

El país balcánico se enfrenta a un posible desabastecimiento de combustible después de que Estados Unidos negara la licencia para mantener operativa la refinería de Pancevo, controlada mayoritariamente por Gazprom. El presidente Aleksandar Vucic busca desesperadamente vender la participación rusa mientras varios países europeos enfrentan dilemas similares con sus activos energéticos vinculados a Moscú.
Serbia se prepara para afrontar lo que podría ser su invierno más frío tras el anuncio del cierre, este martes, de su única refinería de petróleo, víctima colateral de las sanciones impuestas por Estados Unidos a Rusia por la guerra en Ucrania.
El presidente serbio, Aleksandar Vucic, confirmó este domingo que la licencia estadounidense necesaria para mantener operativa la refinería de Pancevo no ha llegado, lo que forzará su cierre inmediato. "No puedo entender lo que los estadounidenses están haciendo. Lo digo abiertamente, no entiendo su lógica", declaró Vucic a la televisión Informer, según recoge El País.
La refinería, propiedad de la petrolera nacional NIS (Naftna Industrija Srbije), es crucial para el país balcánico, ya que garantiza el suministro de gasolina y diésel al 80% de sus 6,5 millones de habitantes, combustibles vitales tanto para el transporte como para algunas calefacciones.
El problema radica en la estructura accionarial de NIS, donde Gazprom, empresa directamente controlada por el Kremlin, posee más del 56% de la compañía, mientras que el Estado serbio roza el 30% y el resto se reparte entre pequeños accionistas. Esta mayoría rusa ha puesto a la refinería en el punto de mira de las sanciones estadounidenses.
La crisis actual tiene su origen en enero de 2024, cuando la Casa Blanca advirtió que si NIS no se desprendía del capital ruso, aplicaría sanciones para impedir que el petróleo siguiera financiando la guerra en Ucrania, que ya se acerca a su cuarto año. Aunque Vucic logró hasta seis aplazamientos, las medidas comenzaron a hacerse efectivas el 9 de octubre.
El Gobierno serbio se encuentra ahora en una carrera contrarreloj para deshacerse del capital ruso. Actualmente mantiene conversaciones con una empresa húngara y otras de Emiratos Árabes Unidos para vender la parte rusa. Si estas negociaciones fracasan, el Estado serbio ha anunciado que lanzaría una oferta para adquirir las acciones en manos de Gazprom.
El pasado sábado, Vucic pronunció un discurso televisado intentando calmar a la población y pidiendo tiempo a Washington. "Solo necesitamos dar tiempo a la parte rusa", afirmó, tras haber dado su palabra por escrito de que el capital ruso saldría de NIS. Sin embargo, el anuncio del cierre ha llegado antes de que esa salida se materialice.
Hungría, principal aliado de Rusia dentro de la Unión Europea, ha prometido ayuda a Serbia. Budapest, que también depende del crudo ruso para su abastecimiento interno, acaba de conseguir una excepción a las sanciones estadounidenses. El ministro húngaro de Relaciones Exteriores, Peter Szijjarto, viajó el miércoles a Belgrado, donde aseguró que aumentará sus exportaciones de petróleo y derivados a Serbia.
UN PROBLEMA QUE AFECTA A MEDIA EUROPA
La situación de Serbia no es un caso aislado. Varios países europeos se enfrentan al mismo dilema con los activos energéticos controlados por Moscú en sus territorios. En Bulgaria, la petrolera rusa Lukoil posee el 100% de Neftohim Burgas, la mayor y más moderna refinería de los Balcanes, además de dos centenares de gasolineras. Según El País, estos activos pasarán casi con total seguridad a manos privadas en las próximas semanas.
En Rumania, varios inversores occidentales se disputan el control de Petrotel, la tercera instalación de procesamiento de carburantes más importante del país, también propiedad de Lukoil. Si estas negociaciones no fructifican, probablemente acabará nacionalizada.
Incluso Países Bajos, quinta mayor economía del euro, tiene un problema similar con la refinería de Zeeland, donde la petrolera rusa controla el 45% del capital, compartido con la francesa TotalEnergies (55%).
Alemania e Italia fueron más ágiles en su respuesta tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, forzando a las petroleras y gasistas vinculadas al Kremlin a deshacerse de sus activos en territorio nacional. La filial alemana de Gazprom, que gestionaba grandes depósitos subterráneos de gas, acabó siendo nacionalizada.
LA PRESIÓN RUSA SOBRE SERBIA
A Serbia no le resultará fácil deshacerse de los activos rusos, especialmente porque Moscú no está colaborando con la operación. El Kremlin cuenta con al menos dos importantes elementos de presión sobre Belgrado.
Por un lado, su voto decisivo en la ONU respecto al no reconocimiento de Kosovo como Estado independiente, un asunto de máxima sensibilidad para Serbia. Por otro, el factor económico: Serbia se abastece casi en su totalidad de gas ruso a través del Turkstream, el único conducto que sigue transportando este combustible desde Rusia a Europa occidental, y lo hace a precios notablemente más bajos que los del gas natural licuado (GNL).
Aleksander Milosevic, editor de la revista Nova ekonomija, explica desde Belgrado que Serbia se enfrenta a "una elección entre dos males", siendo difícil determinar "cuál sería peor". Las sanciones estadounidenses "pueden obligar a importar gasolina a precios mucho más altos", mientras que Rusia podría dejar a Serbia "sin un contrato de suministro de gas a largo plazo, obligándolo a pagar mucho más".
Milosevic señala que, aunque Rusia no amenaza abiertamente a Serbia con subir los precios del gas, lo hace de forma indirecta: "Ha rechazado repetidamente extender el contrato de suministro a largo plazo que expira a finales de año. El Kremlin aprovecha así la posición vulnerable de Serbia para presionarla a no nacionalizar NIS".
CRISIS POLÍTICA INTERNA
Las sanciones estadounidenses llegan en un momento particularmente delicado para el gobierno de Vucic, debilitado desde el 1 de noviembre de 2024, cuando el derrumbe de una marquesina en la estación de tren de Novi Sad causó la muerte de 16 personas. Esta tragedia, ocurrida en un edificio recién reformado, fue interpretada como un síntoma de la corrupción generalizada y desencadenó manifestaciones multitudinarias que exigen elecciones anticipadas.
El movimiento estudiantil que organiza estas protestas ha expresado en varias ocasiones su inclinación hacia los valores europeos. Mientras tanto, las autoridades rusas han declarado públicamente su apoyo a Vucic, cuya base electoral en el Partido Progresista Serbio (SNS) no vería con buenos ojos un alejamiento de Rusia.
A pesar de estas tensiones, una ruptura total entre Belgrado y Moscú parece improbable. El Gobierno serbio mantiene su objetivo de integrarse en la Unión Europea, su mayor socio comercial, aunque según Milosevic, "Vucic está alejando al país de los estándares de la UE, especialmente en materia de libertades mediáticas, Estado de derecho y corrupción" y "se ha vuelto cada vez más autoritario".
La política exterior serbia ha estado tradicionalmente basada en la doctrina de los "cuatro pilares": mantener buenas relaciones simultáneamente con la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y China. Sin embargo, este equilibrio resulta cada vez más difícil de sostener en el actual contexto geopolítico, marcado por la guerra en Ucrania y las crecientes tensiones entre Occidente y Rusia.