así cierto nivel de colaboración. El acuerdo de asociación en seguridad y defensa firmado en mayo entre Starmer y Ursula von der Leyen permite que el Reino Unido suministre hasta un 35% de los componentes de cualquier proyecto financiado por el fondo.
Las conversaciones se desarrollaban en un contexto geopolítico complejo, con la Unión Europea buscando rearmar el continente ante posibles amenazas rusas y la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense bajo un eventual segundo mandato de Donald Trump. El rechazo británico podría tener implicaciones significativas para la cooperación defensiva europea en los próximos años.