Un ataque con drones rusos dejó al menos 17 muertos en la región de Dnipropetrovsk, incluyendo 15 mineros y dos civiles, mientras un bombardeo en Zaporizhzhya dañó un hospital materno e hirió a seis personas, en medio de una nueva ronda de negociaciones anunciada para febrero.
El 1 de febrero de 2026, Rusia realizó dos ataques con drones en Ucrania que causaron múltiples víctimas civiles. En la región de Dnipropetrovsk, un primer ataque mató a 15 mineros que regresaban de su turno, según informó DTEK, la mayor compañía de servicios públicos privada de Ucrania. Un segundo drone impactó una vivienda privada en la capital regional, Dnipro, causando dos muertes adicionales.
En la ciudad de Zaporizhzhya, los bombardeos comenzaron poco después de la medianoche. El gobernador regional Ivan Fedorov informó que el ataque a un hospital materno dejó al menos seis heridos, incluyendo dos mujeres que estaban en exámenes médicos en ese momento. Un ataque secundario en otro barrio de la ciudad hirió a tres personas más, entre ellas un niño pequeño.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy anunció una nueva ronda de negociaciones para el 4 y 5 de febrero en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, con el objetivo de encontrar una solución al conflicto que ya dura casi cuatro años. Zelenskyy expresó su interés en lograr un final digno y real de la guerra.
Las fuerzas militares ucranianas reportaron al menos 44 batallas en las líneas del frente durante las últimas 24 horas, mientras Rusia continúa intentando avanzar hacia el oeste en el este de Ucrania. Según el reporte de la fuerza aérea ucraniana, Rusia lanzó al menos 90 drones contra diferentes regiones del país ese día.
El ex presidente ruso Dmitry Medvedev declaró en una entrevista con la agencia TASS que Rusia ganará pronto una victoria militar, aunque enfatizó la importancia de prevenir futuros conflictos. Algunos críticos del Kremlin consideran a Medvedev un extremista provocador, mientras otros ven sus declaraciones como un reflejo del pensamiento de los principales funcionarios rusos.
Los ataques se producen en un contexto de temperaturas extremadamente bajas, que han llegado hasta menos 30 grados Celsius, lo que añade mayor dramatismo a la situación humanitaria en la zona de conflicto.